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Dueño de su silencio

Castrillón generalmente dio buenos títulos periodísticos, pero las cuestiones a las que refería eran más serias que un título.

Martes 03 de Diciembre de 2019

El presidente del Superior Tribunal de Justicia, Emilio Castrillón, anunció ayer que no formulará más declaraciones periodísticas en lo que resta de su mandato al frente del tribunal más importante de la provincia. En ese sentido explicó que no hará más declaraciones “por una cuestión de respeto y representatividad” tras la elección del concordiense Martín Carbonell en su reemplazo.

Castrillón siempre alimentó polémicas, algunas veces lo hizo de tal manera que pudo considerárselo un provocador, como un juez descontracturado, que tal vez por la experiencia de someterse a la voluntad popular periódicamente supo poner en crisis posturas acartonadas y, si se quiere, mentirosas respecto de la ligazón entre el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo, o con la política partidaria.

¿Cómo no recordarlo, ya siendo vocal del STJ, musicalizando la transmisión de las elecciones de 2015, en su radio (según dicen) cuando festejaba al aire el triunfo del justicialismo?

“Un tipo rápido e inteligente, que se destacó tanto en la rosca política como en la tarea legislativa y judicial”. Esa es la definición elogiosa que, cuanto menos, comparten quienes lo aprecian y quienes no lo quieren demasiado.

Sin embargo, su costumbre de usar en los medios de comunicación los códigos específicos de ciertos ámbitos; referirse a determinadas situaciones con una jerga particular, no siempre permitieron que sus dichos fueran interpretados adecuadamente. A eso habría que agregarle cierta dosis de sinceridad brutal para desnudar las internas judiciales.

Castrillón planteó con desparpajo un reclamo salarial comparando su pequeña fortuna mensual con la de otros funcionarios también bien remunerados, tal vez sin considerar que ese salario que él despreciaba significaba 40 jubilaciones mínimas. Se burló –o lo que es peor, tal vez no quiso hacerlo– de la posibilidad de dar clases “por dos pesos con cuarenta” cuando le plantearon que además del salario judicial podía desempeñarse en la docencia.

Tal vez fue quien forzó que se conocieran los salarios de magistrados y funcionarios, aunque se presentaron de manera engañosa en muchos casos.

Castrillón sacó a la luz una batalla conocida en el Palacio de Tribunales entre el procurador y sus fiscales, por un lado; y varios de los miembros del STJ por el otro. Pero también sorprendió a los vecinos que concurrieron a reclamar justicia cuando revelaba estas internas como explicación de las situaciones que generaban los reclamos.

Castrillón sorprendió revelando la existencia de presiones que sufría a raíz de su opción por avanzar en determinadas causas judiciales, pero nunca terminó de aclarar a quiénes se refería, a qué casos, a qué personas, a qué roscas partidarias o a qué negocios. Tampoco respondió algún señalamiento puntual de quienes criticaba.

Nobleza obliga, Castrillón generalmente dio buenos títulos periodísticos, pero las cuestiones a las que refería eran más serias que un título.

Ayer llegó a la instancia de elegir a su reemplazante habiendo dicho: “Jamás me entregaré a las mafias, a los vendehumos, ni me arrodillaré por prebendas o apoyos”, claramente hablando de la elección de autoridades del Tribunal.

También dijo: “No cambio favores que no corresponden por cargos ni poderes; y mucho menos para que algunos que creen no han hecho las cosas bien, negocien para no ser investigados a través de nexos políticos enriquecidos”.

Y agregó, casi como una promesa de campaña: “Por una Entre Ríos fuerte, justa, equitativa y de pie; mi lucha seguirá siendo contra los tibios y temerosos cómodos para obtener tranquilidad efímera. Juré por la verdad y la Justicia”, señaló luego en tono esperanzador.

Si embargo, al otro día, como si nada, Castrillón anunció que no hará más declaraciones. A los contribuyentes que pagan los sueldos de los funcionarios del Poder Judicial, a los que dan clases por ‘dos pesos con cuarenta’, a la sociedad entrerriana en general le quedará la duda acerca de qué mafias negociaban, con quién, para encubrir a quién.

Y también quedará la duda sobre cómo hará Castrillón para luchar contra “los tibios y los temerosos”.

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