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Domingo 10 de Mayo de 2020

Son mujeres que quieren decirnos algo, pero por más que lo intentan, sus gritos desesperados se esfuman como en un sueño. Se ven ellas mismas representadas con un tapabocas que les impide gritar por ayuda, algo que al mismo tiempo las atrapa dentro de un círculo vicioso de violencia. Es la dramática realidad de muchas mujeres y de grupos familiares que sobreviven en contextos de extrema violencia, y que con la cuarentena se enfrentan a una convivencia forzada que los expone a un riesgo mayor.

El slogan “quedate en casa” se instaló como una ambiciosa herramienta sanitaria; primero porque nos interpeló acerca de la importancia de reforzar las medidas de higiene y de salud, luego la población infantil se la apropió como suya y entonces el mensaje cobró una nueva connotación. Como nunca antes, todo empezó a concebirse alrededor del hogar, las relaciones, la educación y el trabajo. Así el ícono de la casita-refugio se volvió viral en las redes sociales, por lo que se logró transmitir el efecto deseado: la sensación de seguridad y protección que brinda estar en casa. Eso demuestra el eficaz trabajo comunicacional del Estado para prevenir el coronavirus. Pero “quedarse en casa” no conlleva los mismos privilegios para todos y todas.

Miles de mujeres se siguen muriendo por la violencia machista en Argentina. Y las situaciones de violencia intrafamiliar se agravan de manera preocupante. La vulneración es aún mayor en tiempos de aislamiento, en condiciones de hacinamiento y sin los medios para poder romper con el sometimiento y la dependencia a un tejido patriarcal. Para procurar un mecanismo de asistencia a las víctimas, la Oficina de Violencia de Género del Superior Tribunal de Justicia (STJ) ideó junto a la Facultad de Trabajo Social (FTS) de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) un proyecto que tiene como objetivo la concientización y la sensibilización a través de las redes sociales.

Con recursos de la unidad académica, sumado al aporte tecnológico del Poder Judicial, se generó una plantilla de denuncia para garantizar la accesibilidad de las personas al sistema. Si bien el circuito no sustituye los canales tradicionales para realizar denuncias, pero genera en este contexto una herramienta más para prevenir la violencia de género. La acción de extensión de emergencia se extenderá durante dos meses y es un dispositivo pensado para brindar respuestas cuando lo que se pone en juego es la vida. Es loable la intención, pero muchas veces las acciones resultan insuficientes.

A dos meses del femicidio de Fátima Acevedo, la joven hallada dentro de un aljibe en Paraná, todavía está fresco el dolor por una muerte que se pudo haber evitado. La chica relató en más de una ocasión el historial de denuncias contra su expareja Nicolás Martínez, pero ni la Policía ni la Justicia llegaron a tiempo para auxiliarla. Es uno de los casos testigos que refleja una realidad dramática, que amenaza la dignidad y los derechos de las mujeres.

Como contrapartida, la estadísticas marcan que las denuncias por casos de violencia familiar y contra la mujer se mantienen en niveles similares a 2019. Según el Registro Judicial de Causas y Antecedentes de Violencia (Rejucav), en lo que va del año en Entre Ríos, se registraron 3.896 denuncias por Violencia Familiar (expediente ley 9198) y contra la Mujer (expediente 10.058), que luego derivaron en el inicio de nuevos expedientes. Solo a modo de comparación, el año pasado durante el mismo período se habían registrado 4.657 denuncias por violencia familiar y contra la mujer, y 946 redenuncias. El departamento Paraná, en los primeros cinco meses de 2020 acumula 1.086 expedientes por violencia.

El relevamiento también refiere a lo sucedido en el Departamento Concordia: en lo que va de la cuarentena (incluye datos hasta el 8 de mayo) se iniciaron 196 denuncias y redenuncias que recayeron en diferentes organismo judiciales. Es una problemática que tantas veces nos interpela, con algún hecho que nos moviliza y nos conmueve. Pero las mujeres siguen estando en riesgo, solas y abrumadas por un entorno de violencia que las paraliza.

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