Agroquímicos
Martes 28 de Noviembre de 2017

Nos siguen envenenando

La Municipalidad de Gualeguaychú anunció un proyecto de ordenanza para prohibir la venta, el uso y el almacenamiento de glifosato en esa jurisdicción entrerriana. Además se presentó una segunda iniciativa que busca que las aplicaciones de agroquímicos dentro del ejido sean con previa autorización de Ambiente, y a su vez, prohibir las aplicaciones aéreas. Es la primera reacción de un gobierno municipal entrerriano ante el creciente problema de la contaminación del medio ambiente por el uso de agrotóxicos que tanto daño provocan a la salud de la población; solo basta recurrir a los informes científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su dictamen sobre el glifosato.

El aumento en la tasa de casos de cáncer en el Departamento Gualeguaychú –según revelan cifras no oficiales– encendió la alarma hace muchos años en algunas regiones. Basavilbaso, San Salvador y Urdinarrain aparecen como algunas de las más afectadas. En su momento, la inacción gubernamental ante la problemática generó la movilización espontánea en algunas localidades en favor de una mejor calidad de vida. Esto quedó reflejado en movimientos surgidos en San Salvador y Urdinarrain, que con recursos propios y fuerza de voluntad diseñaron estrategias para conocer el verdadero impacto de estos químicos.

Andrea Kloster, vecina de San Salvador, se reconoce como una de las pioneras en levantar estas banderas. Fue una de las creadoras de la ONG TodosxTodos que sembró la semilla para crear conciencia frente a un escenario donde se conjugaban patologías graves y casos fatales cuyas causas reales no eran posibles de explicar.

Primero se apuntó a la calidad del agua de la red pública que consumen los habitantes del pueblo, aunque algunos expertos pidieron que se tengan en cuenta "los químicos que se arrojan en cuadrantes con vientos a favor sobre el pueblo". La opinión pertenece al militante ambientalista Daniel Verseñazi, quien viene denunciando la gravedad de esta problemática. Es que el impacto de los agrotóxicos en materia sanitaria no se limita al cáncer, sino que se refleja en malformaciones y personas con afecciones en la piel.

La deteriorada salud de Fabián Tomassi es la mejor síntesis de las consecuencias del uso del glifosato. Exaplicador de una empresa de fumigación aérea en Basavilbaso, nunca tuvo la posibilidad de saber qué productos estaba manipulando. Le diagnosticaron una polineuropatía tóxica severa y su vida se debate entre tratamientos y un obligado encierro debido a su estado de salud. "Me estoy secando, estoy perdiendo la motricidad. La Medicina es parte de toda esta maraña de complicidades; siempre le exijo a la Medicina que diga todo lo que sabe", dijo resignado al programa ADN Periodismo Federal. Otra de las ciudades jaqueadas por este sistema agrícola sintético y al que nada le importan las futuras generaciones es Urdinarrain. Según un informe del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en la localidad entrerriana la concentración de glifosato constatada en distintos lotes está entre las más altas a nivel mundial. La información fue revelada por el periodista y escritor Patricio Eleisegui, investigador y autor del libro Envenenados, quien trabajó en base a una publicación científica internacional.

Allí la ciencia volvió a brindar algunas pistas de los riegos que implica el avance de la contaminación en la tierra, el aire y el agua. Lo que más duele de todo este modelo productivo es que no se fija a quién daña en su carrera por alcanzar la ganancia. Es el caso de los niños y docentes que concurren diariamente a escuelas rurales. Se estima que el 80% de estos establecimientos fueron alcanzados por aplicaciones con pesticidas. Son muchos más los testimonios que hablan del efecto devastador de estas sustancias, mientras la situación sigue agravándose, el Estado sigue sin tomar medidas que preserven el medio ambiente para las futuras generaciones.

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