Suplemento Aniversario 2018
Domingo 11 de Noviembre de 2018

El motín en el penal de Victoria le cambió el rumbo para siempre

A los 18 años, Cristian Pagliaruzza protagonizó la toma de la cárcel de menores. Estaba a días de salir en libertad, pero quedó marcado por esa historia. Hoy el "Toro" tiene 40, está con salidas, pero le niegan la condicional. Una historia de condenas y hostigamientos de la Policía, como a tantos jóvenes de la zona oeste de la capital provincial.


Yo habré agarrado la calle a los 14, 15 años. Empecé a juntarme con pibes conocidos del barrio, ellos ya frecuentaban la calle, ya consumían marihuana, pegamento, cocaína, en ese tiempo no se tomaba tanto como ahora, antes era mucho más de inyectarse, como quien decía el pico, cuando te picabas.
Empecé a desvariar mi vida, a alejarme de mi casa, donde era un pibe normal, me levantaba, limpiaba, aprontaba el mate para cuando venía mi vieja que llegaba a las 12. Yo hacía todos mis deberes, iba a la escuela, pero tenía, como quien dice, una mala junta. Nadie me llevó ni me obligó, empecé a probar lo mismo que probaban ellos en la calle. Primero Poxi Ran, después marihuana, y después conocí la cocaína, alrededor de los 15 años. Andar en la calle era como tener una familia aparte, uno se sentía más identificado ahí, me sentía bien pero andábamos en malas cosas.
Mi familia es trabajadora, nadie tiene antecedentes, la única oveja negra soy yo por agarrar este camino. Y empecé a meter la mano en la lata, un caño de un lado a otro, buscando una moneda, ir a robar siempre sin lastimar a nadie, obvio. Y ahí empezó mi problema con la Policía. En esos tiempos era más de agarrarte a piñas, de pelear un poco, se usaba mucho el cuchillo, no como hoy en día que se compran un fierro para matarse, antes se usaban para robar, era muy distinto, han cambiado mucho los códigos.
Éramos cuatro o cinco pibes que andábamos de un lado para otro. Eso sí, nunca le robamos a un vecino porque el vecino te cuidaba antes, era muy distinto, por ahí sí bardeábamos en el barrio, le metíamos caño a repartidores, remiseros, kioscos, nos íbamos a todos lados, pero menos al vecino. Al barrio lo usábamos de aguante para poder caminar. Estamos hablando de San Jorge, Anacleto, Santa Rita y Gaucho Rivero, porque es todo un barrio junto que lo divide una calle nomás, de vereda a vereda.
Por ahí nos juntábamos en la vereda 14 o 15 pibes, a escuchar música, hacíamos bochinche, pero nadie nos decía nada. En ese tiempo teníamos policías de la jurisdicción del barrio que hacían la misma joda que nosotros, se los veía en pedo, cantando por la bocina de la camioneta, y ya venían y te pateaban los tobillos, sin motivo. Como son uniformados no les podés decir nada. Por ahí tenías pibes sanos que por escuchar un Hermética, un Almafuerte, un Malón, ya eran delincuentes, cuando vos lo ves que hoy en día son pibes sanos, sin antecedentes. La Policía, no todos, hacen uso y abuso de la autoridad.
A los 15, 16 años, seguía con mi vida, andando de vago, pensando que uno va a estar bien, que los que se juntaban conmigo eran los más malos, y durante el tiempo que vas creciendo te das cuenta que no es así. A muchos los cazaba la Policía y les pegaba, lloraban, y ya me iba dando cuenta de que el que más bancaba y ponía el pecho era uno, siendo más chico que ellos.
Y así empezó mi problema en la calle. Éramos dos pibes inseparables, hacíamos todo juntos, y después de un tiempo, en el año 97, yo tenía 17 años y el otro pibe 16, veníamos caminando, volvíamos de comprar cocaína y nos fuimos a la casa de unos amigos del bario Municipal, nos veníamos en bicicleta hasta Anacleto Medina, cuando llegamos a Gaucho Rivero nos encontramos con la Policía. En una esquina, lo único que vi fue una sombra, la reacción mía fue querer esquivar pero sentí un golpe que me hizo caer, sentí otro golpe más y cuando me di cuenta tenía seis, siete milicos al costado que me redujeron. Ahí me tiraron de pechito a la camioneta, me ponen una auxiliar en la espalda, se me sientan arriba para que no me mueva y me ponen un arma en la cabeza.

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Me decían: "Ahora cagaste, te llevamos y no te van a encontrar más, a vos ya te dijimos que te íbamos a hacer la de Gómez y Basualdo". Yo me di cuenta que me llevaban por la vuelta del caracol, para Las Piedras, dije "estos nos van a cagar a palos y nos van a dejar tirados en el monte".
Nos bajaron en un descampado en el paraje Las Piedras, nos empezaron a pegar, a cortar el pelo, con un chuchillo nos cortaron la ropa, nos dejaron desnudos, eran 14 o 15 policías. Nos decían que eran Escuadrón de la Muerte, algo así. Y le decía "bueno loco sacame las esposas si querés y vamos a pelear. Nos arrastraron 30 o 40 metros a piñas o patadas, nos llevaron a un aljibe viejo que hay ahí, lo cortan con un tajo en la nuca al otro pibe, se quiere prender, se agarra de los bordes, pero va cayendo arrastrándose hasta abajo.
A mí me tenían de rodillas con la cabeza en el brocal, me daban patadas en las bolas y el culo, hasta que viene uno y me dice "así vos sos el Toro", y me mete una estocada como los toreros en la nuca, me corta un nervio que me empezó a palpitar y moverme la cabeza. En eso alcanzo a mirar para mi derecha y veo que venía el cuchillo a la altura del cogote. Alcanzo a agachar la cabeza y me da en la quijada, me rompe una muela, y me tiran para el pozo.
Tuvimos un Dios aparte, porque salimos los dos sanos. Eran las 12 de la noche, el 5 de agosto, hacía un frío. Yo pensaba que iban a venir con un camión y nos iban a tapar con escombros. De noche se escuchaba un perro ladrar, el otro pibe me tapaba la cara por el agujero que tenía y yo chiflaba. Cuando el hombre del campo salía a buscar los animales, chiflé y vino el perro, se desesperaba, se acerca una persona que si mal no recuerdo se llamaba Jorge y me dice "Yo a vos te conozco, vos sos el hijo del Mono", le digo "Sí Jorge, tirame una cuerda".
Al rato, lo primero que vi fueron tres uniformados. "Más vale que no digan nada, ya van a ver". Pensamos que estábamos hasta las manos, que venían a terminar el trabajo. Cuando empecé a ver pibes, gurises, señoras, dije "zafamos". Se arriman Bomberos Voluntarios, ponen un palo y un sistema de correas, nos ponen un cinturón y nos suben. Fuimos al hospital, nos curaron, después me curaba mi hermana con cinco centímetros de agua oxigenada y uno de Pervinox. No me podía sentar porque tenía los testículos hinchados de tantas patadas. Después fuimos a Tribunales a hacer la exposición, estaba el doctor Toloy, que estaba de juez, y me dice "Toro, que raro que te pudieron agarrar". Y yo le dije "vos me mandaste a matar". Porque no puede ser que una persona siendo menor tenga carta blanca.
Ahí empezó todo el problema con la Policía, que no denunciés, hostigaban a mi familia.
Cuando cumplo la mayoría de edad ya había caído a Victoria. Estuve un mes, después tres meses de vuelta, por causas de andar peleando, por cosas así, y voy a juicio por Lesiones, por una pelea con un pibe en un barrio, me condenan y me dan dos años de prisión efectiva. Era mi primera condena. Como en ese tiempo tenía problemas de adicción, tomaba y me inyectaba cocaína, en el juicio estaba repálido, estaba duro, el cuerpo me pedía sustancia y transpiraba. Cuando me miran el brazo tenía pinchaduras y ahí me depositan en un centro de rehabilitación, en Esperanza de Vida de Rosario. Era el año 98. Estuve un año y medio y después me trajeron a la Unidad Penal de Victoria. Cuando volví estaba bien, no fumaba más, estaba haciendo cursos, me querían dejar trabajar de terapeuta en Rosario.
Estaba esperando la condicional, porque era una condena corta. Fue un jueves, y me dijeron "el miércoles que viene tenés noticias". Y el lunes se hace el motín en la ciudad de Victoria, en el 99, se tomó el penal por seis o siete horas. Murieron un par de pibes que mató la Policía, a otro pibe lo mató otro interno y de ahí nos llevaron a Gualeguaychú.

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Éramos un pabellón entero, ponele vos de 30 pibes en el pabellón, éramos siete, ocho los que nos enganchamos en el quilombo ese. Fue en el pabellón 1. Un pibe estaba mal, tuvo un problema con la familia, y empezó con que "yo me quiero ir, me quiero ir, vamos a agarrarlos de rehenes, que vamos a irnos todos". Y bueno, en eso nos juntamos cinco personas, y cuando empiezan a hacer el recuento nos armamos con arpones y empezamos a reducir a los penitenciarios. Muchos se metieron en sus piezas. Este otro muchacho estaba mal y uno por hacerle la segunda porque se quería ir, pasó eso, si era por las buenas era mejor.
Cuando empiezan el recuento se agarró uno, se agarró otro y cuando te diste cuenta se agarró el penal. Ni bien entrabas, había una puertita de madera, como un horno giratorio que tenían un montón de armas, y ahí empezamos a agarrar armas. Yo lo primero que quería hacer era cazar un montón de metras y pistolas, meterlas en un bolso y me quería ir, quería llegar a Paraná. En ese tiempo seguía con los problemas de adicción y tenía problemas como quien dice con un par de gente que andaba vendiendo porquerías. Quería agarrar un fierro para ir a vengarme.
No pudimos zafar ninguno, salimos afuera y volvimos adentro. Fue en el pabellón 1, de ahí agarramos para el 2, para el 3, "¿Vos querés salir?", reventé candados, "Ahí tenés fierros, tirá si vos querés". Y así empezó, pero después dejaron un pibe tirado, al rato dejaron otro, y al rato quedó otro tirado del otro lado. Y ahí un par se empezaron a asustar y a tirar los fierros para adentro, hasta que quedamos dos o tres, y cuando te diste cuenta miraba para arriba y tenía 20 lucecitas rojas en el pecho, en la cara, en todos lados, porque había muchos grupos de todos lados, no sé de donde salieron tantos.
Después del motín de Victoria me pasó de todo. Nos llevaron a Gualeguaychú, porque es un penal de castigo, te reciben como en muchos penales, a los golpes, ahora ha cambiado, pero te van a pegar igual. Me pegaron una chirleada bárbara, me bajaron un montón de dientes, tengo la nariz doblada hasta el día de hoy, cadenazos, agua caliente.
De Gualeguaychú nos llevaron a juicio en Gualeguay. Éramos 30 y pico en la causa, quedamos 27. Nos hicieron una causa colectiva y condenas individuales, por tomar rehenes, no sé qué más, pero de última yo nunca supe qué hacían tantas armas en un penal de menores. A mí me dieron seis años y dos meses. Al que más le dieron fue 13 y 14 por una boleta interna.
Y bueno, ahí en ese tiempo nos llevaron a Gualeguaychú y fueron desapareciendo cada cual a su ciudad. Terminé de cumplir cuatro años y seis meses en Gualeguaychú, nos trajeron a Paraná, ya vine con salidas, y empecé a salir en el año 2003, hasta el 2005 que me fui con libertad asistida. A los 18 días pierdo. Me sigue la Policía en el barrio, yo iba en bicicleta, pasa la Policía y me dice "pará pará", "dejate de joder, si me conocés", le digo. Pero ellos por molestar nomás. Y ahí ya nos chocan con la camioneta y nos hacen caer, pero no iba haciendo nada. Y ya me empecé a pelear, llegan más patrulleros, y me ponen un arma que estaba borrada del Renar pero del Repar no. Y yo no tengo acceso al Renar ni al Repar, se dan cuenta que era un arma que puso la Policía. Me piden un año y ocho meses y me terminan dando un año y seis.
Cuando estoy por terminar esa condena, que la terminaba en 2005, me imputan esta causa, Robo seguido de Homicidio. Estuve esperando tres años y pico de proceso, fui a un juicio, se anula, voy a otro juicio, lo anula el Superior Tribunal, voy al tercer juicio y me dan los 14 años. En todo ese tiempo había hecho tres condenas, una atrás de otra.
Me buscaron todas las vueltas habidas y por haber para que yo no esté en libertad. Es un derecho. Ellos cometen miles de delitos y no se hace nada, porque sino se deben un favor, lo hablan a fulano que se las suaviza, y si tenés plata pagás un abogado que te arregla todo. Hoy es así. Hoy te meten a tres en cana y te largan dos, y van viendo qué negocio pueden hacer.
No tengo ninguna condena por robo, la única es esta del Homicidio, las anteriores son lesiones y el motín.
Entré a los 18 años privado de la libertad y hoy tengo 40 años y sigo en cana. Hice una condena de dos años, una de seis años y dos meses, una de un año y seis y ahora estoy pagando una condena de 14, en la cual llevo 12 años y cinco meses, ya estoy recontra pasado. Si pido un papel, se me demora un montón de tiempo como a ningún otro.
No tengo un castigo, no tengo un parte, he cumplido con la mayoría de las cosas que me han pedido, no me han cortado las salidas, vengo cumpliendo con todo para ver si tengo un poco de suerte para tener la condicional. He hecho todas las cosas bien para que me den la condicional.
Si no pasaba lo del motín, me hubiese ido en libertad en el 99, y mi vida hubiese sido distinta, porque me venían a buscar de Rosario, estaban por poner un centro de rehablitación en Paraná y me querían llevar para trabajar.
Yo tomaba cocaína, psicofármacos, pero hoy mi vicio es el pucho. A los guachos los ves que se matan las narices, le roban a la madre, al padre, al abuelo, al tío. Es preferible que se fumen un porro a que estén tomando merca o pastillas, es más tranquilo, no se va a mandar ninguna para seguir con el vicio. Y hay muchos kioscos pero centros de rehabilitación en Paraná no tenés ninguno, no tenés contención, tenés muchas cosas para meterte en el barro pero ninguna ayuda para salir del barro.
El Servicio te enseña oficios, tenés carpintería, herrería, mimbrería, muchas cosas. Te pueden dar un papelito de lo que vos hiciste, te abre la cabeza, pero en la calle ¿qué trabajo podés agarrar? Si salís con antecedentes ya te miran mal. Hoy en día, por lo que pasó con Varisco y el Tavi Celis, no quieren dejar entrar a gente con antecedentes a la Municipalidad. Pero si fuera por eso yo creo que en la Municipalidad muchos tienen una caída por andar sin documentos.
He visto muchas cosas hoy en día que no pasaban antes. Hoy los pibes entran a la casa de un vecino para ver cómo entran cuando se vayan. En la cárcel, antes se aguantaba el chirlo y hoy no, lo primero que pasa es que llaman a la madre, la ponen mal a ella, a la familia, y se pelean por boludeces, porque me miró feo. Antes yo iba para todo el barrio y si eras delincuente tenías que tener problema con la Policía nomás, no con aquel o con aquel. Hoy en día los ves y se agarran a piñas acá porque son malos, escuchan que el penitenciario hace crac crac con la 12/70, y se quieren meter abajo del piso. Entonces no son tan malos, chocate la bala de goma, como quien dice. Pero no, lo único que hacen es poner mal a la familia, "mami esto, mami lo otro", y hay muchas madres que le tienen miedo a los hijos por la forma de reaccionar, lo he visto en varias familias. Y las madres, por no saber qué hacer, porque se han cansado de golpear puertas pidiendo ayuda, y no tienen ayuda, terminan comprándole pastillas para que estén tranquilos, pero eso es peor, porque no lo sacás nunca de la dependencia.
Hoy en día estoy buscando mi tranquilidad, como quien dice, porque uno se ha cansado ya y quiere estar bien. Quiero disfrutar cosas que no he podido, cumpleaños, fiestas con mi familia, salir a pasear con ellos, salir a pescar, sé que no voy a recuperar el tiempo que ya perdí, pero por lo menos vivir experiencias que no he pasado con mi familia, con mi hermano, con mi vieja, con mi viejo, compartir un poco más.