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La fragilidad de los nombres

En la Argentina nos quieren hacer creer que la economía va atada al nombre de sus ministros. Como si el solo cambio de nombres representara un rumbo diferente.

Miércoles 13 de Julio de 2022

Dice Borges en su poema El Golem que “el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de “rosa” está la rosa, y todo el Nilo en la palabra “Nilo”. El nombre es importante en muchas cosas, al punto de transformase, por sí mismo, en la cosa que representa.

En la Argentina nos quieren hacer creer que la economía va atada al nombre de sus ministros. Como si el solo cambio de nombres representara un rumbo diferente que nos permitirá, al fin, encontrar el camino de la estabilidad y la previsibilidad tan ansiada.

Claro sinónimo de una Nación con instituciones débiles a merced de poderes económicos insaciables.

El “Rodrigazo” de Celestino Rodrigo marcó el gobierno de Isabel Perón. Alfredo Martínez de Hoz fue la economía al servicio de la dictadura. Domingo Cavallo se transformó en sinónimo las privatizaciones y el decaimiento del Estado.

Durante el gobierno de Mauricio Macri no importó quien estuvo al frente de ese ministerio. El objetivo económico de ese período se marcó desde lo más alto del poder, y no era otro que tomar créditos inconmesurables con propósitos que nada tuvieron que ver con el crecimiento del país.

Durante los dos últimos años y medio, la Economía de la Argentina se llamó Martín Guzmán. Alguien quiso que pareciera que el destino de más de 45 millones de personas estaba sobre las espaldas de un nombre. Si él fallaba, era su sola culpa. Fusible que le dicen.

El coraje de Silvina Batakis al asumir la responsabilidad para transformarse en el nombre y el destino de la Economía argentina es digno de destacar.

El compromiso y el desafío que significa para una sola persona convertirse en el foco de las críticas de propios y extraños, es enorme. Como así también lo es ser depositaria de la desgastada esperanza de millones de personas que, una vez más, recibe la promesa de un cambio de rumbo que les mejorará la calidad de vida.

Si es tan importante el nombre del ministro de Economía, habría que plantearse por qué no elegir también ese Ministro junto con el Presidente.

Las crisis económicas sobrevienen en todo el mundo, sin distinción de nombres. Sin embargo, las bases económicas e institucionales de muchos de esos países hacen que el nombre de su ministro de Economía sea algo absolutamente intrascendente.

Y hay casos, en que los nombres son tan poco relevantes, que ni siquiera importa si se trata del Presidente o del Primer Ministro. Y no hacen falta crisis profundas como la de Argentina para removerlos.

Boris Johnson, el Primer Ministro británico, que hace diez días se burlaba públicamente de Vladimir Putin por salir en fotos con el torso desnudo, lo hacía desde la supuesta fortaleza que le daba el máximo poder de Gran Bretaña. A los cuatro días fue depuesto de su cargo por encubrir a uno de sus funcionarios acusado de manosear a dos hombres en un pub de Londres. Detrás de Jonhson dimitieron más de 50 funcionarios. Y el gobierno sigue.

Los nombres no importan. “Es la economía, estúpido”.

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