Terapia

Hacer terapia: qué preocupa hoy a los entrerrianos que van al psicólogo

Mientras el impacto de la pandemia en la salud mental sigue siendo tema de debate hay cuestiones variadas de la vida diaria que impulsan la consulta y terapia

Domingo 09 de Octubre de 2022

Hacer terapia. A poco más de dos años y medio de haberse declarado la pandemia, hoy están en la mira los efectos que tuvieron en la salud mental de gran parte de la población el confinamiento, la incertidumbre y otras contingencias, a raíz de las cuales se incrementaron las sensaciones de soledad, la angustia, los cuadros de depresión, los trastornos alimenticios y las adicciones, entre otras situaciones. En muchos casos urge la atención de especialistas en salud mental para paliar las secuelas del encierro, el duelo por la pérdida de un ser querido por causa del coronavirus, la reconversión laboral obligada y demás; y también para tratar el impacto del escenario actual, signado por problemas económicos, desesperanza y otras variables que afectan la vida cotidiana de mucha gente que los sufre.

La buena noticia es que Argentina sigue siendo, por lejos, el país con mayor cantidad de psicólogos per cápita: según la organización Mundial de la Salud, son en promedio 222,6 por cada 100.000 habitantes. Le siguen Costa Rica, Holanda, Finlandia y Australia. En este marco, Entre Ríos se encuentra, según datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación, entre las provincias mejor situadas en cuanto a esta tendencia: hay 1.971 psicólogos prestando servicios. Luego se ubican San Juan, con 1.107; Santiago del Estero, con 916; Jujuy, con 835; Formosa, con 660; entre otras.

Matías Elsesser, licenciado en Psicología en Paraná, reflexionó sobre la demanda de terapeutas a nivel país y dijo a UNO: “Que Argentina sea el país que más psicólogos per cápita da cuenta de que hay una larga tradición y está muy arraigado en el imaginario social el concurrir al psicólogo. Ya no está el estigma que había hace 30 o 40 años atrás, de que al psicólogo va quien está loco”.

En este marco, comentó: “Habitualmente las agendas de consultas de la mayoría de los psicólogos están bastante llenas, porque normalmente hay trabajo. Hoy en día se consulta por diversas cuestiones, y hay casos en que se hace por prevención, que antes no se hacía: apenas ven algo en sus hijos o en su personalidad que no le gusta, muchos consultan o vienen a sacarse dudas”.

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Hacer terapia: qué preocupa hoy a los entrerrianos que van al psicólogo

Hacer terapia: qué preocupa hoy a los entrerrianos que van al psicólogo

Otro aspecto que fue cambiando con el tiempo fue el perfil de los pacientes y sobre esto mencionó: “Creo que hace unos años atrás, quien más consultaba era la mujer, pero actualmente está bastante más equiparado el porcentaje con los hombres. Hoy en día hay mucho más apertura, y realmente el hombre es mucho más sensible que antes y se permite más cosas. Y en cuanto a las edades, en general se hallan entre los 13 y los 50 años en la mayoría de más consultas”.

Con respecto a los principales motivos que impulsan la visita a un psicólogo en este tiempo, observó: “La mayoría tiene que ver con algunas cuestiones de ansiedad, o en otro punto cuestiones adaptativas de la vida cotidiana, principalmente laborales y sentimentales. Hay un estrés generalizado a nivel mundial, no solo en la Argentina, porque hay un replanteo sobre el trabajo y la cantidad de horas que uno le dedica. En Estados Unidos se produjo el fenómeno de que por esto mucha gente renunció a su trabajo, y por otro está la situación que hay desocupación y eso también genera estrés”.

Además, añadió: “Específicamente en Argentina el tema económico es un problema enorme y mucha gente está estresada sistemáticamente por eso y aparecen situaciones de peleas, enfermedades físicas también, en base también a ese estrés sistémico que está todo el tiempo cruzándonos”.

Acerca de cuándo es el momento de recurrir a un profesional, evaluó: “En primer lugar, es muy importante que las personas puedan dormir bien y tener una rutina, y que puedan hacer actividad física; tener una buena salud psicofísica. Si alguien no está pudiendo cumplir más o menos con un orden en su vida cotidiana, esa persona debería pensar en hacer algunos cambios, ya sea con ayuda de un terapeuta o no. Varía la gama de motivos que pueden llevar a consultar a un terapeuta, pero cuando uno siente que quizás no está cómodo con algo en su vida, es momento de hacerlo. O cuando los amigos o conocidos le dicen que anda mal y uno no lo ve, o le marcan tal aspecto que uno no percibe. Por ahí está bueno tener una mirada de alguien de afuera, imparcial, para tener mayor certeza y ver qué se puede hacer. Después hay cuestiones más graves, más específicas, por ejemplo cuando uno ve en los niños que ha habido un cambio de actitud de algún tipo y son pequeños llamados de atención para ir evaluando. No necesariamente por ser graves en sí, pero siempre para prevenir se puede tener una consulta”.

Por su parte, Mario Sarli, quien lleva 42 años en su ejercicio profesional como licenciado en Psicología de Concordia y en Buenos Aires, coincidió en que se fue modificando la disposición de la gente a hacer terapia, pero con un punto en común a lo largo del tiempo: “Siempre que la personas iniciaron consultas, tanto en los 80 como en los años siguientes hasta hoy, venían dispuestas a realizar el tratamiento”, refirió, y agregó: “Ha crecido la percepción social en torno a la importancia de la psicología y al rol del psicólogo, y a la salud mental, y esto incluye también la psiquiatría: hoy se puede consultar al psiquiatra sin necesidad de tener una patología severa y es parte de una percepción más suavizada, ya que antes estaba ligada esta demanda a la locura y con una cierta descalificación de la ella, lo cual se modificó sustancialmente”.

Sobre las cuestiones que impulsan la consultas, refirió: “Lo que observo, atendiendo en Buenos Aires y en Concordia, es que siguen existiendo ciertos núcleos de sufrimiento que están estrechamente relacionados con el territorio emocional, afectivo. Tienen que ver con el campo de las familias cuando chicos o jóvenes vienen de marcos familiares con dificultades que están impidiendo su desarrollo, su crecimiento. Y luego, este tipo de conflictos se expresa entre parejas y también son temas que hacen a las consultas: las posibles rupturas, o situaciones de separaciones, siguen siendo los núcleos más convocantes. Porque cuando uno está angustiado, la angustia no es por cómo le va al país, es por lo que le pasa a uno en su relación de familia, sus dificultades de orden más personal”.

Impulso a la profesión

Sarli analizó: “Ha crecido la percepción de ayuda que tiene la psicología en las personas, y no solo por una mayor difusión, sino porque también las escuelas comenzaron a considerar las dificultades de aprendizaje o las que genera la violencia dentro de una institución, y empezaron a incluir a profesionales de la salud mental, como psicopedagogos y psicólogos, que hacen que el staff interdisciplinario esté formalizado en casi todas las escuelas públicas y privadas”.

Acto seguido, sostuvo: “La escuela tuvo el ojo clínico institucional de ver que el problema de sus alumnos se asociaba a la problemática familiar. Esto propició la derivación, la solicitud de consultas o de tratamientos. Y creo que esto le dio un gran empuje al campo de la salud mental y al campo de la psicoterapias”.

A su vez, explicó: “Luego vinieron instancias formalizadoras, y cuando la ley de Salud Mental se implementó en el 2010 le otorgó a este campo, incluyendo a las adicciones, la posibilidad de ser un tema que tiene presencia en los estamentos públicos. Los hospitales públicos comenzaron a tener servicios de salud mental, o al menos se incentiva este espacio y que tengan también la asistencia específica de la psicología. Esto le dio un respaldo a la oferta sanitaria de proponer que haya profesionales en este territorio y que la gente tenga acceso de manera gratuita”.

Pese a estos avances, Sarli observó: “Aún falta mucho por hacer. Según mi apreciación personal, los espacios públicos necesitan incluir en los procesos terapéuticos y de repercusión de las personas afectadas, dinámicas que no repliquen el estricto modelo privado, que es individualista. Si se replica el mismo modelo, el paciente llega a la consulta, pero al turno lo tiene dentro de un mes”.

Un tema pendiente

Más allá de la cantidad de profesionales en ejercicio a nivel país y que el hecho de recurrir a un psicólogo sea una práctica frecuente hoy en día, a diferencia de otros tiempos en los que primaban ciertos prejuicios, no todos tienen acceso a esta instancia: si bien se ha avanzado en este aspecto, faltan políticas públicas que garanticen la atención de la población sin cobertura de salud, y el vínculo en muchos casos con las obras sociales se tensa y cuantiosos pacientes quedan sin poder seguir su tratamiento.

Sobre el tema, Matías Elsesser indicó: “En el ámbito público realmente está faltando muchísimo. Como en todo, casi nunca hay presupuesto. Sin ir más lejos, en la pandemia no fuimos declarados como esenciales en un primer momento. Y por ahí la salud mental sigue ocupando un lugar que lamentablemente no es prioritario. De a poco se van obteniendo algunos logros, pero hay muy poco lugar para los terapeutas; se crean algunos programas, pero tampoco hay difusión. Ese es un problema, por ejemplo tenemos un programa nuevo de atención a personas con conductas suicidas de Nación, pero hay muy poca difusión. Acá en Paraná, como referencia está el Hospital Escuela de Salud Mental, pero fuera de eso es muy poco lo que existe: hay algunos centros de salud que tienen algún psicólogo que no da a basto y que tiene que atender cada 20 minutos, y es más bien una atención primaria de derivación que otra cosa”.

En torno a las obras sociales, concluyó: “También está este tema, que no están pagando lo adecuado y nosotros tenemos cargas impositivas muy grandes, por el simple hecho de estar matriculados. Entonces, la mayoría decide no trabajar con obras sociales y económicamente se le hace difícil a la población, más allá de que siempre hay buena voluntad por parte de los pacientes y el psicólogo a encontrar la forma de continuar las terapias y se hace entre todos lo que podemos”.

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