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Jubilados, los parias de siempre

"...En estos tiempos de recesión un jubilado se especializa en cómo sobrevivir, y por lo menos desde la vuelta de la democracia sus salarios siempre estuvieron lejos de ser dignos..."

Martes 27 de Agosto de 2019

Paria: persona excluida de las ventajas de que gozan los demás, e incluso de su trato, por ser considerada inferior, según el diccionario de la Real Academia Española.

Si es que en octubre se termina por ratificar el resultado de las PASO, y asume un nuevo gobierno el 10 de diciembre, se podrá hacer un verdadero balance de la gestión Mauricio Macri. Porque todas las decisiones pasaron por él, incluso aquellas direccionadas desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), debilitando de esa manera a Cambiemos, el frente que hoy se plantea cómo subsistir a la coyuntura electoral.

Después de tres años y medio de gestión, son pocos los aciertos que se pueden reconocer de esta alianza, sobre todo en materia económica. Y la gente se lo hizo saber con su voto en las urnas, tanto que la abrumadora diferencia con el candidato de la oposición generó un verdadero tembladeral político en la Rosada. Al margen de las interpretaciones poselectorales, se debe dejar en claro que el macrismo sigue priorizando un modelo político-económico en favor de grupos de poder en detrimento de los trabajadores, los jubilados y los sectores de más bajos recursos. Toda una época signada por la profundización de un ajuste brutal y una mayor brecha para alcanzar derechos básicos como el trabajo, la educación, la salud y el acceso a una alimentación digna.

“Tuve que reducir la cantidad de comidas en el día”, decía abatida una jubilada en un programa periodístico local. Habla de la cruda realidad que viven millones de jubilados en todo el país, teniendo que elegir entre comer o comprarse remedios para no morirse más rápido.

Si el sector asalariado y en actividad padece serias dificultades para mantenerse adentro del sistema, aún más compleja es la subsistencia para el universo de los jubilados en nuestro país. Se calcula que el salario promedio de un pasivo nacional se ubica en los 12.000 pesos mensuales, es decir por debajo de la línea de indigencia, mientras que en la provincia de Entre Ríos el monto de los haberes está por encima de la media nacional debido a que se aplica el 82% móvil.

Aunque, claro, esto puede variar de acuerdo a la repartición a la que haya aportado durante su vida laboral el pasivo en la Provincia. “Una mínima de un jubilado de los Tribunales de Paraná, está muy por encima de un agente que haya pasado por el Ministerio de Salud”, precisó un experto en la materia.

En estos tiempos de recesión un jubilado se especializa en cómo sobrevivir, y por lo menos desde la vuelta de la democracia sus salarios siempre estuvieron lejos de ser dignos.

Según la Valorización Mensual de Julio de la Canasta Básica Alimentaria, un adulto necesitó 4.133,91 pesos para no caer en la línea de indigencia. Mientras que en el caso de la Canasta Básica Total, se requirió de 10.334,77 para no caer en la línea de pobreza.

Solo para abastecerse de los alimentos indispensables, un jubilado debe ocupar la mitad de su salario, y si quiere ampliar con la inclusión de bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud), tiene que destinar casi el 80% de sus ingresos. No tienen forma de hacerle frente al monstruo de la inflación, sobre todo porque una vez que “paran la olla”, los pocos pesos que les quedan los destinan a comprar medicamentos. La dolarización de la economía hizo que la industria farmacéutica llevara el valor de los remedios a precios escandalosos, y eso para los jubilados es la condena a una muerte segura por ser pobres, por tener que elegir segundas marcas y no poder acceder a las drogas prescriptas por su médico de cabecera.

Como contrapartida las obras sociales nacionales (PAMI) y provinciales, siguen retaceando los medicamentos que son crónicos. “Nos están expulsando de la sociedad de alguna manera. Algunos ya entienden que un jubilado es descartable”, dijo un pasivo con cierta resignación.

Que esta injusticia social que sigue matando a las personas de la tercera edad se revierta con políticas públicas sostenidas en el tiempo que permitan el acceso a mayores derechos y que de una vez por todas se reconozca su valor dentro de la sociedad.

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