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Miércoles 08 de Marzo de 2017

Las locas de mierda que ensucian las paredes", "las putas que quieren abortar", "las vagas que no quieren trabajar". Ya circulan toda clase de epítetos descalificadores para quienes vuelven a marchar este 8 de marzo, en el día Internacional de la Mujer, en una movilización planetaria que tendrá presencia en 35 países de todo el mundo, con las más variadas consignas reivindicatorias de derechos que van más allá de lo genérico. En Argentina, el movimiento que comenzó como reacción a la violencia de género y a los femicidios, hoy hace flamear banderas heterogéneas que interpelan a sectores de poder político y económico y no solo demandan respeto por derechos adquiridos, sino también más espacios y más equidad.
Las mujeres marchan para que dejen de matarlas pero también para que no les sigan pagando menos remuneración por igual tarea, para que no les sigan diciendo qué hacer o dejar de hacer con sus cuerpos, para que no se las juzgue por elegir otra cosa que no sea procrear. La base del movimiento se está ampliando y ya es intergeneracional.
Sobre la violencia, los números siguen siendo tan aberrantes como los hechos que los van amontonando en la fría estadística. En todo 2016 hubo casi 300 femicidios (290 contabilizados por una ONG), uno cada 30 horas; y, en lo que va de este año, fue asesinada una mujer cada 18 horas. Por eso las consignas de este #8M siguen siendo #NiUnaMenos #VivasNosQueremos, #BastaDeViolencias, #BastaDeFemicidios. Las mujeres se las cantarán en la cara a la Justicia, a las fuerzas de seguridad y a los funcionarios que deben actuar en prevención y asistencia a las víctimas y a sus familias, y "se están rascando"; a los que deben poner en marcha leyes aprobadas y no reglamentadas o a los que deben hacer cumplir otras que no se están aplicando.
También se demandará el aborto seguro para que las mujeres pobres no sigan muriendo y el cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral en las aulas, para educar sobre la naturaleza del sexo sin pacatería ni prejuicios religiosos.
Sobre el mundo laboral el pedido se basará en cerrar la brecha salarial que hace que las mujeres perciban casi un 30% menos que los varones. Este desfase, que se agranda en contextos de ajuste, se replica en el acceso a los puestos de poder, a pesar de demostrar las mujeres iguales o mayores capacidades que los hombres. El dato es fácilmente comprobable. En la Suprema Corte de Justicia hay una sola jueza; en los cargos del decisión del Poder Ejecutivo Nacional, de 24 miembros, solo tres son mujeres.
En el Congreso, y solo gracias a una ley de cupo, el 34% de las bancas legislativas está ocupado por mujeres y no se trata de un piso sino más bien de un techo. En los sindicatos el espacio se reduce aún más. Solo basta echar una ojeada a las fotos de la CGT para atisbar que, a pesar de estar la mujer omnipresente en cada rubro de la economía y de la clase trabajadora, su representación en puestos de poder gremial es mínima.
Otra de las tantas reivindicaciones por las que se marchará este #8M es para frenar la violencia institucional y poner en evidencia la violencia simbólica que revictimiza a las víctimas y justifica a los agresores. Se marchará, además, para visibilizar el trabajo de la mujer en el hogar, que excede aproximadamente en seis horas al trabajo remunerado. En este #8M no habrá "locas", ni "putas", ni "vagas", habrá personas marchando por sus derechos y por los derechos de quienes critican, juzgan y dicen que no los representan.

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