Causa "Melli"
Miércoles 22 de Agosto de 2018

El médico Ferraroti contradijo a Berduc sobre el estado de salud del mellizo varón

En la continuidad del juicio por robo de bebés, el doctor Juan Ferrarotti habló del buen estado de salud de los hermanos Valenzuela Negro, por lo que el varón no habría necesitado un traslado a otra ciudad. Recordó los hechos, pero no dijo quién se los llevó desde el Hospital Militar al IPP, ni ningún otro dato útil para la búsqueda del niño desaparecido.

El médico Juan Luis Roberto Ferraroti tuvo protagonismo este miércoles en el juicio por la denominada "causa Melli", sobre todo por haber declarado lo contrario de lo que dijo el día anterior su colega Juan Alfredo Berduc. Ferraroti dijo haber visto a los mellizos Valenzuela Negro en el Hospital Militar en un estado de salud "normal", mientras que Berduc había asegurado que uno de ellos, el varón, estaba grave y necesitaba urgente una operación del corazón en una clínica de alta complejidad. Esta situación hizo que se evalúe la posibilidad de un careo entre ambos profesionales.

Concluyó así la tercera semana del juicio oral y público a los socios del Instituto Privado de Pediatría (IPP), Miguel Torrealday, David Vainstub y Jorge Rossi, acusados de participar en la sustracción y sustitución de la identidad de los hijos de los desaparecidos Raquel Negro y Tulio Valenzuela. Hasta el momento no han surgido datos fuertes acerca del posible destino del bebé varón, el que continúa desaparecido. Y Ferrarotti no sumó nada al respecto.

El juez Roberto López Arango y las partes concurrieron al domicilio del testigo, quien había manifestado que no podía concurrir a la sede del Tribunal Oral Federal de Paraná por motivos de salud. La prensa no tuvo hubo posibilidad de estar presente en la declaración, pero se pudo reconstruir lo sucedido. En principio, llamó la atención que contó detalles de su contacto con los bebés en la Terapia Intensiva del Hospital Militar, cuando en el juicio que se hizo hace siete años aseguró no recordar absolutamente nada.

Básicamente dijo que en la época de los hechos –1978, plena dictadura– se desempeñaba en el nosocomio de avenida Ejército, donde hacía guardias de 24 horas. Una mañana llegó a tomar la guardia y encontró dos bebés que estaban desde la noche anterior en una incubadora, en un pasillito, en un momento en que no había otros pacientes internados. No hizo ningún examen físico porque carecía de conocimientos sobre niños; pero sí se ocupó de que los derivaran. Contó haber hablado a la guardia para que los llevaran a algún lugar en que los pudieran atender correctamente, ya que ese servicio era solamente para adultos. Cuando volvió a la Terapia, en un lapso de 10-15 minutos, la enfermera que estaba allí le dijo que se los habían llevado en dos incubadoras diferentes. Fue ella también la que le dijo que eran un varón y una mujer, ya que él no sabía el sexo por no haberlos revisado.

Ferraroti contradijo lo manifestado por Berduc, acerca de que el varón padecía una cardiopatía congénita cianótica, por la cual debía ser trasladado para una operación a Buenos Aires o La Plata. "Cuando los vi estaban respirando normal. No había cianosis. Ni vi que estuvieran agitados, más allá que de por sí los bebés respiran más rápido que los adultos", expresó. Si bien indicó que tomó la guardia siguiente a la de Berduc, que era quien hacía el turno el día anterior, no recordó haber tenido un diálogo con él como dijeron algunas enfermeras.

Según manifestó, fue la única vez que vio bebés en la Terapia Intensiva del Hospital Militar, donde no tenían ni los elementos ni los conocimientos para intervenir, por lo que era necesario el traslado. No supo de primera mano adónde los derivaron, hasta que la enfermera que estaba presente le dijo que habían ido al Instituto Privado de Pediatría.

Aseguró que tampoco vio al médico del IPP que fue a retirar a los chiquitos; no supo quiénes eran los padres y no vio la planilla de internación. Después de la derivación se retiró, porque no había otros pacientes.

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Hace siete años
Durante el juicio por la causa Hospital Militar, que se realizó en 2011, Juan Ferrarotti tuvo un testimonio muy distinto al de este miércoles. En aquella oportunidad manifestó no recordar la internación de los hijos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela. Ni siquiera tenía presente haber escuchado comentarios al respecto, a pesar de que las enfermeras se acordaban con detalles por haber intervenido o porque era información que circulaba en aquel momento en el hospital.
Ferraroti aseguró que nunca vio mayor movimiento de militares a lo habitual, en contradicción con lo afirmado por testigos respecto de los días en los cuales estuvo internada Raquel. A partir de eso la jueza Lilia Carnero le preguntó si tenía "algún problema de vista", ya que le llamaba la atención esa contradicción, y le recordó que si omitía información podía incurrir en falso testimonio. "No tengo ningún problema de vista", respondió, y se defendió diciendo que había que ver "cuándo y dónde" se había notado esa cantidad inusual de militares. "Se nota que las enfermeras tienen mejor memoria que los profesionales", acotó la magistrada. "Puede ser", se limitó a contestar el testigo.

"Estábamos permanentemente encima de todos los chicos"

César Etchart, médico neonatólogo, actual jefe de Pediatría del hospital Fermín Salaberry de Victoria, declaró para aportar información como experto en la materia y por lo que conoció del IPP cuando trabajó allí años después de la internación de los mellizos Valenzuela Negro, entre 1983 y 1987. Por ejemplo, habló de cómo se hacían las derivaciones y señaló que entre el médico que derivaba y el que recibía era norma pasar todos los datos sobre el niño y la madre, cómo fue el parto y en qué condiciones nació la criatura, todas informaciones que se omitieron en este caso.

Aseguró también que los médicos de guardia del IPP hacían la evolución de los pacientes en todo momento. "Estábamos permanentemente encima de todos los chicos", dijo ilustrativamente, y aclaró que eso era una "recomendación expresa", parte de las normas de trabajo en la neonatología de la institución. Esto desacredita la posibilidad de que los acusados no hayan tenido conocimiento de los hechos. Lo mismo sucedía con las altas, para las que era necesaria una evaluación "en equipo" entre el médico de cabecera y el médico de guardia.

Etchart también contradijo a Berduc, en tanto negó que fuera posible diagnosticar una cardiopatía congénita cianótica sin realizar estudios y sólo con la observación del niño, como dijo el cardiólogo que actuó. No obstante, señaló que en caso de que un bebé tuviera esa complicación, la derivación debería hacerse directamente a un centro de alta complejidad, sin pasar por el IPP.

Asimismo aseguró que Miguel Torrealday era el director del Instituto de Pediatría, era "la autoridad máxima". Inclusive los otros socios, ante algunas consultas puntuales, le decían: "Este tema hablalo con Miguel".

Otra declaración fue la de Elsa Beatriz Domé, asistente social que en 1978 estaba a cargo del Departamento de Recepción e Investigación del Consejo del Mejor. Ella explicó cómo se actuaba en casos de tener que buscar niños y niñas en el hospital San Roque que debían ser adoptados, con órdenes de la Defensoría de Pobres y Menores. No aportó información vinculada directamente a la causa.

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