Villa 351
Jueves 15 de Febrero de 2018

La histórica lucha de los grupos violentos que golpea a la Villa 351

Balaceras, una casa incendiada, dos heridos, operativo policial, hostilidad por donde se la mire, es el presente del asentamiento en Paraná. La guerra entre tres familias ¿hasta cuándo será?. Quién debe intervenir.

Todas las semanas hay peleas, balaceras, enfrentamientos y una guerra histórica entre tres familias de la Villa 351. Siempre pasa lo mismo: pedradas, incendios de casas, uso de armas de fuego y la llegada de la Policía en un clásico de la violencia que este jueves tuvo un nuevo capítulo y un fin inconcluso.

El enfrentamiento no tiene límites, y siempre son los mismos participantes con sus núcleos familiares: Los Mendoza y los Argarañaz que no se dan tregua, y pese a que tibiamente la Justicia dispuso la salida obligada de algunos integrantes de la Villa o directamente la detención de otros, el problema de fondo no se lo soluciona.

Los dos grupos no se pueden ni ver, y cuando salta la violencia no tienen término medio. Se balean, se agreden, se quieren matar. Hoy en la tarde en el nuevo enfrentamiento hubo dos heridos no graves, pero cerca se estuvo que alguien quedara asesinado por las balas perdidas o la posterior reacción con una casa incendiada.

Llega la Policía y trata de imponer el orden, pero también la promesa de que una vez que se retiren los grupos especiales, la venganza se hará sentir. ¿Hasta cuándo?

El enfrentamiento armado se extendió por más de tres horas, pero al lugar del hecho no bajó ninguna autoridad judicial, al menos para conocer que en ese sector de Paraná no hay servicios esenciales del Estado y en ese caos, la violencia irrumpe con la sola intención: ser el dueño del barrio.

Es obvio que el interés de los violentos es mantener los negocios vinculados con el delito, desde el que usted cree, hasta el más insólito, como el control de los caballos de los cirujas; sin olvidar los temas profundos vinculados con el mundo narco y hasta la trata de personas.

En medio de ese pandemonio viven muchas familias pobres, honestas, trabajadoras que no quieren ser parte del negocio de la violencia. Toda esta gente está cansada, y lo único que reclama es que la Villa 351 sea lo que alguna vez, un lugar tranquilo, alejado del centro.

Finalmente uno se pregunta al llegar a ese lugar donde la gente vive en condiciones infrahumanas. En precarias casas, sin calles, sin servicios, sin un Estado presente y con la disputa interna: de ser parte del mundo de la violencia o quedar afuera a merced de esta guerra.


Esto ocurría en el lugar de los hechos
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