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Un mensaje erróneo

"...Promover conductas que se vuelven contra el cuerpo social generalmente tiene consecuencias irreversibles..."

Lunes 16 de Septiembre de 2019

Una vez más la realidad nos golpea a la cara en materia de seguridad. Nos interpela. No es la primera vez que escribo contra la mano dura o el ojo por ojo, ideas que considero nefastas, y de las que los medios de comunicación se han valido para hacer el juego a sectores interesados en imponer a la sociedad la idea de un descontrol delictivo que solo es posible controlar con mano dura. Horas y horas dedicadas a la inseguridad solo para entretener y generar indignación y odio.

A principio de este mes en programas de radio, televisión, diarios y sitios digitales se informó de los asesinatos de dos hombres que supuestamente fueron confundidos con delincuentes, como si quitar la vida de un ladrón estuviera justificado. La forma en que se difunde la noticia influye directamente en el receptor, porque si el muerto hubiera sido realmente una personas que salió a robar, el tiempo y el espacio dedicados a ese tema hubiese variado notablemente, seguramente hasta se hubiera presentado como héroes o justicieros a los autores de esas muertes. Pero acá pasó algo distinto: falló el método, el asesino se volvió lisa y llanamente un asesino y todos los impulsores de aquellas ideas nefastas se quedaron sin argumentos.

Igual, uno podría fundamentar que esas muertes son los daños colaterales de un mensaje erróneo que hace muchos años venimos escuchando en Argentina. Cuando desde las altas esferas del Estado nacional, provincial o municipal se pregona el far west pasan estas cosas.

Los dirigentes cuando hablan tienen que poner paños fríos, deben medir sus palabras y ser claros en el mensaje que se le pretende dar a una sociedad que vive bombardeada por malas noticias. Ellos deben trabajar para que los programas de desarme de la población civil continúen y no como sucede ahora que no solo que se estancó, sino que se promueve desde el Ministerio de Seguridad andar armado, porque cuando se quiere poner como héroe a un hombre que tuvo la desgracia de matar a otro estamos en problemas. Uno de los casos más mediatizados en los últimos tiempos fue el de Daniel Oyarzún, el carnicero que mató a un presunto motochorro en Zárate, y que ahora es candidato a concejal. El trabajador que fue absuelto por un tribunal popular fue elogiado por algunos dirigentes del gobierno nacional. Y ahí está el problema. Esa conducta antisocial es celebrada y se propaga como un virus. Oyarzún no es un héroe.

En esta misma sección, ayer Daniel Caraffini escribió el bajo el título “Conductas contagiosas para un cambio cultural”. En su columna habla de los estímulos externos que recibimos y su influencia. En ese contexto tomamos las palabras de la máxima referencia en seguridad de la Nación que declaró tiempo atrás: “El que quiere estar armado que ande armado y el que no quiere estar armado que no ande armado. Argentina es un país libre”. Promover conductas que se vuelven contra el cuerpo social generalmente tiene consecuencias irreversibles.

Seamos más racionales que nunca y estimulemos políticas de seguridad democráticas y veremos que los resultados demorarán en llegar pero darán frutos que perdurarán por mucho tiempo .

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