Secciones
Miradas

Sobre la vida en el campo

Sábado 25 de Mayo de 2019

Hay una vida en el campo que es la que cuentan los productores agropecuarios que se movilizan cuando el Estado adopta medidas que tocan sus intereses. Es el relato que habla del sacrificio, de las alpargatas llenas de barro, del trabajo casi de sol a sol y de los aportes que este sector de la economía hace al bienestar del resto de los ciudadanos con el remanido discurso de que "todo sale del campo". Eso es lo que se escucha, y en buena parte luego se reproduce, en manifestaciones como la que se realizó el jueves en el centro cívico de Paraná en contra de la medida judicial que restringe las fumigaciones en cercanías de las escuelas rurales.
A la vez, con arengas de altos decibeles, quienes toman el megáfono o el micrófono hacen saber su enojo hacia esas políticas que impactan sobre sus ingresos y hacia los funcionarios o jueces que las disponen. Esas son, además, protestas en que traen sus camionetas o tractores a la ciudad y las despliegan en las calles. En otras ocasiones algunos han actuado con violencia y arrojado huesos de animales a otras personas o han intentado ingresar con maquinaria pesada a la Casa de Gobierno o han provocado el desabastecimiento de combustibles y alimentos como ocurrió con la puja desatada por las retenciones.
La puesta en escena tiene estos diversos elementos que le otorgan un sentido: una supuesta necesariedad del sistema productivo agropecuario actual para la vida económica de país, a tal punto que en muchas oportunidades no se admiten opiniones en contrario, por más que se refieran a los daños en el ambiente y a la salud humana que provoca el modelo o a la viabilidad de modelos alternativos.
No se admiten ni los estudios científicos, ni las voces de ambientalistas y profesionales de la salud, ni las experiencias de quienes sufren en su cuerpo los efectos de los agrotóxicos.
Hay otro relato de la vida en el campo que es, justamente, el que expresan los perjudicados por los pesticidas y sus familias. —Acá estoy, fumigada de nuevo. Hace tres días que estoy tirada —le dice a su hija una mujer de unos 70 años que vive en una zona rural de Paraná Campaña. Prefiere no hablar con los medios, no se sentiría cómoda exponiendo su dolencia y su sufrimiento. Pero su dolor llega a través de alguien de su familia al oído de este cronista. Y así se puede saber que hay momentos en que, compartiendo un almuerzo o un mate familiar, de repente comienza a sentirse mal.
—Por acá cerca debe andar un mosquito— comenta, en referencia a las máquinas que se usan para aplicar pesticidas, y con el correr de los minutos los síntomas se hacen presentes. Es que ya tiene el veneno en la sangre. Se le parte la cabeza. No soporta la luz. Le cuesta tomar agua y pasa de tres a cuatro días con ese malestar, sin poder comer y en la cama. Después comienza a recuperarse lentamente y la próxima vez que hable con su hija por teléfono le dirá:
—Hoy empecé a comer puré de calabaza.
Esto le pasa cada vez que fumigan en algún campo cercano a su casa. Los médicos le dicen que la única solución es mudarse: dejar su vivienda, su entorno, sus plantas, sus animales. Que no hay alternativa ante las fumigaciones. Claro que ella y su marido se niegan a irse.
La situación ha llegado a tal punto que no soporta la exposición a ningún tipo de repelente; ni siquiera un espiral para ahuyentar los mosquitos. Y así está desde hace 15 años, cuando empezaron a envenenar los alrededores de su vivienda. Pero lo que más preocupa a esta familia es la posibilidad de que se enfermen sus nietos o los hijos de sus vecinos o que los bebés nazcan con problemas.
No hay solo dos relatos. Esto es apenas una simplificación. Son numerosos los grises y matices que describen la vida en el campo. Lo que sí hay, innegablemente, es un modelo productivo que necesita de los agrotóxicos. Es decir: de estos productos depende el negocio de quienes se oponen al fallo de la Justicia y tal vez también dependa su subsistencia, lo cual es más grave aún. Salir de este modelo de muerte es urgente.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});