Causa Ilarraz
Miércoles 09 de Mayo de 2018

Según Ilarraz, una víctima "fascinada" por él pergeñó un plan en su contra

Durante casi dos horas, el acusado entendió que hubo un esquema conspirativo para perjudicarlo a él y a la cúpula del clero local

En la última indagatoria, que tuvo lugar el 24 de junio de 2015 en el marco de la instrucción de la causa, Justo José Ilarraz declaró durante ocho horas ante la entonces jueza de Transición Nº 2 Paola Firpo. Aquella vez el cura negó las acusaciones en su contra, y a la vez contradijo al cardenal Estanislao Karlic, que en su declaración escrita testificó que Ilarraz se hacía responsable de los hechos acontecidos y además le había pedido perdón. En ese mismo acto, en el que también respondió preguntas, reconoció que las denuncias por abusos se iniciaron a raíz de una importante enemistad con el exseminarista Hernán Rausch. Ayer en la última jornada de testimoniales, el imputado por Promoción a la corrupción de menores volvió a hacer uso de su derecho constitucional, y no solo se declaró inocente, sino que su relato tuvo varios puntos de coincidencia con lo que había dicho en la etapa preliminar. Así lo reconocieron varias fuentes con acceso al expediente, que indicaron que el cura volvió a hablar de un "plan orquestado en su contra", y señaló nuevamente a Rausch como el responsable de querer perjudicarlo.

TE PUEDE INTERESAR >>>>>> CAUSA ILARRAZ
Esta vez modificó su discurso, porque no aludió al posible entredicho con el denunciante sino que explicó que él generaba una especie de "fascinación" en Rausch, que preso de los celos puso en marcha una confabulación en su contra. En otro tramo de su extensa exposición admitió haber cometido algunos errores como responsable de los internos: la permisividad que había para ingresar a su habitación, dando privilegios que no debía, entre otros aspectos. "Planteó que se fue a Roma no por haber sido castigado, sino para hacer un curso. Y que cuando volvió se enteró de que lo estaban investigando por supuestos abusos", detalló el abogado querellante Marcos Rodríguez Allende.
Respecto de la carta donde habría expresado su arrepentimiento, Ilarraz consideró que en la misma quiso reflejar que su postura "no era acorde a un responsable de seminaristas", pero nunca mencionó el tema de los abusos, agregó el letrado. Ante los jueces Alicia Vivian –presidenta del tribunal–, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel, afirmó que entre 1990 y 1992 vivió los peores años de su vida, aunque por motivos ajenos a los hechos denunciados.
"Esto es tratar de buscar algún elemento para cerrarse ante la contundencia de pruebas que día tras día lo iban incriminando", alegó Rodríguez Allende.
Bajo esa misma estrategia, el sacerdote marcó algunas posibles contradicciones de las víctimas y se esforzó en demostrar que el plan pergeñado por Rausch también tenía como objetivo al arzobispo Juan Alberto Puiggari. Según su declaración, en este esquema participó el resto de las víctimas y en última instancia, se sumó un grupo de sacerdotes.

Pedirá la absolución
El abogado Jorge Muñoz rescató la posibilidad que su defendido tuvo de brindar su versión de los acontecimientos. "Es un delito que viene estigmatizado desde hace seis años", consignó al concluir la 11ª audiencia. Al realizar una valoración de la etapa de juicio sostuvo: "No se pudo romper el principio de inocencia establecido en la carta magna, así que más allá de los planteamientos vinculados con la vigencia o no de la acción penal y de las cuestiones relacionadas a la tipicidad de la conducta, entendemos que hay elementos para absolver".
Si bien evitó hacer una valoración de los dichos del acusado, recordó que Ilarraz planteó que "existió una organización de uno de los denunciantes y que ha quedado claramente demostrado que no ha habido ninguna clase de bloqueo psicológico como pretendían la querella y la Fiscalía. Era una organización sistemática orientada por razones que ellos sabrán, dirigida a aniquilar no solo a la persona del sacerdote, sino también a todo lo que tenía que ver con la Iglesia", reseñó en comunicación con UNO.
"Él entiende que hubo cuestiones personales, celos familiares de este señor con un hermano de él y sus compañeros de trabajo. Todo un pragma que viene desde hace muchos años; estamos hablando de hechos cometidos hace más de 20 años. La mirada de la defensa que pueda hacer el imputado no se puede discutir mucho", apuntó.


Nuevo testigo-víctima: "Dejé salir un monstruo"

Uno de los testimonios más contundentes de la jornada de ayer estuvo a cargo de un nuevo testigo-víctima. Su nombre surgió luego de la testimonial del cura Leandro Bonin y viajó especialmente a la ciudad de Paraná para contar los padecimientos que atravesó mientras se iniciaba en la carrera sacerdotal.
"Fuimos parte de una historia que no queríamos, la asumimos como pudimos y después de 27 años tengo que estar acá. Lo hice por mi familia, más que nada por mi mujer que me motivó a hacerlo y por mis hijos, porque no sé hasta qué punto toleraría que les pase a ellos", señaló Sergio Romero a los medios de prensa.
Mencionó que se ordenó sacerdote en 2004, pero que abandonó los votos a los pocos meses. "En ese momento el padre Néstor Kranevitter me recomendó irme lejos, porque en lo laboral me iban a cerrar todas las puertas. Estoy radicado en la zona del Alto Valle de Río Negro, en la ciudad de General Roca junto a mi familia", manifestó. Romero reconoció haberle contado sobre los abusos a Puiggari y a Maulión, aunque él no tenía intención de "afectar a la institución, por lo tanto hacía lo que me pedían y a veces el silencio sanaba. Después de lo que dije hoy –por ayer– dejo de correr, de ocultarme y que ese monstruo salga".
El juicio continuará hoy a partir de las 10 con los alegatos. Ayer se desistió del testimonio del cura Luis Ayana, y declararon la psicóloga que realizó la pericia de seis de las siete víctimas y un psiquiatra.

Comentarios