Educación sexual
Domingo 23 de Septiembre de 2018

"Los que abusan no son tontos, no quieren ser descubiertos"

María Inés Franck es abogada, canonista y autora de la Guía de Prevención de Abuso Sexual, libro publicado hace un mes . Consideró que el lugar propicio para la educación sexual son las escuelas

El papa Francisco convocó al Vaticano a todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo para tratar –entre el 21 y 24 de febrero de 2019– la prevención de los abusos sexuales a menores. Tema que desvela al pontífice, sobre todo después de lo ocurrido durante su visita a Chile, que le costó duras críticas por su descreimiento a las víctimas. "Francisco se equivocó cuando descreyó de las víctimas de abuso en Chile pero pidió perdón, le costó caro. Pero creó una comisión en la santa sede y solicitó que se creen en todas partes", expresó la abogada y canonista María Inés Franck, una de las autoras de la guía orientada a la prevención de abuso sexual infantil en ámbitos educativos.


"La publicación del libro es de hace un mes, y no está en las librerías comunes, solo en la del Arzobispado y desde su aparición hemos desarrollado tres capacitaciones sobre esta temática. Pero desde que se creó la Comisión de Protección de los Menores de la Arquidiócesis de Paraná llevamos realizadas entre 20 y 30 charlas en toda la zona. La idea es llegar a todos lados", manifestó.







—¿Qué interrogantes le plantean los asistentes?
—Nos ha llamado mucho la atención que no hay conocimiento a fondo –tampoco es que tienen que ser expertos– pero de golpe, cosas que para nosotros son de sentido común, le abren los ojos. Determinadas situaciones, actitudes que por ahí uno observa pero no relaciona con un hecho de abuso u otro problema. Esa sensación tengo, de que la gente se va con los ojos abiertos, más alerta. Y eso es básico para la prevención porque si el que va abusar o abusa, ve que hay gente vigilando este tipo de situaciones, eso ya lo hace retroceder. Los que abusan no son tontos, no quieren ser descubiertos. Entonces cuando ven que se achica el cerco y sus actitudes son sospechosas, algunas veces sirve para prevenir y que no ocurra.








—La guía hace referencia a escuchar y comprender al que denuncia. ¿Cómo se capacita para estar atentos a las señales?
—Hay señales que los niños dan que ayudan a darse cuenta. A lo mejor no es un abuso, pero algo está pasando. El abuso está dentro del maltrato infantil, y no solo es físico o violencia verbal, sino también el descuido a las necesidades profundas del niño.







—¿Es importante prevenir el abuso desde las aulas?
—Nosotros pensamos que los adultos que están en contacto con los menores, los docentes y directivos del colegio, son importantes. Intervenimos en la escuela privada María Reina Inmaculada, ubicada en barrio Maccarone de Paraná, para acompañar a los directivos a realizar la presentación ante la Defensoría para que se investigue y se tomen las medidas correspondientes. Es muy doloroso. Y esto nos pasa con las capacitaciones, ayudan a que los adultos reaccionen con rapidez, porque cuando se enteran de que ocurre algo se paralizan. En Entre Ríos hay un protocolo que es muy claro en eso, hay que hacer la presentación lo más rápido posible, y sobre todo si se trata de una sospecha de abuso intrafamiliar. No es una denuncia formal, es un pedido de que se investigue. Sin exponer al menor porque le puede ocasionar un daño más y él es víctima, no culpable. En el capítulo 2 del libro de su autoría, referente a causas y consecuencias del abuso sexual de menores se cita a Stephen Rosetti, que resalta que los abusos pueden aumentar cuando una comunidad considera como un elemento tabú que no puede ser discutido racionalmente.






—¿Se puede prevenir con educación sexual en la escuela?
—Sí, creo que el lugar propio para capacitar o alertar, ponerlos en autos de lo que significa el abuso y las actitudes abusivas creo que el lugar propio para la educación sexual es en las escuelas, es mi opinión personal. Y también con la información adecuada según la edad. Hay una prevención que se llama inespecífica que significa darle herramientas al chico pero no específicas para el abuso. Por ejemplo, ayudarle a confiar en determinados adultos, a que no puede haber secretos, la autoestima, el generar en los niños una fuerte autoestima es una modalidad de prevención, el chico siente que lo que le están haciendo está mal y que puede y tiene que reaccionar. No se apichona. Obviamente cuando es chiquito no lo será tanto, pero esa prevención que no es específica del abuso previene también otras situaciones, como por ejemplo el bullying.





—¿Se perciben las señales si uno se enfoca?
—Sí, no hay que minimizar un cambio de humor solo porque se está en la adolescencia. Algunos pueden ser por la edad, pero otros no se explican. Por eso es importante saber. Capacitarse.






—¿Cuáles son los signos fundamentales para alertarse?
—Los signos son muchos. Pueden significar un abuso u otra cosa. Hay uno o dos que son altamente sospechosos. El más importante es un conocimiento de la genitalidad que tenga el niño que no sea apropiado para su edad. Si a los 5, 6 o 7 años el niño sabe algo muy íntimo de la genitalidad es porque lo vio, lo tocó, algo en ese orden le pasó. Si un docente vio esa conducta y le llamó la atención, debe hablar con el equipo directivo de la escuela para evaluar si no hay que hacer ya, con eso, una presentación en la Defensoría. Las veces que hemos trabajado con la Defensoría desde la Comisión de Protección de los Menores ha sido altamente eficiente y discreto, hacer una investigación que llegue a saber si pasó algo o no, si es verosímil.






—¿En Lucas González siguen trabajando?
—Cuando uno toma contacto con la víctima, mi opinión es que uno tiene que ser muy respetuoso de sus tiempos. Muchas personas que han denunciado o sufrido abusos es lógico que estén reacias a hablar con la gente de la iglesia, creo que nunca hay que forzarlo. Hemos ido y en algunos casos hemos hablado con víctimas y denunciantes y algunos casos sabemos que hay denuncia pero no la identidad de la persona, como en el último caso del sacerdote Hubeimar Rua. Estamos disponibles a ayudar, pero respetando sus tiempos.





—¿Entienden el rechazo que provoca que se presente una guía desde la Iglesia, después de los abusos ocurridos en el Seminario?
—Seguro, lo sabíamos. Siempre iba a ocasionar críticas. Así sea antes o después de un tiempo, nosotros estamos trabajando muy fuertemente en esto.




—Fue muy doloroso. Tanto para los creyentes como para los que no creen.
—Horrible. Rezamos mucho por las víctimas. Pero estamos dispuestos a trabajar para que no pase más. Y si nos tienen que criticar, recibir ironías o golpes lo vamos a entender. Es un camino largo.








—Hasta el Papa se preguntó ¿cómo puede causar tanto dolor una persona consagrada?
—Es escandaloso. Es verdad que los abusos ocurren en todas partes, pero es más doloroso cuando el que lo hace es una persona de iglesia. Un sacerdote, también un laico, como en el caso de la escuela María Reina Inmaculada de Maccarone, pero de todas maneras es el ámbito católico que debería ser cuidadoso. Le dejan a sus hijos con total confianza porque los niños son desde los Evangelios lo más importante, pero hay personas adentro que tienen esta tendencia, patología, que corrompe.







—Pasa mucho y en todo el mundo, porque cada vez hay más denuncias.
—Pasa mucho más de lo que uno piensa. Y creo que la comunidad académica se puso a pensar y a ver qué generaban tantas consecuencias, que se ven muchos años después. Los datos nos obligan a hacer algo con más fuerza. Que se hable es bueno, es un cambio. Nosotros no tenemos que focalizar en la crítica a la iglesia, sino trabajar para que no suceda.


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