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El piloto que atravesó el océano para ayudar a otros a salvar más vidas

El paranaense José Aguer participó de la misión sanitaria a China para traer insumos médicos al país. "Es un orgullo", dijo sin ocultar su felicidad.

Lunes 20 de Abril de 2020

Un paranaense realizó una travesía aérea de miles de kilómetros surcando los cielos. Pero su cometido no era romper ningún récord ni batir ninguna marca, sino que tenía un objetivo más noble: en un avión de Aerolíneas Argentinas trasladó desde China un cargamento sanitario con insumos médicos para darle pelea al coronavirus. José Aguer, piloto de la compañía de bandera nacional, fue uno de los 25 integrantes de la tripulación que completó un viaje de más de 62 horas y de 44.000 kilómetros ida y vuelta. El periplo partió desde el aeropuerto de Ezeiza, con escala en Nueva Zelanda, y por sus características es considerado histórico en este contexto. “No fue una experiencia común”, recordó Aguer en diálogo con el programa La Radio de Uno que se emite por la 97.1 La Red Paraná.

“En lo particular estaba muy emocionado junto a mis compañeros de poder colaborar de esta manera. Trajimos los equipos de protección, los insumos para los médicos que están dando la batalla contra la pandemia”, dijo con la alegría del deber cumplido.

Una de las curiosidades de la misión sanitaria estuvo dada porque en ningún momento los pilotos se bajaron del Airbus 330–200, reacondicionado especialmente para el transporte de la carga. Así revivió Aguer la experiencia: “En Shangai operamos con trajes de bioseguridad, guantes, gafas y polainas protectoras para el calzado. El avión fue sanitizado en Shangai por las autoridades chinas y posteriormente lo hizo parte de la tripulación técnica que viajó con nosotros”.

La convivencia de casi tres días con otros 23 hombres y una sola mujer transcurrió entre las tareas específicas que demandó la operación y las actividades de esparcimiento para pasar el tiempo. “Se formó un grupo humano excelente y la pasamos lo mejor posible. Nos alimentábamos con la típica comida de los vuelos de línea, algún refuerzo de frutas, pero no era distinta de lo normal. Por lo general, tratábamos de mantener los horarios de la comida, respetando el uso horario de la Argentina para no hacer cambios fisiológicos muy grandes”, describió.

Respecto de la modalidad de trabajo diario explicó que se organizaron cuatro equipos de tareas, correspondientes a las etapas de viaje: Ezeiza-Auckland, Auckland-Shangai, Shangai-Auckland y Auckland-Ezeiza. El primer oficial comandó el vuelo desde suelo argentino hasta arribar a suelo neocelandés. “En crucero nos íbamos rotando con el resto de los compañeros para volar un tramo cada uno. Como se repitió en todos los tramos, el responsable de cada tramo era el responsable de cada despegue y aterrizaje. Después tratábamos de que ese grupo descansara lo más posible”, detalló.

En declaraciones a la emisora aseguró que siempre trataron de estar distendidos, sobre todo cuando no estaban en funciones. José, en su caso, eligió llevarse libros, aunque otros llevaron películas u ocupaban el tiempo charlando y contando anécdotas. “Mientras los dos pilotos estaban al mando les llevábamos café o dándole conversación, para que se mantuviera un ambiente distendido, pero siempre atentos a la operación. Pero cada uno trataba de relajarse a su manera. Era más la emoción que el estrés, no tuvimos que distendernos demasiado porque estábamos muy contentos y muy emocionados de poder hacer este vuelo”, relató sobre la experiencia.

Con un país entero en vilo por una enfermedad que vino para quedarse, la importancia de este viaje sanitario adquirió mayor dimensión. Según Aguer: “Esta situación influye en la cabeza, pero positivamente, porque estábamos emocionados y contentos de hacerlo, porque era como un incentivo más. Nadie se sentía presionado y lo tomamos con la misma responsabilidad que cuando llevamos pasajeros: la operación siempre se hace bajo estándares de seguridad altos”.

El costado solidario pesó más que cualquier otra circunstancia, ya que toda la tripulación asumió el desafío pensando en la necesidad primaria del personal de salud, sobre todo de contar con las herramientas para hacerle frente al Covid-19. “Nuestros familiares y amigos nos mandaron mensajes de apoyo. En ese sentido fue muy importante el apoyo de la gente. Nos hizo motivar”, recalcó.

Volar para ayudar

José Aguer fue uno de los pilotos argentinos que se ofrecieron para hacer los vuelos de repatriación, tras suspenderse los vuelos comerciales regulares. Hizo algunos vuelos a Roma y el primero con destino a Madrid, en ese orden, para traer al país argentinos que habían quedados varados en Europa. Pero algo cambió la semana pasada, cuando la empresa lo llamó para una misión humanitaria. “Me dijeron que era un vuelo a China vía Auckland, y que si estaba dispuesto a hacerlo. Acepté inmediatamente, porque es un orgullo que me elijan para semejante vuelo”, narró

Sobre su formación académica recordó que comenzó a los 18 años en Córdoba, en la Escuela de Aviación Militar, aunque con el tiempo volvió a radicarse a Paraná. Además durante la charla habló sobre el gesto político del gigante asiático y al respecto manifestó: “Nosotros no somos extraños al resto de los ciudadanos. Todo el apoyo de otros países para con nosotros será bienvenido. Todas las donaciones que ayuden a los médicos a protegerse, poder cuidarse y cuidarnos al resto de los compatriotas es muy valorado, no solo del gobierno de China, sino de todos los países del planeta”.

Insumos críticos

Entre el material médico que se trajo desde Asia hay termómetros digitales, trajes de bioseguridad y kits de detección temprana de Covid-19. Mientras que el segundo vuelo sanitario llegó ayer al país con 14 toneladas de insumos críticos: hay test, trajes de bioseguridad, y una máquina que produce hasta 7.000 barbijos por hora, supo UNO.

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