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El ferrocarril, una pasión sin barreras

Ricardo Movio restauró trenes. Hoy trabaja como banderillero y, en sus ratos libres construye un circuito de ferromodelismo, su aporte a la historia del ferrocarril en Entre Ríos. MIRÁ EL VIDEO

Viernes 14 de Junio de 2019

En su puesto, a la hora exacta señalada, Ricardo Movio aguarda el paso del tren que une Paraná con Colonia Avellaneda para bajar la barrera y organizar el tránsito. Años atrás trabajó en la restauración de los coches. En 2008, junto a otros compañeros, fue despedido. Luego los reincorporaron y hoy, a tres años y medio de jubilarse, ocupa su tiempo libre en la confección de un circuito de ferromodelismo. Dice que es su aporte a la historia del ferrocarril en Entre Ríos.

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Con uniforme con reflectivos, zapatos de seguridad puestos y una banderilla roja, comienza jornada laboral. Su lugar es al lado de la barrera, en la calle, entre las vías del tren, haga frío o calor, organizando el tránsito e intentando que se respeten las señales.

“Todos me saludan cuando estoy en la barrera. Es que soy conocido porque trabajé y anduve por todos lados”, contó a UNO el ferroviario. Fue bancario durante 15 años, hubo épocas en que se dedicó a vender bolsas, en otras fue remisero, un verdadero buscavidas. Pero, finalmente, como buen hijo de ferroviario, no esquivó el destino.

Se incorporó al oficio casi por casualidad, movido por su espíritu curioso, por su mirada inquieta. Un día, mientras manejaba un auto de alquiler vio “movimiento” en los galpones del ferrocarril, en Paraná. Le llamó la atención, porque hacía tiempo que la estructura gigante estaba en desuso y los trenes, dormidos.

Al pasar por los galpones vio un grupo de gente que iba y venía. Como hacía mucho tiempo que el ferrocarril en Entre Ríos estaba inactivo y su pasión siempre fueron los trenes, se acercó para averiguar de qué se trataba.

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“Soy hijo de ferroviario. Mi padre entró al Ferrocarril Urquiza con 19 años y se jubiló a los 65. Siempre quise entrar, pero él no quería. Nunca le pregunté por qué pero me quedé con esas ganas. De grande surgió la posibilidad. En 1999, cuando todo esto ya estaba abandonado vi movimientos raros. Eran unos muchachos del Ferroclub de Villa Lynch, en Buenos Aires. Estaban sacando unos vagones, autorizados por el Estado. Hablé con ellos, al otro día volví a ayudarlos, y así fue durante esos dos meses de trabajo que les llevó trasladarlos”, contó Movio.

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Continuaron en contacto ya que ese grupo de trabajadores tenía el proyecto de hacer correr los trenes en Entre Ríos y Ricardo les hacía de nexo con las autoridades entrerrianas. “En el 2005, a través de estos muchachos, una empresa privada quiso restaurar un viejo coche motor Fiat. Como yo era de Paraná me encargaron que conforme un equipo de trabajo para llevar adelante esa restauración. Me contacté con los viejos empleados del ferrocarril, que eran los que sabían”, relató el entrevistado.

En 2006 comenzó la reparación, con grandes dificultades para conseguir los repuestos. En 2007 lo terminaron e hicieron el primer viaje, con destino a Curuzú Cuatiá (Corrientes). “Fue una emoción inmensa para nosotros y para la gente que, después de tantos años, volvía a ver pasar un tren. Nos esperaban con banderas y cánticos, fue una vivencia hermosa”.

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En 2008 recibieron el telegrama de despido porque hubo una serie de proyectos por parte de la empresa privada que finalmente no prosperaron. “Habíamos terminado un coche motor y llevábamos la mitad de otro. Nos despiden de la empresa y se crea la Uefer (Unidad Ejecutora Ferroviaria de Entre Ríos). Allí nos convocaron nuevamente para ser mecánicos. De a poquito, con pocas herramientas fuimos reparando varios coches. Pasaron diez años de eso, hoy esos coches no se mueven pero están en condiciones de viajar”, señaló Movio. Cuatro años más tarde pasaron a depender de Nación, hasta la actualidad.

“En la época de la Uefer la mayoría de los trabajadores entró al taller y había un grupo que se dedicaba a restaurar la vía. Nosotros terminamos de reparar los coches. La Provincia había comprado un coche Matefer y con esos se hicieron dos viajes exploratorios a Concepción del Uruguay. Iba el Materfer primero y atrás la locomotora con los vagones que nosotros habíamos reparado”, continuó su relato Movio.

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Al depender de Nación y, argumentando las autoridades nacionales, el mal estado de las vías, se empezaron a suspender servicios a tal punto que hoy persiste sólo un recorrido diario.

Hasta hace unos años, desde Paraná había otros ramales: a Fontana, previo paso por Oro Verde, y a Concepción del Uruguay. Este último salía los viernes y volvía el domingo. Sobre rieles también se podía viajar desde Basavilbaso a Villaguay. Ninguno de los tres funciona, parecen haber corrido la suerte de esa premisa triste de los 90: "Ramal que para, ramal que cierra".

El servicio que llega hasta Colonia Avellaneda parece un sobreviviente en medio de las otras unidades corroídas por el óxido y de las estructuras de los galpones desguazados, símbolos de una época dorada de la red ferroviaria que ya es historia. Los más de 40 trabajadores también son sobrevivientes y anhelan que aquellas viejas estructuras desguazadas vuelvan a cobrar vida y movimiento.

Ricardo Movio anhela poder jubilarse de ferroviario y poder dedicarse a su hobby, que son los trenes. “En el local de la Unión Ferroviaria estoy haciendo un circuito de ferromodelismo, que son trenes a escala. El tren es una pasión, me encanta. A los más jóvenes, que son los que tienen muchos años por delante, les digo que sigan luchando para que se sumen más servicios y ésto siga viviendo”, concluyó.

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