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Privilegios

Dirigentes que hoy denuncian debieran haber dado respuestas al Poder Judicial por boicotear la vacunación que ahora valoran tanto.

Martes 23 de Febrero de 2021

Puede suponerse que existe un amplio consenso en torno a considerar inmoral la vacunación anticipada que, según se sabe por estas horas, lograron algunos por ser cercanos a autoridades sanitarias. Del mismo modo que puede pensarse que antes del incidente la mayoría de los argentinos hubiéramos coincidido en que convivimos desde el inicio de nuestra historia con la lógica del privilegio, por llamarla de algún modo.

Aún desde antes del reparto de tierras tras las campañas genocidas contra los pueblos originarios -claro ejemplo de privilegios para los amigos-, asistimos a este tipo de situaciones. Lo vemos a diario en muchas circunstancias, y es generalizada la idea de que quien “está en política” goza de privilegios. Aunque se entiende que no son los únicos.

En la vida diaria tener un contacto que nos permita lograr alguna ventaja sobre los que están en las mismas condiciones es visto muchas veces como un mérito. Ese alguien que tiene contactos, palanca para lograr más rápido y mejor lo que a otros les lleva más tiempo y esfuerzo, es considerado un ganador.

Interesante ejercicio es pensar qué hubiéramos hecho cada uno de nosotros de haber tenido la posibilidad de vacunarnos anticipadamente contra el coronavirus. Y más interesante aún tratar de recordar las veces que aceptamos o buscamos un privilegio en cualquier situación de la vida diaria. Este ejercicio no tiene que ver con González García ni con la oposición, porque a esta altura todos entendemos cómo se juega ese juego, y cómo inciden los medios, y estamos empezando a entender también cómo circula la información en las redes; sino con intentar pensar una matriz que explique las conductas.

Es posible pensar que el privilegio en la vacunación de algunos –por ejemplo el expresidente Duhalde, que ya no está en funciones- indignó a otros porque sienten que la vacuna es la diferencia entre tener más seguridades de no morir, y no tenerlas. Tal vez porque la situación nos pone de repente (la pandemia en realidad lo hizo) ante el inevitable reconocimiento de la caducidad del cuerpo humano, transitoriedad agravada por la incerteza de una vida supraterrena que caracteriza este momento de la humanidad. Estar frente a la posibilidad de la muerte y querer negarla, el temor a ella, fue tal vez el aliciente de algunos de los que buscaron este privilegio. Ser merecedores de ese trato especial es lo que sintieron, algunos puntualmente; y otros siempre.

Sin embargo, poco antes hubo gobernantes que se vacunaron para intentar dar confianza a la población cuando la oposición denunciaba un envenenamiento masivo con la vacuna rusa; y hoy aparecen en listas de supuestos privilegiados. Es que se puede decir una cosa y al rato lo contrario en esta época de saturación informativa... difícil de responder. No sabemos a ciencia cierta si los ciudadanos hacen esta distinción, pero a juzgar por la opinión publicada, pareciera que no. Es más, algunos de los principales dirigentes que hoy denuncian debieran haber dado respuestas también ellos al Poder Judicial terrenal, o ante alguna instancia, por boicotear la vacunación que ahora valoran tanto, cuando consideraban que políticamente les convenía hacerlo.

Sería alentador pensar que la indignación que se expresa en medios y redes tiene que ver con la demanda social de actuar de acuerdo a valores, de que los individuos se constituyan como tales a partir de esos valores, y en función de ello se dediquen a trabajar por el bien común; lo que, claro, no tiene nada que ver con lograr el privilegio de la vacuna, de blanquear los capitales no declarados en el extranjero sin sanción alguna, o de ningún otro beneficio por izquierda. Pero no aparecen certezas al respecto. Y aun dando margen a la duda, no es sencillo discernir en qué medida esa demanda de moralidad en la política es tal o si solo se trata de un espasmo más producido por medios y redes.

Permítaseme dudar de la motivación declarada de estas situaciones, porque a decir verdad, la política (aunque pueda ser un error generalizar) no ha sido demasiado efectiva en la Argentina para desterrar privilegios; tal vez porque la lógica del privilegio es lo primero que todos deberíamos asumir y cuestionar si se condice con los valores de acuerdo a los cuales pretendemos vivir.

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