Peronismo
Martes 15 de Noviembre de 2016

En el peronismo se vislumbra un proceso de unidad hacia 2017

Peronismo. La pelota está en el área y Bordet juega de nueve. La adversidad política permitiría un proceso de unidad impensado hasta ahora. Se juega , más que un diputado, la segunda mitad de su gestión

Jorge Busti tiró varios centros al punto del penal durante las últimas semanas. Para conectar de cabeza espera el único que puede saltar en el área liberado de marca, Gustavo Bordet. Aunque algunos disparos se fueron altos y terminaron saliendo al lateral para los adversarios, el viernes parece que el nueve de área del PJ entrerriano impactó el disparo. La pelota está en el aire, viaja con efecto, no se sabe si tiene destino de red, ... pero la jugada le pone pimienta al partido.

Suele decirse que alguien le tira un centro a otro cuando le facilita las cosas, cuando da señales claras de algo. Hace un par de semanas el exgobernador habló de los planes de su sector, enrolado a nivel nacional con el massismo, y dijo que no iba a ser funcional al macrismo que pretende fragmentar al peronismo entrerriano. Horas antes el intendente de Concepción del Uruguay, José Lauritto, se había manifestado a favor de su regreso al Partido Justicialista. Busti agradeció la gentileza del Pato uruguayense, que le dio pie para plantear el tema.

Sin embargo, el regreso a la estructura del PJ no parece ser el tema que desvela a Jorge Busti; como no lo desveló desde su salida en 2007; sino la suerte del peronismo, que se sabe, es más grande que el PJ.

Busti entiende, y lo ha dicho sin muchas vueltas, que la suerte del gobierno de Bordet está atada en buena medida a lo que suceda en las elecciones legislativas del año que viene. Sabe de sobra que el mapa político nacional no se va a alterar porque el PJ tenga tres diputados y Cambiemos dos; o viceversa; o incluso si el massismo logra una banca y termina forzando un empate entre los otros dos sectores.

Lo que sabe es que al peronismo derrotado le costará sostener cierta posición de fuerza, y que el que más lo va a sufrir es el gobernador. Si actualmente muchas decisiones que tienen que ver con el manejo de recursos públicos en las provincia se toman en el Ministerio del Interior y para muchos la audiencia más esperada es con Rogelio Frigerio, es de esperar que la situación se profundice con un peronismo derrotado. Más allá incluso de si el candidato a gobernador de Cambiemos termina siendo Rogelio Frigerio, o es otro dirigente del PRO. El envión anímico de una victoria macrista sería difícil de revertir en 2019; pero además afectará la gobernabilidad hasta ese momento. En pocas palabras, Busti intuye que sin 2017 no habrá 2019 para el peronismo y que el pedido de las bases es la unidad la unidad de lo posible.

Ayer el exgobernador se expresó en varios medios de comunicación analizando el resultado del encuentro con Bordet del viernes pasado. No avanzó demasiado en las ideas que le propuso al gobernador para sortear la situación financiera provincial; pero si analizó lo político. Sirve recordar que Busti viene de elogiar algunas decisiones administrativas de Bordet, como por ejemplo la de no retardar la colocación de un bono en dólares para conseguir financiamiento externo, por lo elevado de las tasas actuales.

El gesto del bustimassismo desde su posición política, fue retrasar la definición de candidaturas hasta marzo; con ello el PJ, con Bordet como presidente, tiene margen hasta febrero para generar señales de acercamiento primero, y plantear las condiciones después.

No hay hoy en el oficialismo voces renuentes a esta posibilidad. Primero, porque políticamente resulta necesario acumular fuerzas frente al avance de Cambiemos que, con Frigerio a la cabeza, busca seducir también a sectores del peronismo a los que caracterizan como "descontentos", ya sea con la situación del PJ o por estar lejos del calor del oficialismo.
Segundo, porque la posibilidad de fragmentación -sea considerada o no una estrategia del macrismo- terminará siendo funcional al macrismo.

Y también, en tercer lugar, o tal vez para algunos sea lo primero, porque sigue habiendo una silla vacía en la mesa familiar el peronismo entrerriano y nadie puede ocuparla, sino Busti.

Más allá de la encarnizada pelea que tuvieron Busti y Sergio Urribarri desde marzo de 2008 hasta la asunción de Bordet; y más allá de las diferentes evaluaciones que sobre esa situación puedan hacerse, no existe casi ningún peronista que no opine que el exmandatario es digno de un reconocimiento que resulta difícil de manifestar mientras esté en otro partido.

Seguramente Busti no volverá al PJ para la elección legislativa, pero es probable que participe de la interna de un frente conformado para esa oportunidad; o que sin internas participe del armado de la propuesta. Las condiciones que reclama son, seguramente, las mismas que le reclamarán a él: respeto por las diferencias. Ese frente podría incluir al peronismo que se identifica con el kirchnerismo, al peronismo no kirchnerista dentro del PJ, y al peronismo massista. Bordet aparece mejor posicionado que nadie para permitir esa síntesis, y de lograrlo parece depender buena parte de su suerte política para la segunda mitad del mandato.

La conducción del massismo habilitó para que en cada distrito se llegue al acuerdo que parezca más conveniente, lo que también contribuye a darle fluidez al proceso.

Los gestos están. Los de Busti más visibles, más mediatizados; pero también hay dirigentes del urribarrismo que han hecho importantes aportes para calmar las aguas y acercar posiciones.

Bordet es quien debe articular las diferentes variantes y, también, es el más interesado en el resultado.

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