Miradas
Sábado 27 de Abril de 2019

No todo es comunicación

Cuando el gobierno nacional, durante sus primeros meses, ejecutaba políticas que perjudicaban a grandes sectores de la población, la prensa aliada al macrismo solía señalar supuestos errores de comunicación que explicarían el disgusto que esas medidas ocasionaban. Así sucedió, por caso, con los tarifazos en los servicios públicos que llevaba adelante el entonces ministro de Energía, Juan José Aranguren. Según esa interpretación de la realidad, lo que provocaba rechazo no eran las subas exponenciales de lo que familias, comercios, industrias e instituciones debían pagar por la electricidad, el gas, las comunicaciones y el transporte, sino que era deficiente la manera como se informaba a la sociedad sobre las razones que llevaban tomar esas decisiones.
Del mismo modo, los ajustes en la administración pública, con despidos masivos y desfinanciamiento de áreas del Estado nacional, fueron presentados como indispensables para reducir el déficit fiscal. En parte esta estrategia funcionó, pero no con recortes indefendibles como el aplicado a las pensiones para personas con discapacidad. Esta medida fue hace poco declarada inconstitucional por la Cámara Federal de la Seguridad Social, que además dispuso el reintegro de los beneficios desde el 2016.
Ahora, cuando Macri anunció sus medidas de "alivio" mediante un video aparentemente casero realizado durante una supuesta visita a una familia de clase media, también se volvieron a escuchar críticas acerca del error de comunicación que eso representaba. Incluso periodistas y medios que defienden al gobierno remarcaban que el Presidente debió encabezar la conferencia de prensa en que se explicaron las disposiciones en lugar de enviar a sus ministros a hacerlo mientras él comentaba generalidades en las redes sociales.
El problema, en verdad, no es la comunicación, sino el programa económico del Gobierno y sus consecuencias, las que hacen que las mayorías populares sufran el deterioro de sus condiciones de vida, cada día un poco más. La dirigencia de Cambiemos lo que mejor hace es comunicar. Lo demostró en las elecciones de 2015, cuando el triunfo de Macri se logró mediante precisas estrategias de marketing político, apoyadas a su vez en técnicas de investigación social que hacían que los candidatos repitieran al unísono los mensajes que una importante franja del electorado esperaba escuchar. Los ejes, vale recordar, eran: la lucha contra la inseguridad, el narcotráfico y el crimen organizado; el combate contra la corrupción, la pobreza cero y la tan mentada "revolución de la alegría". Así se logró competir con éxito frente a un peronismo desgastado y disperso, carente de una línea discursiva definida que permitiera convencer a los votantes indecisos.
Esta efectividad comunicativa continuó durante los primeros dos años de mandato y, en 2017, consiguieron de la misma manera ganar las elecciones legislativas. En esa ocasión reforzaron las ideas de la "pesada herencia" y la corrupción kirchnerista. Pero desde el año pasado y sobre todo en lo que va de 2019, esto empezó a cambiar. Fue con la escalada inflacionaria que destroza los bolsillos de los asalariados y jubilados, las corridas cambiarias, el endeudamiento externo y eterno.
Ante el derrumbe de la imagen de Macri y el crecimiento de Cristina Fernández en las encuestas –consecuencia lógica de la debacle económica– los asesores comunicacionales del gobierno insisten con la misma estrategia, buscar responsabilidades en otros: el gobierno anterior, la situación externa, la falta de confianza de los mercados y, ahora, el temor a que vuelva a ganar el kirchnerismo. Si esto representa un error de comunicación se sabrá el 27 de octubre a la noche. Pero, por lo pronto, lo que los números y la simple percepción demuestran es que la comunicación no es todo; que la comunicación política no es toda la política y que el más perfecto marketing nada puede hacer contra la imposibilidad reiterada y sistemática de llegar a fin de mes.

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