Narcotráfico
Martes 11 de Octubre de 2016

Gonzalo Caudana, el señor de la cocaína en todo Entre Ríos

La investigación del Juzgado y la Policía Federal desbarató varias bandas de la provincia que conseguían la droga del mismo hombre. Hay 22 detenidos.

Nada lo detuvo: en prisión o libertad, Gonzalo Caudana supo, no solo cómo seguir en el negocio de la cocaína, sino cómo crecer y expandirse en un mercado que conoce como pocos en Entre Ríos. La investigación de la Delegación Paraná de la Policía Federal, coronada el sábado con decenas de allanamientos y 22 detenidos, demostró que Caudana no era solo el jefe de una banda, sino el proveedor de varias organizaciones narco que operaban, principalmente en Paraná y Concordia. Además, hubo varias sorpresas: al menos tres de los implicados tienen condenas recientes por narcotráfico. Durante estos días, el juez federal Leandro Ríos avanzará con las indagatorias y el análisis de las pruebas.

Los investigadores no empezaron a seguir los pasos de Caudana por presumir que seguro el Gordo andaba en algo. Al igual que las últimas causas importantes instruidas por el Juzgado Federal de Paraná, a partir de un dato, un nombre, una pista, siguieron hacia los escalones superiores hasta dar con el proveedor. Y surgieron así otros datos, nombres y pistas en los cuales Caudana tenía clientes, quienes a su vez distribuían cocaína hacia otras bandas o kioscos.

Uno de los allanamientos del sábado fue en la Unidad Penal N° 1 de Paraná, con la presencia del propio juez Ríos y el secretario Juan Chaulet. Se dirigieron a la celda ocupada por Walter Ramírez, el hombre que fue condenado en agosto a ocho años de prisión por el camión con 605 kilos de marihuana secuestrados en calle Urquiza, a metros de avenida Ramírez de Paraná, en febrero de 2015. En el juicio dijo que era un inocente remisero que no tenía nada que ver con la operación narco. Pero en su celular aparecieron mensajes que lo comprometían, además, con la comercialización de precursores químicos para la fabricación de cocaína.

En el ambiente narco, Ramírez se mostraba como un importante intermediario. A Sandra Bernal le conseguía la droga que vendería en Villa Mabel. Esta mujer es sobrina de Claudia Bernal, quien fue condenada por narcotráfico y está presa y procesada por lavado de activos, pero están peleadas desde hace un tiempo. Sandra, alias Chiri,tenía sus lugares de almacenamiento, fraccionamiento y venta, con sus respectivos encargados.

Pero Ramírez no se quedaba ahí, sino que tenía otros clientes importantes, en particular una mujer de Concordia. Oh sorpresa, se trataba de Natalia Bonazzola, una de las cinco personas que a fines de julio fueron juzgadas por vender droga en su kiosco, y la condenaron a cinco años y medio de prisión, pero siguió con arresto domiciliario. En el juicio, Bonazzola declaró como arrepentida y dijo que un policía de Concordia la extorsionaba para que siguiera vendiendo. Si bien se observaron en su celular mensajes de texto elocuentes y aportó datos que se están investigando, la imagen de víctima que construyó ya no le sirve ni para la fiesta de disfraces: en el allanamiento del sábado en su casa le encontraron unos 600.000 pesos ocultos en una pared detrás de un cerámico, y en un chiquero de chanchos tenía ocultos (enterrados) 11 kilos de marihuana.

Otra que está condenada, goza del arresto domiciliario y apareció en esta investigación es Zulma Daniela Castillo. La mujer de 40 años fue condenada a cuatro años y dos meses de prisión por venta de droga, en un juicio abreviado en febrero. Mantuvo el beneficio de cumplir la pena en su casa de calle Florencio Sánchez, del barrio La Floresta de Paraná, pese a que muchos vecinos la vieron salir de la misma e incluso asistir a bailes. Pero, al parecer, eso era lo de menos, ya que volvieron a allanar su casa porque en las escuchas quedó bajo sospecha de seguir en el negocio ilícito.

Acerca de la requisa en la cárcel de Paraná, se supo que el celular que utilizaba Ramírez para intermediar en la compra venta de cocaína no fue hallado, ya que los teléfonos circulan y cada interno le coloca su chip. Pero sí tenía una agenda de papel con varios contactos telefónicos que serán interesantes para analizar.


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Contactos, rutas y codicia


Caudana y Ramírez se conocieron, tal vez, en la Unidad Penal, ya que el primero estuvo condenado por narcotráfico tres veces y el segundo por un homicidio en 2004. La relación siguió, pero se mantenía oculta. Hasta que los investigadores supieron de dónde Ramírez conseguía la droga: de Caudana. Sorpresa, o no tanto, comenzaron al seguir al Gordo y a los demás clientes. En la causa, la banda investigada ya parecía más un rizoma que una estructura piramidal. Pero el centro seguía siendo Caudana.

Lo esperaban por todos lados, pero lo engancharon en la ruta nacional 18, el sábado a primera hora del amanecer. Fin de semana largo, mucho tránsito por el turismo y veda de camiones, un panorama como para camuflarse y llegar a Concordia con los 10 kilos de cocaína de máxima pureza ocultos debajo de los paneles del VW Up!. No llegó ni a Villaguay. En el procedimiento vio a los policías federales que lo interceptaron y supo que perdió. No dijo nada ni opuso resistencia. Habrá tenido la esperanza de que, como un mes antes en el puesto caminero del cruce de la ruta 18 y 6, no le encontraran nada. Pero le desarmaron el auto y descubrieron la carga.

Caudana, ducho en el negocio y en los quehaceres de las fuerzas de seguridad, rompió con el molde de traer la droga del norte del país. Desde hace un tiempo cortó con su intermediario e iba a buscarla directamente a Buenos Aires. Esto le aumentaba los riesgos, pero simétricamente las ganancias. Se calcula que a cada kilo de cocaína le sacaría el 30% o el 40% de ganancia.

¿Qué hacía Caudana llevando la droga, con lo barato que salen las mulas? A la codicia la acompaña la desconfianza; no podía dejar en manos ajenas un cargamento millonario.


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De novela


El último capítulo de esta historia tiene tintes de novela venezolana: tanto por el nombre de la acompañante de Caudana en el viaje narco, Rosalía Alejandra Sánchez, como por los conflictos de pareja que se le vienen al Gordo. Una de las cosas que llamaron la atención en esta investigación es la ausencia de Laura Spoturno, la esposa de Caudana, quien cumple su tercera condena por narcotráfico. Siempre que caía uno, al negocio lo seguía otro.

El sábado, Rosalía Sánchez fue detenida y pidió por favor que no la lleven a la Unidad Penal N° 6 de mujeres. Dijo que estaba embarazada y necesitaba un lugar adecuado de alojamiento. La llevaron al hospital San Roque y el test dio negativo. Al parecer, la muchacha teme cruzarse en la cárcel con la esposa de su novio. Hasta anoche esto no había ocurrido: primero, porque el fin de semana Spoturno tiene salidas socio laborales. Segundo, porque Sánchez está "calaboceada", como dicen en la jerga carcelaria, junto a otras que cayeron el sábado.

Pero a Laura no se le piantó ni una sola lágrima: cuentan que el domingo a la noche la vieron ingresar al pabellón con la frente en alto y una mueca risueña, casi una expresión de venganza, como dicen, el placer de los dioses. Se sabe que hace un tiempo las cosas con Caudana venían de mal en peor. Algunos imaginan que ella "lo entregó", aunque esto no surge de la investigación. Solo se puede sostener, por ahora, que hasta acá llegó su amor.

Por lo demás, se supo que los allanamientos fueron 30: 25 en distintos barrios de Paraná, tres en Concordia, uno en Federal y uno en Santo Tomé, en la casa de Rosalía, donde hallaron una pistola y una gorra de la Policía santafesina. Los 22 detenidos son incluso más de los que pensaban encontrar, y no hay ninguno prófugo. En la puerta de la Policía Federal, sobre Alameda de la Federación, quedaron los autos secuestrados: un Citroën C4, un Renault Clio, un Honda Civic, una camioneta VW Amarok, y el VW Up! a nombre del hijo de Caudana. Ahora, se espera conocer las imputaciones que hará el juez Ríos, y las estrategias defensivas de cada implicado.


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