Diálogo abierto
Viernes 07 de Septiembre de 2018

Cuando la altura no es barrera para los grandes logros

Ángel Ielpo –de la Selección argentina de fútbol de talla baja y badmintonista– y las razones de la fortaleza anímica.

Por estos días llena sus jornadas a puro entrenamiento y competición en las disciplinas a las cuales les dedica sus mayores esfuerzos en términos deportivos. Ángel Ielpo –quien disputará la Copa América próximamente– no descuida el largo plazo y ya visualiza los Juegos Paralímpicos de Tokio en 2020 como su gran meta.

Pasión por la pelota

—¿Dónde naciste?
—En Paraná, San Agustín –a una cuadra del club.
—¿Cómo era el barrio en tu infancia?
—No me iría nunca porque me crié allí. Un barrio humilde, tranquilo, con una cortada –llamada Martín Pescador– donde jugábamos a la pelota, al softbol, básquet y tenis porque no era transitada.
—¿Qué cambios urbanísticos hubo?
—Más que nada, el tránsito, y ya los chicos no pueden estar tranquilos por la velocidad.
—¿El club era una referencia?
—Sí, porque concurrí desde chico ya que mi mamá estaba en la comisión de básquet femenino y mi papá la acompañaba. Desde que caminé yo ya estaba con la pelota de básquet o de fútbol –hasta que conocí el baile y comencé a dejar– y gracias al club tuve bastantes conocidos. Andaba por todos lados, también por el club Peñarol –del cual soy hincha y entrené durante un tiempo –hasta que me quedé en la misma estatura. Era callejero y mis padres no me sobreprotegieron. Hice softbol en el Club CPEF –en el polideportivo– hasta que también tuve que buscar otro deporte para no tener gran diferencia con los otros en cuanto al crecimiento.
—¿Otros juegos?
—La bolita, las figuritas, la escondida y la cachada.
—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi papá era embarcado en Dragado y Balizamiento, y mi mamá, enfermera.
—¿Cuál fue el primero de los deportes que practicaste regularmente?
—Básquet, por mis viejos que me llevaban; primero no llegaba al aro y tiraba en uno más bajo, hasta que agarré fuerza.
—¿Alguien importante en cuanto a la formación?
—Tuve distintos directores técnicos porque iba a cualquier hora y también me colaba con las chicas. Donde había una pelota, me metía.

Orgullo y fortaleza
—¿En qué momento supiste del trastorno de crecimiento?
—Llegando a los 15 años vi que los chicos de esa edad tomaban una dimensión mayor; yo podía tener un mismo rendimiento pero un paso de ellos eran tres míos, así que tenía que ir a una categoría inferior. A medida que pasaron los años lo asumí y nunca dije "por qué soy así". Estoy orgulloso de ser como soy, porque estoy en muchos lados y me conoce mucha gente.
—¿Tiene un componente genético?
—La acondroplasia se da un caso cada un millón –ahora menos– y yo fui el afortunado en mi familia, ya que tengo cuatro hermanos de talla promedio.
—¿No hay ningún antecedente de un ancestro?
—No, buscamos en el árbol genealógico. Dios quiso que fuera así y estoy agradecido.
—¿Cómo lo elaboraste en los primeros tiempos?
—Lo principal es tener el apoyo de la familia y que mis amigos siempre me dejaron jugar con ellos. El ambiente te fortalece, aunque ahora ya no hay tanta burla. Antes decían "mirá el enano, "el de Los grosos" o "el del circo" pero no me influía y me reía, se daban cuenta que no me importaba y entonces quedaban mal con el resto de la gente.
—¿El momento más difícil?
—Cuando me llevaron al doctor le pregunté si podría hacer tal cosa u otra, me dijo que no y eso me potenció. Primero yo le decía a mi mamá que no podría jugar a la pelota pero seguí intentando. Todo chico tiene el sueño de jugar en la Selección argentina, me daba cuenta que no podría y gracias a Dios salió lo de la Selección argentina de talla baja, donde soy uno de los que viste la camiseta. En octubre es la Copa América –con diez países– y ya comenzamos a entrenar.

El deporte como norte
—¿Qué materias te gustaban?
—Matemáticas y Educación Física, las otras... tenía que aprobarlas porque si no en mi casa me quitaban la Play, la pelota o un video juego. Con un seis, era feliz.
—¿Sentías una vocación?
—Quería ser veterinario porque me gustan y cuido mucho a los animales. Cuando terminé la Secundaria me incliné para ser analista de sistemas pero duré tres meses porque no era lo mío, así que me dediqué a hacer coordinación en turismo. Cuando dejé, me quedé en Carlos Paz y hasta el año pasado estaba durante cuatro meses en un complejo estudiantil para egresados y a la vez estaba en una obra de teatro.
—¿Te gusta el negocio del turismo?
—El ambiente, la joda y tengo mucho carisma con la gente para coordinar.
—¿Qué deporte hiciste luego del básquet?
—El básquet casi nunca lo dejé –y me ayudó a desarrollarme un poco más– sino que hacía también otro deporte. A los 12 años comencé softbol –en Cpef–, ganamos campeonatos y éramos de los mejores, hasta que mi contextura no me dio para más, dejé y me metí un año en fútbol.
—¿En qué puesto?
—De 9, pero me ponían solo diez minutos porque no me daba el rendimiento. Jugaba al tenis de mesa casi todos los días y al padel. Sucede que hago algo, me aburro y elijo otro deporte. Hace cinco meses comencé con el bádminton, me gusta y le estoy metiendo garra porque juego con gente de mi misma condición en cuanto a estatura. Fue gracias a un compañero de la selección de talla baja que me comentó, me conectó con Pablo Pérez (entrenador), vine a Echagüe, lo vi, no sabía lo que era, parecía fácil pero no es tanto. También hice un campus en Córdoba donde tuve otro profesor que nos enseñó técnicas específicas.
—¿Qué modificaste en lo físico y técnico de los distintos deportes que practicaste, tras sufrir el problema de desarrollo?
—Soy fuerte de cabeza, sé lo que tengo, lo que puedo y no puedo hacer, y siempre trato de ir al gimnasio para tener más potencia y estar a la par de mis compañeros. Así que nunca me fui para abajo, ni me quedé en mi casa, y estuve con la mejor onda.
—¿En algún momento dejaste de hacer actividad deportiva?
—Cuando me operaron de una pierna –para corregirla– estuve parado un año, hice rehabilitación y seguí haciendo deportes. Tenía diez años y la verdad que "me cortaron las piernas", porque era un demonio y andaba por todos lados. Pero mis amigos me iban a visitar y no me aburrí, salvo que estaba inquieto.

Juanchito, el pirata
—¿Leías?
—Nunca me gustó la lectura, ni ahora, salvo el diario o un álbum. En la escuela era un desastre en cuanto a la lectura.
—¿Tuviste o tenés alguna otra afición?
—Con mi familia casi todos los días jugamos a las cartas. Y desde hace cinco años, la actuación. No tenía trabajo y tenía que hacer algo porque me iban a echar de mi casa. Me propusieron hacer una obra de teatro en Carlos Paz pero nunca había actuado. Me animé, llegué un día y a los dos días tenía que actuar, así que leí el guión en el colectivo.
—¿Qué personaje?
—Un pirata que estaba en una isla, perdido. Fui a un ensayo y al otro día era el estreno. Tenía un palo de softbol –como si fuera una espada– y cada tanto tenía que bajarlo, pero lo tuve levantado durante toda función, así que me quedó el brazo duro y al otro día no lo podía mover. Es una comedia de piratas para chicos de sexto grado.
—¿Qué consignas te dio el director?
—Me dijo que no mirara al público para no desconcentrarme, que no me pusiera nervioso y que hablara claro y fuerte, pero hasta la quinta función tartamudeaba. Hasta el año pasado continuamos con la misma obra –de lunes a lunes– así que las mismas funciones nos servían de ensayo.
—¿Otra anécdota durante una función?
—Somos tres de talla baja, Juancho y Juanchito (que soy yo) y el tercer personaje, un boxeador. Juanchito lo corre al boxeador y cuando tiene que hacer un giro, se cae y el público estalló de risa. No podíamos seguir y estuvimos durante un rato tentados de risa. En los camarines, con mi compañero hacíamos desastre, como escondernos en un ropero y asustarlos.
—¿Realizaste alguna formación o te integraste a algún grupo en Paraná?
—No; fui un solo día a una formación en el Juan L. pero no me gustó. Hago lo que me siempre hago.
—¿Mantienen la misma obra?
—Sí, el guión es el mismo aunque todos los años le cambian algunas cosas y le agregamos lo que improvisamos.
Un delantero en defensa
—¿Cuándo te incorporaste a la selección argentina de fútbol de talla baja?
—Hace tres años, por un compañero de Entre Ríos –de apellido Ledesma–, cuando estaba en Carlos Paz y ellos estaban por ir al primer partido internacional en Perú. Mis amigos comenzaron a mandarme imágenes y a alentarme. Cuando volvió de Perú le pregunté, fui, me probé en Paso de los Libres y me salió todo. El DT me preguntó de qué jugaba, le dije de delantero y me mandó a la defensa (risas). Juego de volante por izquierda y soy de los más goleadores, voy y vengo como carrilero –a pesar de que quería ser delantero. Me estoy entrenando porque lo de ir y volver te mata, para lo cual el bádminton me está ayudando –además del gimnasio– en cuanto a la explosión, el rendimiento y el ritmo.
—¿Cuál ha sido el mejor rendimiento?
—En Río de Janeiro –el primer clásico con los brazucas– cuando tuve el honor de hacerle tres y casi me largo a llorar. Llamé a mi familia, le conté a mi mamá y me puse a llorar de la alegría. Luego jugamos un torneo en Perú y ganamos.
—¿El próximo desafío?
—La Copa América –en octubre– que no sé todavía si se hace en el predio de AFA o en el Cenard. Desde la semana pasada estamos concentrados y entrenando fuerte para ganar el puesto. Queremos que la copa quede en casa y está esa presión.
—¿De nuevo Brasil es el rival a vencer?
—Sí, tienen buen equipo y juegan al toque, que nos falta, aunque tenemos más individualidades. Nos falta jugar en equipo.
—¿El reglamento tiene alguna variante?
—Es casi el mismo de Futsal salvo que se bajan los arcos a 1.80 metros con el mismo ancho, el saque lateral es con el pie y somos seis más el arquero.

Con la mira en Tokio
—¿Cómo fue la primera vez que practicaste bádminton?
—Fue extraño; el profesor me tiró la pluma y le erré (risas), tiró otra y le pegué...
—¿Podés resumir el juego para quien no lo conoce?
—La cancha y la red son como las de vóley –aunque más baja–, y la pluma no tiene que tocar el piso porque es punto para el rival. Es un corcho con pluma de ganso, más liviana que la de ping pong aunque practicamos con una de plumas de nylon –que no es tan liviana– porque jugamos al aire libre –mientras que es un deporte para lugares cerrados. Se juega al mejor de tres sets y a 21 puntos. Este fin de semana tenemos otra fecha del primer Regional de Parabádminton y de Bádminton en Paraná. Ya gané en single y en doble, así que si gano, me consagro campeón. Estoy entrenando tres días en Echagüe y dos en Paracao.
—¿Hay variantes entre una y otra modalidad?
—Es lo mismo, salvo que somos una categoría especial, por la talla baja y con problemas motrices.
—¿Y en cuanto a la estatura?
—La regla para parabádminton es hasta 1.45 metros.
—¿Un jugador más alto tiene mucha ventaja o lo podés compensar técnicamente?
—Si tenés más técnica que resistencia, lo podés igualar, ya que si te tiran una pluma corta a alguien de talla baja con piernas cortas te cuesta más llegar. Pero con mis compañeros le hacemos partido a casi todos y me ayuda a esforzarme tres veces más que si entrenaría con alguien de talla baja. Me hacen correr más.
—¿Cómo influye la potencia del golpe teniendo en cuenta que la pluma es liviana?
—Me cuesta el revés –el golpe más complicado– y estoy entrenando eso. Gracias al básquet tengo salto y me ayuda a rematar. En el caso de los jugadores de Primera, la pluma alcanza una velocidad de 220 kilómetros por hora. Estoy poniendo fichas para ver si puedo estar en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020.
—¿Hay posibilidad de impactar sobre la pluma en una parte que no es el corcho?
—Sí, cuando te la dejan al ras de la red puede ir del lado de las plumas y es más difícil agarrarla.
—¿Cuáles son tus referentes?
—Una chica española –Carolina Marín– y Viktor Axelsen –que son de los primeros en el ranking.
—¿Qué te impresiona al verlos jugar?
—Cómo se desplazan y el remate impresionante que tienen. En talla baja también observo jugadores profesionales de varios países, para copiar lo que hacen.


"Es fundamental que la familia no sobreproteja"

Ielpo se refiere a sus referentes deportivos, se ilusiona con practicar arquería y deja una recomendación con relación al desarrollo personal para las familias de quienes padezcan alguna limitación física.
—¿Otros referentes deportivos?
—De básquet, Manu Ginóbili, Lebron James y Michael Jordan; en fútbol, Riquelme, a quien lo vi contra Colón, y a Messi lo vi hace poco, entrenando en Huracán; en bádminton, los que te mencioné; en tenis, Del Potro y en automovilismo, Schumacher –que lo miraba por televisión junto a mi abuelo.
—¿Qué nuevo deporte practicarías?
—Arco y flecha; cuando era chico me gustaba Robin Hood.
—¿Sos disciplinado para el gimnasio?
—Me di cuenta que lo necesitaba porque estaba engordando pero con un mes que haga, quedo bien. Trabajo con pesas para potenciar piernas –porque jugamos en cancha de fútbol sala y la exigencia es continua– y brazos. Mi profesor se caga de risa porque voy tres días, la otra semana uno solo, y a la siguiente, todos los días. Soy un poco vago pero me cuido con las comidas y dejé las gaseosas hace cuatro meses. Me siento muy liviano.
–¿Una recomendación para quien por una dificultad física no se anima a practicar deportes?
—Lo primero es que la familia no lo sobreproteja, porque es un mal para él y no le permite ser uno más de la sociedad. Cada uno tiene que buscar su lugar de desarrollo, y la familia acompañar y apoyar.
—¿La sociedad tiene una mirada más abierta, en general?
—Antes me miraban diferente y me preguntaba si nunca habían visto un enano, pero ahora me conocen. Con la selección, cuando vamos tres o cuatro juntos, sentimos que nos miran y nos reímos. La gente se está acostumbrando porque nos ve en la tele. Lo más difícil, ya lo pasamos y ahora estamos bien.

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