Historia de vida
Sábado 02 de Marzo de 2019

Paula, la abuela de 95 años que cura de palabra a los jugadores de Patronato

Cura el empacho, recalcaduras y la culebrilla. Es devota de San Bailón y fanática del Rojinegro. Paranaense por adopción; chinchonera, amante del boxeo y la lectura. Aún recita de memoria las declamaciones que realizaba en la escuela primaria. MIRÁ EL VIDEO

Paula Aranda tiene 95 años y es conocida en su barrio, El Sol, como la abuelita curandera. Cura de la culebrilla, recalcaduras, quemaduras, dolores de muela y ojeadura. Nació en paraje El Ombú, distrito Estacas, en el departamento La Paz. A los nueve años esquilaba ovejas, arreaba las vacas a los corrales y recolectaba maíz con una bolsa de arpillera atada a la cintura. Vivió un tiempo en Esquina, provincia de Corrientes y aprendió el idioma guaraní. Su madre falleció cuando ella tenía 12 años y, al año siguiente, sufrió la pérdida de su padre. Ella y sus siete hermanos quedaron huérfanos. Como era costumbre, los hijos varones del matrimonio quedaron al resguardo de sus padrinos y las mujeres de sus madrinas, pero ella eligió vivir con una tía, en la capital entrerriana.

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Producción Periodística: Valeria Girard/ Edición de video y diseño: Ayelén Morales

En Paraná trabajó durante años en el complejo escuela hogar Eva Perón y luego en las instalaciones del Consejo General de Educación, en el que se jubiló. A los 16 años conoció al que fue su esposo y padre de su único hijo. Es abuela de dos nietos.

Se define como hincha "furiosa" de Patronato, también de River: "A mucha honra", acota. Le apasiona el fútbol y sobre todo el boxeo. "A veces son las tres de la mañana y yo, con mate en mano, estoy: ´pegue´ ... ´pegue´", cuenta orgullosa. Sube escaleras, limpia, cocina, juega al chin chon y es una gran lectora. Aun recuerda de memoria las declamaciones que hacía durante los actos patrios, en su escuela primaria.

Llegó a la Redacción de UNO tiempo atrás, muy afligida, porque había perdido una cinta roja con dos medallitas. A la descripción, le sumó el relato de que ya le había pedido al Santo Bailon que la ayude a encontrar el objeto perdido, pero hasta ese momento no había obtenido resultado. "Si lo encontrás, tenés que bailarle un vals o un paso doble, sino en la próxima olvidate que te va a ayudar", dijo. Su mayor preocupación era que la cinta, que tiene 36 años y era la que usaba para curar y no se podía mojar. Si se encontraba a la intemperie y llovía, no podría utilizarla más. Allí radicaba su apuro por encontrarla. Regresó tiempo después con la buena noticia de que la cinta había aparecido.
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La vitalidad y humor de doña Paula a sus 95 años causa admiración. De contextura pequeña y mirada inquieta, asegura que su mayor orgullo es el cariño y el respeto de la gente que la rodea.

"Cuando era chica vivíamos en una zona de montes. Nos poníamos un pañuelo, hojas de tártago que son muy fresquitas y un sombrero, así salíamos a juntar maíz. Con nueve años sabía encerrar los terneros en un corral, era para que no mamen, porque si eso pasaba al otro día no teníamos leche para tomar", contó.

Alguna vez le planteó a su padre que quería ser cantante lírica. "Le dije que me alquile una casita con gente buena. ´¿Y para qué?´. Porque yo quiero cantar. En la escuela era la primera voz en el piano, me encantaba cantar. No se dio", recordó la abuela. Otro de sus sueños truncos fue ser policía. "En ese momento tenía a mi hijo chiquito. Mi marido me pidió que piense en él. Era muy arriesgado pero me hubiese gustado, por eso una de las medallitas que puse en la cinta es del santo patrono de la Policía".

"Furiosa" por Patronato

Paula lee todos los días diario UNO. "Dos termos de mate y lo leo completo, pero enterito eh...". Reconoce que su sección preferida es Ovación.

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"Los que están ahora tanto no los conozco. Luquitas Márquez era como mi nieto, ahora está jugando en el club Gimnasia de Mendoza. No voy a la cancha porque sufro de presión emotiva. Me cuesta hasta mirar los partidos. Miro por televisión, de reojo algunas jugadas, y ya me voy para otro lugar de la casa. Al rato vuelvo a ver cómo va, me pongo muy nerviosa", contó Paula.

Aunque a los jugadores actuales no los conoce personalmente, ella dice que los cura sin que ellos siquiera se enteren. "Veo en el UNO que algún futbolista del Negro se esguinzó o se recalcó y automáticamente lo curo".

La cinta roja
Nadie le enseñó a curar. No sigue los mismos rituales que las otras curanderas, ni realiza las mismas oraciones. Asegura que cuando era adolescente, ya viviendo en Paraná, se le presentó un pesebre a los pies de su cama, rosas de todos los colores y la imagen de la Virgen. "No sabía que pensar, estaba preocupada. Un médico me llevó a la Iglesia, allí me dijeron que lo que yo tenía era un don, y que debía hacer el bien sin recibir ni cinco centavos por ello. A mí la autorización para curar me la dio el Papa Pío XII", aseguró la entrevistada. Doña Paula cura de la culebrilla, recalcadura, quemaduras, dolores de muela y ojeadura.
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"El arzbispo me dijo, usted va a vivir muchos años, porque Dios la va a ayudar a vivir y va a inaugurar una iglesia. Con los años, cuando el seminario se mudó al predio en calle Don Bosco en el edificio de calle General Urquiza sólo quedó una capilla, por calle Andrés Pazos, por muchos años sin funcionar. Estuve en la reapertura, entramos a las 7 de la mañana y salimos a las 23. Fue muy emocionante porque allí estaba la imagen de la Virgen que había visto a los pies de mi cama. Ella fue a visitarme y quería que yo visite su casa", dijo.


La ayuda del Santo Bailón

No sólo acudió a UNO para pedir ayuda para encontrar su cinta sagrada. También invocó al Santo Bailón. "No falla. Perdés algo y le decís, ayudame a encontrar tal o cual cosa, y se hace el milagro. Eso sí, le tenés que bailar un vals o un paso doble en agradecimiento, sino olvidate que la próxima vez te va a ayudar", aseveró Paula.

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Paula cuenta que en algún momento llegó a preparar 60 litros de sidra para las fiestas navideñas, en momentos en que vivía su marido y se reunía toda la parentela. Hoy está acompañada de su hijo, de sus nietos y de todos los vecinos. Aún emocionada cuenta que en 2018 los empleados de un supermercado cercano a su casa le regalaron una torta y le cantaron el feliz cumpleaños junto a todos los clientes. Es la abuela curandera del barrio El Sol de Paraná.


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