Mientras velaban los restos de Gastón Medrano, el pibe de 15 años asesinado el sábado en el barrio Anacleto Medina de Paraná, la violencia no se tomó descanso: el domingo por la noche hubo tiroteos, la casa del detenido por el crimen, Mario Páez, fue demolida por familiares de la víctima, dos de los cuales fueron detenidos por la Policía. Luego una manifestación de medio centenar de personas reclamó que los liberen frente a la comisaría novena, quemaron cubiertas y se enfrentaron con los policías, que con refuerzos despejaron la zona a balazos de goma. La Policía informó que pretendían tomar la comisaría para lograr su objetivo. Los manifestantes sostienen que solo iban a quejarse por las detenciones. Ayer por la mañana, la paz había regresado al barrio, aunque los vecinos dudan que perdure.
Después de la violencia, solo queda el dolor de una familia
Un hombre que limpiaba los restos de caucho quemado sobre la calle y la vereda de su casa frente a la dependencia policial, aseguró que la zona es tranquila, aunque a media cuadra, donde termina el asfalto, comienza el peligro y se escuchan los tiros a diario. “Esto recién empieza”, dijo el vecino, nacido y criado en el barrio.
Nadie supo explicar bien el origen del conflicto entre las familias involucradas, que viven a unos 100 metros de distancia. Lo cierto es que desde hace un tiempo las diferencias son cada vez mayores y se dirimen de la peor manera.
“Decíamos que esto no iba a terminar hasta que maten a uno, y a las cinco y media pasó esto. Uno tomado, otro tomado, se acuerdan y…”, sintetizó un primo de Medrano, y agregó: “A cualquier horario están a los tiros continuamente”. Por eso, el muchacho propuso: “Tiene que haber alguien que hable con los vecinos y diga: ‘vamos a terminar con esta ola de tiros’. Hay gente que trabaja, hay criaturas, si hay que sacar a las dos familias, sacarlas, pero hacer las cosas bien. Le pidieron a la Justicia que haga algo con esa familia para no llegar a lo que se llegó. No les dieron bola”.
“Lo mataron como a un perro”
Minutos después de inhumar los restos del chico asesinado, su abuela Sixta contó a UNO los dramáticos minutos del sábado por la tarde: “Él iba con el otro hermanito, que tiene 13 años. Cuando iba pasando que le gritaron ‘¡Pachulo!’. Él miró, se dio vuelta y le tiraron. Cayó ahí. El hermanito lo trajo hasta acá a la rastra. Salieron otros chicos para agarrarlo. Me gritaron que se había caído Pachulo, que le pegaron un tiro. Yo vine y estaba en las últimas. Llamaron a la ambulancia y nunca vinieron. A la Policía la fueron a buscar si no, no venían. Cuando llegó tampoco querían llevarlo, y los chicos se pusieron bravos y agarraron a patadas la camioneta, si no, no lo llevaban (al hospital). Llegó y lo pusieron en el quirófano enseguida, pero quedó en la operación”.
Una de las tías de Gastón dijo: “Me lo mataron como a un perro. Le tiraron con una carabina, le rompieron todo. Pero así las va a pagar él, tarde o temprano le va a tocar a un hijo. Él no tenía armas, lo único que tenía era una gomera. Yo lo voy a extrañar un montón, a donde iba me acompañaba a hacer los mandados”.
Otra de las tías de la víctima dijo que mientras lo velaban en la casa de calle Galán, el domingo por la tarde, familiares de Páez pasaron por el frente y gatillaron. “No alcanzaron a tirar porque no le salieron los tiros”, contó. Por la noche recibieron disparos que venían del fondo de la casa, donde viven los contrincantes. Un grupo fue a tomar represalias: quemaron la casa de Páez y tiraron abajo algunas paredes. Llegó la Policía y se llevaron detenidos, por orden judicial, a dos hombres que tenían dos armas de fuego.
Esto enfureció aún más a los familiares de Medrano. Unas 50 personas caminaron dos cuadras y se manifestaron frente a la comisaría novena, sobre calle Facundo. Tras quemar cubiertas gritaban que liberaran a los detenidos.
Dos versiones, muchos heridos
Desde la Policía se informó que hubo un intento de copamiento de la comisaría y que los manifestantes tiraban piedrazos, cubiertas quemadas y bombas incendiarias contra la dependencia, los móviles y los uniformados. Por esto, con el apoyo de divisiones de la fuerza, dispersaron a la gente que protestaba, utilizando también las Itakas con balas de goma.
Allegados a los familiares de las víctimas dijeron que no pretendían tomar la comisaría, sino a protestar por las detenciones, y que la represión policial complicó la situación.
Hubo varios heridos por balas de goma, entre hombres y mujeres que estaban en el lugar. También hubo vecinos que no participaron de la manifestación y fueron alcanzados por los balazos. Uno de ellos, que tiene varias lesiones por los impactos de los perdigones de goma en el cuerpo y vive frente a la comisaría, contó que había salido para correr una cubierta que se estaba quemando cerca de su auto, cuando recibió los balazos.
Cartasián: acusado libre
Hace dos semanas tuvo lugar otro crimen en el barrio Anacleto Medina, a plena luz del día. El domingo 1º de junio Marcelo Cartasián, de 20 años, fue asesinado de un balazo frente a su familia. Dos menores de edad fueron detenidos como los acusados del hecho, pero ambos se evadieron del Centro de Diagnóstico de calle Diamante, de Paraná, y la Justicia libró la orden de recaptura. Sin embargo, según dijeron a UNO ayer familiares de Cartasián, ambos siguen en la calle y temen ser víctimas de nuevos hechos de violencia.













