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Tres sueltos sobre las PASO

"...Qué pena de que entendieron todo tan tarde. Esta alopecia está difícil de remontar..."

Miércoles 14 de Agosto de 2019

“La experiencia es un peine que la vida te regala cuando te has quedado calvo”, dicen que decía Ringo Bonavena. Y vaya si lo hemos aprendido en estos últimos tres años y medio los argentinos. A nuestra economía, aparato productivo y pequeña burguesía agraria le “volaron las chapas” con energía e insumos dolarizados, desplome del mercado interno y apertura de las importaciones.

Ayer, el presidente Macri recapacitó tras el exabrupto del lunes y, en un intento desesperado de disimular la avanzada calvicie económica, anunció un paquete de medidas de urgencia para intentar sacarse en octubre el olor a derrota que los votantes le impregnaron en las PASO. Así, comenzó a peinar con baba los pocos pelos que le quedan en la cabeza a nuestro entramado económico-productivo-social, cambiando su traje de CEO-liberal por el de presidente preocupado por la angustiante situación en la que colocó al 90% del país.

Ante el oportuno (¿oportunista?) golpe de timón del gobierno, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio salió a aclarar que las medidas económicas anunciadas “no tienen que ver con la campaña electoral; nosotros tenemos que resolver los problemas de la gente”. Qué pena de que entendieron todo tan tarde. Esta alopecia está difícil de remontar.

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Al día siguiente de las PASO, entre tanto festejo, estaban también quienes quedaron disconformes con los resultados porque esperaban un desenlace diametralmente opuesto. Dentro de ese 32% de disconformes está incluida una centena de familias de rancio abolengo, molesta porque podría –y subrayo el condicional– perder una ínfima parte de las prebendas a las que están acostumbradas desde hace siete generaciones.

Tienen intereses, es comprensible su disgusto. Pero hay otra parte, la mayor parte de ese porcentaje disconforme, donde se encuentran sectores de clase media y media baja, que quieren que las cosas sigan como están simplemente por una cuestión de aporofobia enraizada en una falsa conciencia de clase que viene de familia. Están también aquellos que sin conocer someramente la doctrina justicialista, tienen un sentimiento antiperonista que suponen que les da superioridad moral e intelectual ante lo que ellos llaman peronchaje. Detrás de los tres sectores –privilegiados, aporofóbicos de clase media y antiperonistas– hay un asunto de herencia familiar jamás cuestionada.

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Alguien a quien le tengo aprecio personal pero con quien no comparto pensamientos políticos, me dijo que en “los mejores países quienes reciben ayuda social están inhabilitados para votar, así se evita que voten por su conveniencia”. El nivel de aporofobia de su propuesta me indignó, pero su ingenuidad infantil me despertó carcajadas. Entre otras cosas, le digo que es ridículo pensar que el 47% del electorado recibe planes sociales. Segundo, que si así fuera, su candidato no hizo bien las cosas en estos tres años y medio. Y tercero, que el no votar pensando en nuestra propia conveniencia fue lo que nos puso en esta situación.

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