La iglesia católica celebra cada 27 de abril, fiesta litúrgica de santo Toribio de Mogrovejo, Patrono del Episcopado Latinoamericano, es el Día del Obispo. Ocasión especial para orar por la santidad de los pastores de las diócesis entrerrianas: monseñor Juan Alberto Puiggari, obispo de la Arquidiócesis de Paraná); Héctor Zordán, obispo de la Diócesis de Gualeguaychú y Luis Collazuol, de la Diócesis de Concordia.
Paraná: la iglesia saludó al obispo en su día
Arzobispado de Paraná
Plenaria. El obispo Puiggari se encuentra participando de la 122º Asamblea de la Conferencia Episcopal Argentina.
Arzobispado de Paraná
Obispos. Son 97 los representantes de las diócesis argentinas reunidos en Buenos Aires hasta el próximo viernes.
A propósito de la fecha, desde el Arzobispado de Paraná compartieron una oración para pedir por el obispo: "Dios, pastor eterno, que cuidas a tu iglesia de muchas formas y nos gobiernas con amor: Has elegido a tu siervo Juan Alberto Puiggari, para que sea pastor de tu rebaño. Dale un espíritu de valor y juicio recto, un espíritu de conocimiento y amor. Que gobierne con fidelidad a los que están a su cargo, que construya tu iglesia somo signo de salvación para el mundo. Ámén
La historia del santo
Toribio Alfonso de Mogrovejo nació en España hacia el 1538. Estudió derecho y fue profesor en la Universidad de Salamanca. Siendo laico, el rey Felipe II lo nombró principal juez de la Inquisición en Granada.
Por sus cualidades humanas y su virtud, el rey lo propuso al Papa Gregorio XIII como Arzobispo de Lima, que en ese entonces comprendía gran parte de Sudamérica Hispana. Aunque, humildemente, Santo Toribio rechazó dicha oferta, con dispensa papal recibió las órdenes menores y mayores, siendo consagrado Obispo en 1580.
Durante su vida pastoral, se embarcó para América y al llegar al Perú de inmediato se preocupó por restaurar la disciplina eclesiástica y se enfrentó abiertamente a los conquistadores, personas de poder y sacerdotes que habían cometido o permitido abusos contra los nativos.
Su solidaridad hacia los más desprotegidos hizo que fuera perseguido por el poder civil y que lo calumniaran, pero él siguió en su defensa por los pobres, argumentando que a quien siempre se debía tener contento es a Cristo y no al Virrey.
Exhortó a construir iglesias, conventos, hospitales y abrió el primer seminario en América Latina. Estudió las lenguas y dialectos locales para poder estar más cerca de sus fieles y comunicarse con ellos, lo que favoreció en el incremento de las conversiones.
Con el fin de llevar el Evangelio a todos los rincones del continente, viajó por lejanas ciudades y lugares, caminando o montado a caballo, muchas veces solo y exponiéndose a las enfermedades y peligros. Cierto día se le acercó un mendigo y como no tenía qué darle, le entregó sus camisas.
Además, Convocó tres concilios o sínodos provinciales y se ordenó imprimir el catecismo en quechua y aymara. Además celebró trece sínodos diocesanos que ayudaron al cumplimiento de las normas del Concilio de Trento y a la independencia de la Iglesia del poder civil.
A sus 68 años, Santo Toribio cayó enfermo y partió a la Casa del Padre el Jueves Santo del 23 de marzo de 1606. En su testamento dejó a sus empleados sus efectos personales y a los pobres, el resto de sus propiedades. San Juan Pablo II lo declaró Patrono del Episcopado Latinoamericano y su fiesta litúrgica se celebra el 27 de abril.
Asamblea plenaria
Los obispos entrerrianos se encuentran participando de la 122º Asamblea Plenaria convocada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA). En una de las reuniones de esta semana se leyó un mensaje con motivo de los 40 años de la recuperación de la democracia.
Los obispos ven “con dolor”, las posibilidades desaprovechadas, que durante estas cuatro décadas teníamos de construir “una Argentina pujante y feliz” y enumeraron los padecimientos de “un pueblo que sufre” por “el agobio del desencanto”, “las promesas incumplidas”, “los sueños rotos”, “la falta de horizonte para nuestros hijos”, y exponen con angustia como “cada vez es más difícil poner el pan en la mesa, cuidar la salud, el miedo, la violencia y la agresión generalizada”, que son muestra de “la pérdida de los valores que sostenía la vida familiar y social” de la Argentina y si bien no pretenden ser “expertos en diagnósticos”, afirman que “recogen el lamento y las lágrimas de la gente que nos encontramos en nuestros pueblos”.
Sin embargo los obispos argentinos advierten que “la bronca y el cansancio no son buenos consejeros”, de ahí la invitación que hacen a “seguir confiando en el camino democrático con la esperanza de que estamos a tiempo. Siempre es posible renacer si lo hacemos entre todos. Siempre hay camino si somos capaces de conversar y de ponernos la patria al hombro. Este es un deseo que no sabe de grietas o partidos, es de un pueblo”, afirman.
Por eso pedimos, rogamos a quienes poseen mayores responsabilidades que tengan la grandeza de pensar en el sufrimiento de muchos, más que en los intereses mezquinos”, escriben los prelados en su mensaje y subrayan que “la gente ansía caminar hacia un proyecto estratégico de desarrollo, que abra un horizonte de esperanza, dignidad, paz social, trabajo y prosperidad, privilegiando a los tirados al borde del camino”.
Los obispos concluyen invocando al Señor para que bendiga a nuestra Patria y a la maternal protección de la Virgen de Luján para “que no nos suelte de la mano”.




















