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ESI: hablemos de anticonceptivos

En Argentina se aprobó la ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). El gran desafío ahora es bregar por la educación sexual integral (ESI)

Viernes 01 de Enero de 2021

En la madrugada del miércoles se aprobó en la Argentina la ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). Y más allá de las distintas posturas generadas antes, durante y a partir de la sanción definitiva en la Cámara de Senadores de la Nación del proyecto que ya había sido aprobado con anterioridad en Diputados, el gran desafío que tenemos desde ahora como sociedad es bregar por la educación sexual integral (ESI), un derecho al que todos los estudiantes deberían acceder, recibiendo información certera, científica, respetuosa y amorosa sobre el tema y las posibilidades de prevenir un embarazo no deseado, conociendo toda la gama de métodos anticonceptivos seguros y gratuitos, tal como lo establece el Programa Médico Obligatorio (PMO).

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En Argentina se aprobó la ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). El gran desafío ahora es bregar por la educación sexual integral (ESI)

En Argentina se aprobó la ley que legaliza la interrupción voluntaria del embarazo (IVE). El gran desafío ahora es bregar por la educación sexual integral (ESI)

En este tiempo se han escuchado numerosas falacias sobre la cuestión. Muchos detractores de la legalización de la IVE se expresaron en las redes sociales con fuertes frases, como por ejemplo “ahora nadie se va a cuidar, total se puede abortar”, o “vayan a garchar, total ahora el Estado les hace el aborto”. De más está decir que interrumpir un embarazo es una situación que en la mayoría de la ocasiones provoca dudas, angustias, temores, y otros tantos sentimientos y sensaciones subjetivas. Y que llegar a esta instancia no es placentera.

Desde la vigencia de esta ley se puede contar con la asistencia del Estado para poder dar este paso, ya no en la clandestinidad y de manera insegura en determinadas ocasiones, contribuyendo en muchos casos -porque a esto no hay que obviarlo- a un gran negocio de clínicas ilegales, curanderas y otros gestores de dudosa procedencia para realizar este delicado procedimiento, que justamente operan desde la clandestinidad de una manera perversa ante la desesperación de quien toma esta decisión.

Lejos de querer echar más combustión al debate sobre el que ya se enumeraron argumentos a favor y en contra, con seguridad este es un momento histórico de educar para que la sexualidad pueda ser vivida plenamente. Es el momento en que podemos evolucionar, cualquiera que sea el credo o la religión que se practique, para dejar de presentar a la sexualidad como un acto culposo, de demonizar a los métodos anticonceptivos, a la libertad sexual y al placer, y aunar las acciones para que no haya o sean mínimos los embarazos no deseados (porque los métodos anticonceptivos pueden fallar, por más cuidados que se tengan).

Esa es la forma de salvar vidas, en un contexto de libertad y dignidad; y también de respeto por las generaciones más jóvenes de parte de quienes crecimos y vivimos sin acceso a la información y sufrimos a escondidas el desconocimiento sobre nuestro cuerpo, nuestro goce, y sobre las opciones para cuidarnos.

Porque maternar es una elección, no una obligación ni una cuestión natural e inevitable a la que debemos resignarnos las mujeres, aún sosteniendo un proyecto de vida que no incluye conformar una familia, como se pretendió -y se logró por mucho tiempo- instalar en el imaginario social.

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