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Domingo 21 de Junio de 2020

El aumento de casos de coronavirus en la ciudad de Paraná no sorprendió. Mirando fotos en las redes sociales y observando a la gente que paseaba en la Peatonal San Martín, entraba a los comercios o charlaba en las veredas, se notaba un relajación en los cuidados. Cualquiera podía presagiar una situación delicada como la actual. Si a la distensión por la ausencia de casos le sumamos la maquinaria mediática anticuarentena, que tiene como una de sus voceras predilectas a Patricia Bullrich, muchos creyeron que el coronavirus era parte del pasado.

Otros confundieron reuniones familiares con encuentros con los muchachos de fútbol, o del barrio. No faltaron quienes pensaron que el barbijo ya era inútil, al igual que el alcohol, la lavandina o el aseo de las manos.

Hoy reina la angustia, en especial en aquellos hombres y aquellas mujeres que viven el día a día, porque todo está frenado menos la crisis y la inflación. El sector privado muestra serios problemas. Los 10.000 pesos del gobierno no alcanzan y los créditos no son para todos. Hay temor porque nadie sabe en qué puede terminar lo que comenzó el jueves pasado cuando en la capital entrerriana nos enteramos de una persona contagiada. Hoy ya tenemos 20 casos de Covid-19 y varios en estudio. Solo pasaron cinco días desde que se publicó la información y el virus ya se movió por todos lados.

Todos debemos ser responsables pero no sólo por nosotros sino también por el que tenemos al lado, por más que no lo conozcamos. Nadie está exento de contraer el virus. Pero tampoco salgamos a buscarlo porque ahí no habrá accidente sino intencionalidad.

La Argentina, por más que no les guste a los opositores al gobierno de Alberto Fernández, está haciendo bien las cosas. Hasta que no exista una vacuna, el aislamiento y una cuarentena (aunque sea más laxa) son el único remedio. Si no, solo basta mirar como están hoy los países que hasta hace poco tomaban como ejemplo los opositores a Fernández o los anticuarentena para defenestrar a la Argentina. Medios nacionales se cansaron de elogiar en sus portadas los modelos de Suecia y Nueva Zelanda porque supuestamente de forma más inteligente que la nuestra habían salido adelante de la pandemia sin cuarentena. Ahora no dicen nada.

Basta con leer los medios internacionales (por ejemplo El País de España) para notar que hoy Suecia es el segundo país de Europa en casos por cantidad de habitantes y tiene la segunda mayor tasa de crecimiento de la enfermedad. Ni hablar de oceánicos donde el virus comenzó a provocar daño otra vez por la falta de una cuarentena adecuada y el gobierno tuvo que ajustar los controles.

La angustia crece al mismo ritmo que la pobreza. Pero la única forma que existe hoy de combatir el Covid-19 es aislarse, higienizarse y usar barbijo. Y acá también es responsable la Justicia Federal que debe ser tajante en este tipo de casos donde se pone en juego la salud pública. En Bovril hubo un casamiento en el momento más crítico de la pandemia para nuestra provincia. ¿Qué espera la fiscalía para accionar contra el cura y los novios? Hoy no queda otra que ser solidario con el prójimo y cuidarnos.

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