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En algún país del hemisferio sur

"Un día un hombre mayor, presumiblemente con algún grado de demencia senil, roba algunos artículos comestibles en un supermercado".

Viernes 23 de Agosto de 2019

Narra un cuento que en algún país del hemisferio sur, un día un hombre mayor, presumiblemente con algún grado de demencia senil, roba algunos artículos comestibles en un supermercado, acto seguido es golpeado hasta morir por personal del establecimiento que no está habilitado para ejercer funciones de policía. De no ser por un fotógrafo aficionado, el caso no habría trascendido.

Horas antes, en el mismo país, un funcionario policial golpea a un hombre que “enfrentó” (con los brazos caídos y detrás del cuerpo), probablemente en estado de ebriedad, a un grupo de cuatro policías, bien armados y –según dicen las autoridades– bien entrenados, idóneos para su tarea. Posteriormente, el hombre muere a causa del golpe.

Meses antes, un grupo de adolescentes se reúne a improvisar pegadizas rimas raperas, circulan en un automóvil, se sacan selfies, las comparten, ríen. Minutos más tarde son perseguidos por las fuerzas del orden y terminan chocando contra un camión. Fallecieron. Sin el testimonio de algunos vecinos, nada se habría sabido de las circunstancias del hecho. Antes, ya no sé si meses o semanas, o años, en el mismo país, “vecinos de buen vivir” prenden fuego a un indigente, que dormía “al abrigo” de diarios y cartones. A nadie pareció importarle, tampoco a los medios de comunicación nacionales, siempre tan preocupados por la realidad social.

Mucho antes, en el mismo país un joven que participaba de una marcha desaparece en circunstancias extrañas, las autoridades dicen que “anda por ahí” por una provincia, por un país limítrofe, por Tanzania o el Congo Belga ¿Qué importa? Un comisario de un lugar donde alguien dice haberlo visto reporta que es fácil confundirse porque “acá, en el barrio, todos los pibes son iguales a ese”. Semanas más tarde, o meses, o años, ¿A quién le importa? Aparece el cuerpo del muchacho.

Siempre en el mismo país, otro muchacho, concurre a una marcha para reclamar justicia por el primer muchacho ¡Qué país difícil de explicar el de este cuento! Y cae muerto por un balazo disparado por agentes del orden. Se dice que fue un enfrentamiento; el proyectil le ingresó en un glúteo. Curiosa forma de “enfrentar” a las autoridades: dándoles la espalda.

Antes, mucho antes, siempre en ese bendito país, un submarino de la Armada desaparece mientras realizaba tareas indeterminadas. Los tripulantes eran más de 40, la noticia se robó algunas primeras planas, pero con el tiempo el suceso solo parecía importar a los familiares. El gobierno del país lo buscó, pero luego dejó de hacerlo “…es que el mar es muy grande y el submarino, muy pequeño” se justificó la autoridad máxima. Al tiempo lo encontraron pero ya no parecía ser relevante, es que todos estaban ocupados con otras cosas.

Previamente, siempre en ese país, a esta altura ya me pregunto: ¿Sería Macondo? Desaparece el testigo clave de un juicio por delitos de lesa humanidad, que ya había estado desaparecido unos años en otro período de la historia de ese lugar. Hasta ahora, nada se sabe de él.

En aquel entonces, también desaparece un chico que iba a un ciber con 1,50 pesos para jugar un juego en línea, aparece unos años más tarde enterrado como NN en un cementerio. A nadie le importó mucho, y es lógico porque ahí, en otras épocas la gente siempre desaparecía. Uno más, uno menos, no cambia mucho las cosas. Ah, me olvidaba, en un capítulo de ese cuento, aparece una ciudad que queda sin transporte público durante 10 días, o 15, creo, otra vez ¿A quién le importa? Los trabajadores, estudiantes y jubilados que son los que más lo usan quedaron casi sin posibilidades de desarrollar sus tareas. Me parece que ninguna autoridad se hizo mucho cargo, nadie protestó, nadie se movilizó, bueno es normal, ahí no hay mucha preocupación por las cosas del pueblo. Con decirte que, en la misma localidad se corta el agua casi todos los días, y tampoco nadie hace mucho. Me apuro a decir que en ese país también han caído fuerzas del orden en cumplimiento del deber. También hubo héroes que lo defendieron en una guerra planeada por un general de sueños etílicos, mandamás por aquel entonces.

Y también enfatizo en que sería deseable que las personas que infringen la ley en cualquiera de sus formas debe ser juzgada en juicio justo, y de ser hallada culpable, debe cumplir su condena. Lo hago explícito porque en ese país hay gente que me va a acusar con frases del tipo “defienden a lo’ chorro defienden”. Pero no para de asombrarme la falta de solidaridad y empatía que puede observarse en estos pocos casos contados de manera caótica y al azar.

Bertrand Russell, un filósofo, matemático, escritor y ganador del Premio Nobel de Literatura (este sí es real) dijo que había dos tipos de sensibilidad: la directa, que sería compartir el sentimiento, esto es llorar cuando alguien llora; y la “sensibilidad inteligente” que está como atrofiada en las sociedades como la del cuento, que es, por ejemplo, no conmoverse al ver que la pobreza supera el 30%, porque es solo un número y “a mí no me toca” (sí que es un número que 13.000.000 de habitantes sean pobres en ese país del cuento que produce alimentos para 400.000.000 de personas).

Por supuesto que la selección de hechos de esta narración es fragmentaria e incompleta, pero los refiero de la forma más fiel y como me vino a la cabeza, después de todo allí a nadie le importa nada y esto es una fábula. ¿O no?

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