Santa Fe.- La moda de las banditas conocidas como loom bands ha generado conmoción luego de que se diera a conocer el caso de una niña que sufrió una importante intoxicación, que un médico atribuyó por haber entrado en contacto con este juego.
Polémica: ¿son o no peligrosas las loom bands en los niños?
El producto consiste en un telar similar a los que se usan para tejer, donde se colocan las banditas y con un gancho se van conectando. Una vez finalizado el modelo, se coloca un clip para que quede firme.
Las loom bands o banditas se popularizaron en los últimos meses, destronando a los tradicionales juegos de video, por su versatilidad es usada tanto por chicas como chicos que se dedican a armar pulseras, anillos y collares de diferente tamaños y colores para luego intercambiarlos.
La historia detrás de las loom bands también llama la atención. En 2011, Cheong Choon Ng (45), un ingeniero malayo que vive en Michigan con su familia hace más de 20 años, vio cómo sus hijas armaban pulseras con unas gomitas elásticas. Al intentarlo él, sus manos resultaron muy grandes para sostenerlas, por lo que se le ocurrió armar un pequeño telar de plástico (loom, en inglés) donde pudiera sostenerlas mientras les daba forma. Vio un negocio ahí, por lo que mandó a hacer telares a China y empezó a vender los packs con las gomitas y las agujas sin imaginar que en menos de dos años le reportaría ganancias millonarias.
A no alarmarse
Carlos Damin, jefe de la cátedra de Toxicología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y jefe de la División de Toxicología del Hospital Fernández, dialogó con Diario UNO sobre este tema y aseguró que no hay que alarmarse ante el caso que se dio a conocer en las últimas horas y que tuvo como protagonista a una menor de 8 años oriunda de Salta
Explicó que uno de los componentes que tienen estas banditas es el ácido lisoftálico (que pertenece al grupo de los talatos). Este ácido es una sustancia tóxica que se utiliza en la industria plástica, sin embargo no resulta peligrosa salvo que se ingiera y en una exposición permanente. El especialista recordó que hasta hace 10 años este material se empleaba en la fabricación de chupetes, mamaderas y gorrillos. Pero en 2000 se emitió una resolución que prohibió el uso de los talatos en los productos de niños menores de 3 años destinados a ser llevados a la boca, ya que es una sustancia que se emplea en todos los plásticos con consistencia gomosa.
“El que las gomitas tengan alguna de las variedades de los talatos o ácidos estálico o lisoftálico como es en este caso, digamos que no es una novedad”, aseguró Damin y destacó que el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) realizó una serie de pruebas y comprobó que los productos de marcas y autorizadas no poseen ácido lisoftálico, sin embargo podría ser que los juguetes que ingresen por contrabando pudieran contenerla. “De todas maneras no es una intoxicación aguda la que puede llegar a provocar”, agregó el médico.
En relación al caso testigo de la nena de 8 años el especialista consideró la posibilidad de que se haya producido una reacción alérgica a otro componente, descartando que haya sido consecuencia del contacto con las bandas.
Punto seguido recomendó adquirir estos juguetes en lugares seguros y que cuenten con la autorización del Estado argentino.
“Definitivamente no es para alarmarse, simplemente lo que hay que hacer es no comprar algunas que pudieran venir de contrabando y que pudieran tener alguna sustancia no aprobada. Las que se compran en lugares seguros, no son tóxicas”, finalizó el especialista.
Moda local
“Es el producto que más de moda está en el mundo. Es algo que viene desde hace tiempo. Y ahora en verano, las pulseritas son un artículo de colores ideal”. En ese sentido la comerciante aseguró que el ingenio vale para todas las formas que se puedan imaginar. “Los chicos se las ingenian para jugar con este producto, ya que pueden emplear el telar que muchas viene junto con las banditas, con los propios dedos e incluso con tenedores”, explicó un empresario de juguetes en Santa Fe.
El mercado ofrece diferentes presentaciones y precios, pueden encontrarse las banditas que incluyen el telar (que es usado para armar las pulsera), agujas y ganchitos. Los precios de estos productos arrancan en los 160 pesos hasta los 500 pesos. En el caso de tener que adquirir el repuesto, estos pueden encontrarse entre los 10 pesos a 20 pesos.
Sin embargo y al momento de brindar un consejo a los padres en caso de que estén pensando en obsequiar este juguete, se advirtió que se trata de piezas chicas y para chicos mayores de 3 años.
En relación a las normas de seguridad que tienen que tener en cuenta los adultos, agregó que este tipo de juegos no se recomendable para chicos menores de 3 años por contener piezas pequeñas y pueden ser ingeridas. Es por esto que recomendó utilizarlas bajo la supervisión de un adulto
Padres en alerta
En tanto en Buenos Aires, frente a la noticia de la nena de 8 años que debió ser hospitalizada por utilizar las clásicas banditas multicolores, que contienen un químico dañino para la salud se conocieron algunas claves para rodearse de juguetes seguros.
Clarisa es mamá primeriza de Lautaro, hoy de 4 años. Y si hay algo que comprendió en este corto camino de la crianza del chiquitín es que Lauti se la pasó todos estos años chupando y mordiendo prácticamente todos sus juguetes favoritos. Esta conducta motivó a Clarisa a leer -casi obsesivamente, lo reconoce- literatura especializada sobre los materiales con los que se fabrican “esos” juguetes que su hijo “probaba” todo el día. Y aquí empezaron las sorpresas.
El hito más reciente que puso en alerta a muchos padres del mundo, igual que a Clarisa, fue a finales de la década del 90, cuando estalló la polémica alrededor del bisfenol A (BPA) una sustancia que se utiliza para fabricar un plástico duro -conocido como policarbonato y resinas epoxi- y con el que se fabricaban las mamaderas modernas.
Flavia Vidal, jefa de Toxicología del Hospital Italiano, explicó a Infobae que la sustancia en la mira a partir del caso de las pulseritas de goma es un derivado del ácido ftálico. Se trata de los ftalatos, presentes en algunos juguetes y artículos de puericultura (mordedores y juguetitos de los más chiquitos).
Las resoluciones incluyen la prohibición y el alerta sobre los derivados del ftalato. También en la Comisión Europea, que regula producción y comercialización de productos, los ftalatos están totalmente prohibidos para la fabricación de juguetes.
Sin embargo, el Instituto Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) aún no incluye a los ftalatos en el listado de sustancias cancerígenas. Tal vez este dato resulte central para entender porqué aún la sustancia sigue circulando y se presta a confusión en la opinión pública sobre su toxicidad.
Define la toxicóloga Vidal: “Lo que se sabe sobre el ftalato es que al mantener contacto con la sustancia provoca irritación en la base de la nariz y alrededor de la boca. Lo más importante del ftalato es que actúa como una especie de disrruptor endócrino. Es decir actúa como un estrógeno, como una hormona sexual pudiendo traer complicaciones a las embarazadas y a los chiquitos menores de 3 años”.
Los ftalatos se utilizan también en la fabricación de esmaltes de uñas, adhesivos, masillas y pigmentos de pintura, entre otros elementos.
Industria nacional
Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), ante esto, explicó: “En la Argentina partimos de una premisa que nos posiciona mejor que muchos otros países del mundo. ¿Por qué? Porque la mayoría de los fabricantes-dueños de juguetes en la Argentina forman parte de la CAIJ y todos los asociados contamos con un laboratorio propio que fiscaliza los criterios, componentes y normas de fabricación según los estándares nacionales e internacionales. Por eso creo que los juguetes argentinos son uno de los más seguros del mundo”.
El titular de la CAIJ explica que “desde setiembre del año 1999 rige en el país la Resolución Nº 851/98 reemplazada en 2006 por la Resolución Nº 163/2005, mediante la cual se dispone que todos los juguetes que se comercializan en el país, ya sea de origen nacional o importados deben certificar el cumplimiento de normas de seguridad”.
“En muchas partes del mundo, son los propios fabricantes los que se tienen que hacer responsables de ese control, pero no de manera asociada. Y de la misma manera, cuando se importa: el 80% de los productos que entran al país son controlados por el laboratorio de alta tecnología de la CAIJ. Allí emitimos para cada juguete un certificado que luego es homologado según las normas IRAM o por el INTI”, agregó el empresario nacional. Pese a esto, se recomendó a los padres consultar previo a las compras.













