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Maltrato en la Anses de Paraná

Un caso evidente de discriminación contra una mujer anciana discapacitada y pobre en la Anses Paraná.

Lunes 25 de Enero de 2021

Una humilde mujer con domicilio en el Oeste de la ciudad asistió este lunes temprano al local de la Anses en avenida Ramírez para pedir un crédito. La ciudadana, de más de 70 años, acudió en silla de ruedas empujada por un hombre también mayor de edad, y en la vereda fue informada amablemente por una empleada sobre la necesidad de pedir turno por internet debido al virus.

Tras la intervención de una vecina que estaba al lado, para que consideraran el estado de la señora, la empleada con buen criterio ingresó al local para preguntar a su jefe.

El jefe apareció para decirle lo mismo: que sin turno no podía hacer trámite alguno. La mujer en silla de ruedas explicó que venía de un humilde barrio de la ciudad cerca de un conocido hipermercado (hacia Bajada Grande); que necesitaba pedir un préstamo, y que no contaba con internet ni con celular, pero además ignoraba que debía pedir turno. La situación provocó la nueva intervención de la vecina (esperaba en la vereda a un familiar que hacía trámite en el interior). Sugirió al funcionario que debían atenderla porque, en principio, no había nadie en la cola, el local estaba prácticamente vacío, y además se trataba de una discapacitada de la tercera edad que había hecho un largo viaje, con otra persona mayor, para pedir un auxilio económico. No costaba nada la excepción y era obvia, le dijo. El funcionario le indicó de manera grosera que no debía meterse en la conversación, entonces la mujer intentó tomar una foto de la mujer en silla de ruedas y de los funcionarios que le negaban el acceso; el funcionario la interrumpió con prepotencia, amenazante, diciendo que él no era una persona pública para que le tomaran una foto, y le exigió que le entregara el documento de identidad para denunciarla. La vecina atinó a abrir su billetera pero se arrepintió, le preguntó quién era él para pedirle documentos, le recordó que sí era funcionario público, y que en verdad era ella quien lo iba a denunciar por su maltrato. Ante esa firme negativa, el empleado jerarquizado le exigió que se corriera del lugar. La vecina solidaria con la discapacitada le respondió que él no era dueño de la vereda, que no estaban dentro del local. A todo esto, dos guardias se habían acercado para custodiar al jefe público prepotente, mientras este volvía a explicarle a la señora en silla de ruedas que debía regresar en febrero, cuando la Anses habilitara la atención sin pedir turno por vía digital.

Conclusión: la humilde y paciente mujer quedó afuera junto al hombre que la acompañaba, esperando un auto en su silla de ruedas, y en la cola no quedó nadie. Nadie, nadie. Pasó un minuto treinta y apareció una joven a hacer un trámite, con turno. La hicieron ingresar amablemente con los debidos protocolos (temperatura, alcohol). Lo risueño del caso evidente de discriminación contra una mujer, contra una mujer anciana, contra una mujer anciana discapacitada, contra una mujer anciana discapacitada y pobre; lo risueño del caso, si tuviera algo de risueño, es que el macho discriminador bien custodiado le repitió varias veces que lo hacía “para protegerla”.

No advirtió el empleado del Estado que el principal virus del que debía protegerla era del burócrata insensible incompetente a la enésima y altanero del box 9, y de su séquito de seguridad.

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