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Presencialidad: ¿estamos preparados?

Hay que ser realistas ante las condiciones edilicias de las escuelas entrerrianas. Hay muchas sin agua potable, algo básico para combatir el coronavirus.

Viernes 26 de Febrero de 2021

El lunes el gobernador Gustavo Bordet inaugurará oficialmente el regreso a la presencialidad educativa en Entre Ríos. No será la primera experiencia de este tipo en la provincia, ya que en octubre se comenzó a instrumentar como prueba piloto la actividad aúlica en algunos departamentos. Será el comienzo de una “nueva normalidad” para el sistema educativo en su conjunto, un proceso que deberá regirse por protocolos y pautas de cuidado para evitar nuevos contagios de coronavirus. En esa instancia, el Consejo General de Educación (CGE) viene articulando criterios sanitarios y pedagógicos junto con los gremios docentes.

A esta altura existe un amplio consenso en que se debe volver a las aulas, teniendo en cuenta que el proceso de enseñanza se construye en la interacción entre el alumno y el docente. Ese quiebre que provocó el aislamiento obligatorio impuso nuevas reglas, pero también amplió las desigualdades de aquellos gurises que no tuvieron acceso a los contenidos.

La pandemia trastocó el modo de relacionarse con la escuela, y los padres o adultos responsables debieron asumir un rol para el que no estaban preparados. Tampoco los docentes estaban preparados o capacitados para transmitir conocimientos en la enseñanza a distancia. Así como muchos alumnos no disponían de las herramientas tecnológicas acordes, o algo tan básico como una buena conexión a Internet, algo similar sucedió con los maestros.

También -en este contexto- habrá que asumir que la virtualidad seguirá estando; es más, me animo a decir que vino a quedarse por muchas razones objetivas.

La escuela y la comunidad educativa como ámbito de encuentro se enfrentará a un desafío inédito: no podrá haber contacto físico ni juegos compartidos y las aulas serán adaptadas para que funcionen como burbujas. Son algunas de las normas de cuidado que todos conocemos, y que deberán formar parte de los nuevos hábitos de alumnos y docentes. Por supuesto que el distanciamiento y la higiene personal jugarán un rol fundamental. ¿Pero en qué medida se podrá garantizar la limpieza integral de los establecimientos? Es una buena pregunta para las autoridades del CGE y una demanda permanente de los gremios docentes desde antes de la pandemia. De las partidas presupuestarias para elementos de limpieza dependerá el efectivo cumplimiento de los protocolos, ya sea en una escuela del ámbito rural o de instituciones de los departamentos más densamente poblados. Otra de las condiciones de infraestructura que se deberán garantizar será el espacio físico del cual dispongan las instituciones, sobre todo a la hora de organizar las burbujas en las aulas, así como también los ingresos y egresos de los establecimientos.

Hay que ser realistas cuando se habla de las condiciones edilicias de las escuelas entrerrianas. Es tan complejo poder relevar la situación particular de cada una de ellas, y por más obras que se anuncien y luego se ejecuten, ante el inminente comienzo del ciclo lectivo habrá muchas instituciones sin acceso al agua potable, algo tan básico para combatir el avance del coronavirus. Es un problema que vienen denunciando los sindicatos, en paralelo con otras demandas aún sin respuesta. ¿Se tuvo en cuenta a las familias de los alumnos a la hora de elaborar los protocolos? Como estos, son múltiples los interrogantes que surgen a horas de un regreso que será diferente y que tiene como objetivo preservar la salud.

Siempre hablando del sistema educativo público, donde se deberá esperar si los gremios determinan una medida de fuerza, la prueba más difícil se dará en las ciudades cabeceras donde hay más circulación de personas.

Concordia, Paraná, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, todas declarada con circulación comunitaria de coronavirus, estarán más expuestas al virus por su mayor densidad poblacional.

Sin acuerdo salarial con el sector, el gobierno comienza este sábado a pagar el aumento del 36% al salario mínimo. En ese escenario, Bordet abrirá el ciclo lectivo pensando en una estrategia para destrabar un posible conflicto gremial que parece inminente.

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