Por Justina Britos/De la Redacción de UNO
Paraná, una ciudad de héroes en Malvinas
La Fuerza Aérea Argentina fue altamente reconocida a nivel mundial por su participación en el conflicto de las Islas Malvinas. Sus pilotos sin dudas se ganaron el reconocimiento, tanto de países aliados como de sus enemigos, por sus habilidades y destrezas en el cumplimiento de su deber. La guerra comenzó el dos de abril de 1982 y finalizó el 14 de junio del mismo año. En los 74 días que duró, fallecieron 649 argentinos, mientras que 1188 resultaron heridos. En el conflicto, la participación de la II Brigada de Paraná se destacó.
Si uno busca en el diccionario, la definición de la palabra “héroe” se encuentra con lo siguiente: “Persona que se distingue por haber realizado una hazaña extraordinaria, especialmente si requiere mucho valor”. La II Brigada Aérea de Paraná, a pesar de la falta de experiencia en conflictos bélicos y de los escasos recursos con que se contaba, se convirtió en héroe en aquella guerra de Malvinas, gracias al valor y habilidades increíbles de su personal.
Uno de los grupos que intervinieron de esta unidad, fue el grupo "2 de Bombardeo", el cual era el escuadrón constituido por aviones Canberra MK62, que por sus misiones nocturnas fueron llamados “Los Murciélagos” y fueron la temida pesadilla para los buques y tropas de desembarco inglesas, por la precisión y puntería de los bombarderos argentinos, lanzando bombas en incursiones nocturnas desde el 1° de mayo hasta el 13 de junio en la batalla aeronaval.
Este sistema de vuelo que operó desde la Base Aérea Militar Trelew, cumplió 47 misiones de combate y varias misiones de reconocimiento aéreo lejano, lanzando 113.000 libras de bombas MK 17 que ocasionaron serios problemas y bajas al enemigo en sus ataques diurnos y nocturnos a blancos terrestres sobre Malvinas.
Otro de los grupos fue el Escuadrón Fénix era el integrado por los aviones Lear Jet 35A, los cuales se los llamó “los obreros distrayentes”. Estos no eran aviones de caza, sino más bien de transporte. ¿Y qué hacían en la guerra? Una de sus misiones era realizar acciones de engaño, simulando ser aviones de combate, tomando la altura y la proximidad necesaria para ser detectados por los radares navales enemigos y así atraer sobre ellos los mortales misiles británicos.
En muchas oportunidades estuvieron “a tiro” de ellos y -gracias a su mayor velocidad-lograban escapar, salvo en una oportunidad. Sí, sin dudas, era una tarea muy peligrosa la que realizaban estas aeronaves. Mientras ellos distraían al enemigo, los aviones de caza aparecían por detrás y podían realizar ataques, gracias a esas acciones de engaño y al control táctico que hacían los valientes pilotos de este escuadrón.
Este grupo cumplió 153 misiones efectuando tareas de reconocimiento, simulación de aviones de combate, diversión (desgaste de sistemas defensivos enemigos) y navegación al blanco. Además efectuó más de 180 misiones de exploración y reconocimiento en zona del continente.
Técnica casera que salvó muchas vidas: Chaff paranaenses.
Los Chaff son una contra medida de radar con las que las aeronaves y otros dispositivos propagan una nube de pequeñas y delgadas piezas de aluminio, fibra de vidrio metalizada o plástico metalizado que se utilizan para perturbar y apartar los misiles guiados por radar, enviados por el enemigo.
Antes de la guerra, los Canberras no estaban equipados con señuelos y chaff, como la mayoría de aeronaves del mundo; por lo tanto tuvieron que acudir al ingenio para resolverlo como el hecho de utilizar una máquina de hacer tallarines. El jefe de tripulantes de los bombarderos tomó la iniciativa, ya que tenía los conocimientos necesarios para calcular las dimensiones y con la participación de la Jefatura de Inteligencia que proporcionó la frecuencia de emisión de los radiales que utilizaban los enemigos, pudieron determinar la longitud que tenían que tener las laminillas mecánicas.
El dueño de la fábrica de pastas Via Napoli de Paraná, fue sorprendido un día por personal de la II Brigada, que con un rollo papel aluminio en sus manos, llegaron al local pidiendo una máquina de hacer tallarines, para hacer una prueba.
Mientras tanto se trabajaba en el diseño de los lanzadores y en la preparación de bengalas aptas para los misiles guiados por rayos infrarrojos. Para los lanzadores se utilizaron los cartuchos de arranque de los aviones que se ubicaban en la cola de los mismos.
Chaff y bengala se eyectaban los dos juntos. Los Canberras atacaban noche tras noche y se transformaban en indetenibles, cuando el cielo se iluminaba con las bengalas. Este sistema de contramedidas electrónicas probó su efectividad.
¿Sabías que los únicos dos Canberras derribados en combate fueron los que no pudieron lanzar los chaff fabricados por la tallalinera y las bengalas caseras?
Derribo del Canberra
El 1° de mayo fue un día muy importante para la Fuerza Aérea Argentina (FAA) debido a que fue su Bautismo de Fuego, por ser la primera vez en la historia que entra en combate. No obstante, también fue un día muy oscuro y triste, principalmente para Paraná.
Una misión fue encomendada a los pilotos de Canberra: bombardear objetivos británicos en Bahía Anunciación, Malvinas. Tres aviones integran la misión, uno de ellos es tripulado por el piloto Teniente Eduardo de Ibáñez y su acompañante y navegador, el Primer Teniente Mario Hipólito González, quienes deben ser protegidos por los otros dos aviones, debido a que De Ibáñez es el piloto más joven y con menos experiencia de todos.
Estos tres aviones, perfectamente alineados, saben el gran riesgo que corren si son detectados por los radales de los enemigos. Es difícil imaginar qué pensaban en esos momentos nuestros héroes, pero estamos seguros de que su pasión y el amor a la Patria, los condujo con valentía a ese encuentro.
Los Canberra son pesados y lentos de maniobrar, principalmente si se encuentran en un combate aire-aire, dónde allí, solo la pericia y la precisión puede ser la única posibilidad de seguir con vida.
En pleno objetivo, una luz plateada persigue a la escuadrilla argentina: es un misil británico. Los instantes son dramáticos, en este momento ellos no solo están peleando por la patria, sino que además están peleando por su vida. Evadir ese misil es lo único que los mantendrá a salvo. Dos de los aviones logran hacer el viraje, pero uno de ellos es alcanzado. El avión de Eduardo de Ibáñez y Mario González, fue impactado por ese misil mortífero. Ya no hay nada que hacer, tienen que abandonar el avión, y así es como se eyectan.
Sus compañeros ven esa dramática escena con mucha tristeza y desconsuelo: los dos paracaídas están descendiendo sobre el Atlántico Sur, solos y quizás heridos, nerviosos, con miedo; quien pudiera saber que sentían en ese horrible momento.
Se eyectaron, quizás con la última esperanza de ser rescatados con vida, en aquella inmensidad de las frías y lejanas aguas, dónde la capacidad de sobrevivir en esas condiciones es muy escasa, casi nula.
Pese a las maniobras de rescate que se realizaron, nunca los pudieron encontrar.
Derribo del Lear Jet
Un nuevo derribo conmociono a la FAA. Esta vez no se trataba de un avión de combate, sino de un Lear Jet, lo cual fue más doloroso para todos, ya que el aviador de combate tiene la oportunidad de abandonar, con cierta seguridad, su avión dañado y descender en paracaídas con muchos elementos de supervivencia. Pero esta vez, sucedió con un avión que no posee este sistema de eyección.
El escuadrón Fénix operó durante todo el conflicto con aviones de estas características y hasta ese momento, sus pilotos habían suplido esa carencia con profesionalismo, habilidad y buena suerte. Esta última faltó en esta oportunidad.
El siete de junio, el jefe del escuadrón Fénix Vice Comodoro Rodolfo de la Colina, estaba cumpliendo una misión de reconocimiento fotográfico y diversión, por lo cual en su avión también volaba su copiloto, Mayor Falconier, el fotógrafo Capitán Lotufo, el mecánico de avión Suboficial Ayudante Luna y el fotógrafo Suboficial Auxiliar Marizza.
Ellos eran el avión “Nardo 1”, pero iban acompañados del “Nardo 2” (otro Lear Jet), que vio todo lo sucedido, con el capitán Bianco de piloto y el Teniente Casado, su navegador.
La orden era ir hasta un punto de coordenadas geográficas situadas en la zona noreste de la isla Soledad, con los dos aviones formados, simulando una sección de aviones de combate. Pero los Nardos estaban entrando en el alcance de los nuevos misiles Sea Dart, recién instalados en el destructor HMS Exeter, el cual había sido reparado y reequipado durante todo este conflicto en Ascension Island.
El destructor ahora en aguas del Estrecho de San Carlos, disparó dos misiles, a los cuales el Nardo 2 vio venir y dio la alarma al guía. Ambos iniciaron un viraje -estaban a 40.000 pies- y el misil impactó en la parte posterior del avión Nardo 1, donde lleva sus turbinas y produjo una bola de fuego.
La cabina quedó intacta, y el Vice Comodoro De la colina informó en radio, lo que fueron sus últimas palabras:
El escuadrón fénix, con su jefe al frente, entraba definitivamente en la historia patria y en las unidades heroicas de la FAA.
Hugo Bornices, es el mecánico de avión que iba en el Nardo 2 y en diálogo con el UNO mencionó: "Cinco compañeros, amigos, camaradas, fallecieron en el avión que iba al lado. En ese momento, nuestro comandante hizo el escape y bajó nuestra aeronave, realizando un rasante en el mar sobre Comodoro Rivadavia, para que no nos pudieran derribar los enemigos. Nos salvamos, pero ese día perdimos parte de nuestra familia aeronáutica".
Derribo del Canberra
La última misión para estos aviones fue el 13 de junio, donde cuatro bombarderos con el indicativo “Baco” se dirigieron a bombardear Port Harriet House, al sur de la bahía de Puerto Enriqueta, donde se habían asentado algunas tropas británicas. Uno de ellos “Baco 1” era piloteado por el Capitán Roberto Pastrán y su navegador el Capitán Fernando Casado.
El despegue se efectuó desde la Base Aérea Militar Río Gallegos. Al acercarse al objetivo, dos Canberras lograron confirmar las explosiones de sus bombas contra el terreno, le dieron al blanco. Pero, lamentablemente el “Baco 1”, tras lanzar sus bombas, fue atacado por fuego antiaéreo británico, disparados desde los barcos destructores. Donde, el segundo misil alcanzó al avión del Capitán Pastrán y, explotó cerca de la sección frontal.
El bombardero empezó a caer, inmerso en fuego. Pastrán logró eyectarse, cayó al mar y, tras lograr inflar su bote y llegar a la costa, fue hecho prisionero por los británicos.
Casado, no logró eyectarse, y es la impotencia de todos lo que lo recuerdan, una falla de esa magnitud, en ese momento tan decisivo, le costó la vida al copiloto que es recordado con orgullo. Así, permaneció en la aeronave, que continuó su brusco descenso hasta estrellarse.
El Capitán Pastrán, fue interrogado insistentemente por la inteligencia enemiga sobre el sistema que utilizába la Fuerza Aérea para apuntar con precisión y sin visibilidad, ya que en dos ocasiones habían alcanzado el Puesto de Comando enemigo.
El cuerpo de Fernando Casado fue encontrado en febrero de 1986, según informaron las propias autoridades británicas, quienes brindaron esa información recién en 2008. En efecto, durante 22 años, el paradero de los restos de Casado fue una incógnita para la familia del difunto y las autoridades argentinas.
Lo que la Guerra les dejó
En los años de la posguerra, más de 500 veteranos argentinos se quitaron la vida. Este alto índice de suicidios no sólo debe atribuirse a los efectos traumáticos de la guerra, sino también a la falta de reconocimiento social y a la ausencia de políticas estatales para acompañar a los sobrevivientes, ya que al final del conflicto tuvieron un regreso sin gloria, casi a escondidas.
María Eugenia Prestofelippo es licenciada en psicología, integrante de la Dirección de Veteranos de Guerra, de la Municipalidad de Paraná, y realiza un apoyo constante a los veteranos de guerra de la región.
"Los veteranos fueron excluidos por la sociedad durante muchos años, algunos se quedaron sin trabajo, no se los reinsertó para estudiar y nunca se les aplicó un protocolo sobre estrés post traumático", dijo a UNO.
Además Prestofelippo añadió que "nunca se hizo una formación a los profesionales de salud mental en cuanto a intervenciones psicológicas y psiquiátricas, recién hace unos años comenzaron a brindar una capacitación pero por mucho tiempo fue un gran desamparo".
"Semejante gesta y no ser reconocidos ni valorados por la sociedad y el Estado, toma un sin sentido, un sin gusto la vida. Y muchos han tenido una profunda depresión, lo que ha generado varios intentos de suicidio", expresó la licenciada.
Cuando fue consultada sobre cómo puede contribuir la sociedad ante esta situación, destacó que "por la sociedad hoy en día los veteranos son muy aplaudidos, pero creo que los políticos deberían enfocarse en la malvinización, la política de estado está muy empobrecida en el reconocimiento de estos héroes".
Sergio Aquiles Agüero, veterano de guerra y ex encargado de la Delegación Malvinas Paraná de la II Brigada Aérea, se expresó con UNO de la siguiente manera: "Éramos pibes, de golpe convertidos en hombres. Cuando volvimos nadie nos recibió, sólo nuestras familias. Nadie nos pregunto, nadie nos agradeció. Todo fue silencio”.
























