Hoy por hoy

No basta con recorrer los barrios

Las preocupaciones de Carlos Matus sobre la escasa planificación y formación de los dirigentes políticos sigue vigente en la actualidad.

Sábado 14 de Noviembre de 2020

El doctor Carlos Matus es reconocido en Latinoamérica como uno de los pioneros de la planificación estratégica situacional.

Dado que nuestros países no se caracterizan, precisamente por la organización a mediano y largo plazo, siempre ocupados por resolver lo urgente y/o lo emergente, pero con escasa proyección hacia el futuro, siempre tuvo como propósito concientizar a organismos de toma de decisiones acerca de la importancia de la planificación. Luego de conocer las penurias a las que lo sometió la cruenta e impune dictadura pinochetista, procuró, desde el exilio, esparcir sus métodos para mejora de gestión y políticas destinados a los países de la región.

Su visión latinoamericanista contrastaba con su formación en Harvard, cuyos egresados suelen enfocar las problemáticas autóctonas desde la mirada de los países centrales, más precisamente desde Washington. Es muy habitual escuchar a los economistas neoliberales proponer la aplicación de recetas generadas en el hemisferio Norte sin tener en cuenta la realidad latinoamericana, su historia, sus conflictos, sus diversidades, sus heterogeneidades, y –sobre todo– la situación desventajosa en que se encuentran a causa de las asimetrías a que fueron sometidos desde la época colonial. Reducidos a ser proveedores de productos primarios, o de poco valor agregado y consumidores de mercancías altamente industrializadas, todo ello para no hablar del escaso desarrollo humano, social, ni de las profundas desigualdades, entre las más altas del planeta.

Poco antes de su muerte, en 1998, visitó la Argentina y brindó una serie de entrevistas, en las que analizó la situación del cono Sur en general y de nuestro país en particular. Según lo expuesto, tenemos razones para pensar que la realidad, lejos de mejorar, se ha agudizado en las últimas dos décadas.

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"Planificación de situaciones" y "Estrategia y plan", dos libros de Matus.

Su preocupación se centraba en la escasa formación de los dirigentes políticos, nacida desde la íntima convicción de que para gestionar basta con la experiencia, la militancia y el sentido común; algo así como “yo recorro los barrios, sé los problemas de la gente y puedo resolverlos con mis propios conocimientos”. Matus, por el contrario, sostenía que existen técnicas, métodos e instrumentos para el abordaje de las problemáticas y gestión eficiente.

No obstante, se negaba a conceder que fuera un problema de falta de capacidad intelectual, solo la creencia errónea de que nuestras universidades preparan para todo. Que un médico puede ser, per sé, sin preparación previa para el cargo, un buen Ministro de Salud, que cualquier economista puede ser Ministro de Economía, entre otras inexactas convicciones.

La génesis de la planificación deficiente o inexistente se origina, en tanto, en el desconocimiento de que el diagnóstico es una simple “foto” de la realidad, desprovista de su contextualización histórica, social y cultural, sirve de poco, pues solo se ataca el síntoma de la enfermedad pero no su causa. Más que diagnósticos, se necesitan análisis institucionales enfocados.

Otro yerro muy habitual es confundir el conocimiento con la acción. La investigación no es el plan, si nadie la lee, no sirve absolutamente para nada. El autor recomendaba realizar un resumen de una decena de páginas y acercarlo al decisor político, si éste no lee un informe de diez páginas es porque no le interesa el tema; entonces ya no se podrá alegar desconocimiento, ni falta de información. Contrariamente, si no hace nada al respecto es por otras razones, políticas, estratégicas u otras.

Finalmente resumía en cinco puntos los problemas de la política:

  • Desenfoque: los problemas de la política no son los de la gente (como se le dice ahora al pueblo), el juego partidario genera sus propios problemas y su resolución desvela mucho más a la clase dirigente que lo cotidiano, será por ello que prefieren debatir en los canales de TV que en los recintos, y les preocupan más los titulares periodísticos que la opinión de sus votantes.
  • Improvisación: como quedó dicho, descreen de la ciencia, técnica y conocimientos para gobernar y generan lo que se llama “disfunción de segundo orden”, es decir: no saben que no saben. Es por eso que aparecen como “anestesiados” ante las demandas.
  • Sistema de baja responsabilidad: nadie sufre las consecuencias del mal desempeño, da lo mismo hacerlo bien que mal, facilitando la falta de ética y corrupción. Decía Carlos Matus “…para mí la corrupción no es un problema de ética, sino que es un subproducto de la mediocridad”.
  • Los partidos como “clubes electorales”: sólo trabajan electoralmente, no tienen centros de formación para sus líderes. No piensan el futuro de nuestros países, ni hay visión estratégica.
  • Los sistemas son ultracentralizados: están muy alejados de la gente. En una ciudad con millones de habitantes, el jefe de gobierno no puede ocuparse de los baches, debe haber una inteligente delegación de funciones.

Tal parece que las cuestiones mencionadas fueran actuales y, sin embargo, tienen décadas. Gobernar es un trabajo duro y requiere preparación, humildad y sacrificio.

Cuentan que en la antigua Grecia la política era un servicio público, los elegidos cumplían su función y deseaban volver a su vida tranquila, ni de lejos pretendían perpetuarse en el poder, además se los designaba por sus virtudes, no porque ellos se postularan voluntariamente.

Los políticos deberían mirarse más en ese espejo, valorizar el conocimiento, la preparación y la visión estratégica. Sería un buen momento para volver a las fuentes la civilización más influyente en la historia de occidente.

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