Adriana Pacheco/De la Redacción de UNO
Cuchas solidarias: Otra forma de proteger
Ahí nomás, haciendo una curvita desde calle Casiano Calderón vive Silvia Graciela Berón, una vecina común, salvo por su original emprendimiento solidario: fabrica cuchas para perros y gatos que las necesiten, en forma gratuita, con elementos reutilizados y maderas de descarte.
“Trabajé muchos años en una mueblería céntrica, hasta febrero, que me despidieron, a punto de cumplir 60 años. No sabía qué hacer, me enfermé, tuve depresión. Al proyecto de las cuchas lo tengo desde hace dos años aproximadamente. Y empecé a hacerlas por consejo de la psicóloga, como para distraerme. Si bien no estudié carpintería, siempre me gustó hacer manualidades con fibrofácil. Me encanta trabajar con maderas, voy creando, armando, no uso medidas”, comenta.
A pesar de sus problemas económicos y de salud a causa del despido, Silvia, o Lela, como la llaman los amigos, pensó primero en ayudar las mascotas necesitadas. En su familia hay varios proteccionistas, y ella fabrica y regala las cuchas donde las necesiten: incluso en una escuela de San Agustín hay una casita para el perro del establecimiento. Otras fueron para animalitos que, por falta de dinero, sus dueños no le podían adquirir una.
“Le di una para Blaqui, el negrito de la calle que está en adopción pero no ha tenido suerte, otra cucha le hice al gato Domingo, que adoptó una amiga pese a padecer cáncer, otra casita me pidieron para mandar al campo, en fin tengo muchos pedidos. Me gustaría sumar gente al proyecto, para poder cumplir con todos. Si bien esta casa es de mi hijo, que es militar, y el patio es chico, hay ganas de ayudar y amor por los animales desamparados.”
Experta en redes sociales
Lela es usuaria de Facebook, y participa en el grupo virtual Grupo Mascotero, donde conoció gente que la ayuda con el proyecto.
“Al principio no sabía cómo empezar a juntar los materiales, pedí por face pallets para desarmar, sobrantes de machimbre, clavos, pegamento, restos de pinturas y barniz. Por suerte reuní un montón de pallets, de los que sostienen ladrillos, pero por mis problemas de salud me cuesta mucho desarmarlos, necesitamos gente joven con fuerza para esta tarea. La mayoría de las herramientas son de mi hijo: el martillo, la sierra caladora -que se rompió y tuve que comprar otra- y otras herramientas, como tenaza, barreta y demás, me las regaló. Y la gente me trae donaciones de pegamento, pintura y clavos”, comenta.
A juzgar por el trabajo que esta vecina realiza, las cuchas, con terminaciones impecables, se podrían vender prefectamente en cualquier comercio de la ciudad.
Con ilusión, Lela comenta sus planes para el futuro y la posibilidad de continuar con esta tarea: “Tengo un terrenito por Capibá donde me estoy haciendo una casita. Allá tendré más espacio para hacer cosas por los animales que lo necesiten y por supuesto me encantaría sumar más gente que ayude. Acá en la casa de mi hijo, el patio es chiquito, si llueve se me moja todo. Aún así me encanta esto y lo hago con mucho amor, me encanta” concluyó.














