Caso Santiago Maldonado
Sábado 25 de Noviembre de 2017

Los desaparecidos que deberían unir al país

Los argentinos somos complicados, porque con el mismo argumento muchas veces se pide, se reclama y se exige de acuerdo a las conveniencias y no por lo que realmente sucede.

Hace pocas semanas la desaparición de Santiago Maldonado paralizó al país, y fue entendible porque no se debe permitir desconocer qué pasó con esta persona. Más allá de la partidización y politización que se hizo en medio de la campaña electoral, hay más dudas que certezas. Y si bien se determinó que murió por asfixia por sumersión, hay que conocer si tuvo o no que ver la Gendarmería. Todo lo otro es pura verdura, como dicen los pibes hoy.

Con el mismo criterio, creo que hoy la población debería volcarse a las calles sacar la bandera argentina y exigir saber qué pasó con los 44 argentinos que estaban dentro del submarino ARA San Juan. Si esta desaparición se dio por un accidente, por un problema inevitable o por la falta de mantenimiento de parte de este o el anterior Gobierno.

Cómo me gustaría ver a todos los referentes políticos unidos, incluso a los líderes de los derechos humanos apoyando a los familiares de los marinos, solidarizándose con los submarinistas que se encontraban realizando tareas de seguridad y defensa del país.

Me llama la atención el silencio de una parte de la comunidad que no dice nada, y como que el tema le resbala y no se le moviera un pelo por esta tragedia.

No debería importarnos si Maldonado era un militante de un determinado sector político o si apoyaba a un grupo que ideológicamente enfrentaba a otro modelo. No debería importarnos que las personas que se encuentran dentro del submarino, son marinos, es decir militares que tienen un uniforme de una fuerza de seguridad.

Son argentinos que son capaces de dar hasta la vida por el país.

De allí que debe existir el respeto y agradecimiento a ellos, y la solidaridad inmensa con los familiares que están perdiendo la esperanza de encontrarlos con vida.

Me daría mucha tristeza o vergüenza que se determine por quién deberíamos estar o no pendientes ante un determinado hecho.

Habrá que recordar que las instituciones militares son parte del país, compuestas por hombres y mujeres, familias que tienen los mismos intereses y deseos que el resto, que esta Nación sea mucho mejor.

Aún en estos tiempos, algunos trastornados hacen la relación directa y maldita que un soldado, un marino, un policía, un piloto o un gendarme por solo llevar el uniforme se transforma en un torturador o genocida. Los responsables de la tragedia de la nefasta dictadura militar fueron denunciados y condenados y bien presos que están.

Las fuerzas armadas se institucionalizaron, se democratizaron y forman parte de un país normal.

Una vez que se sepa qué pasó con el submarino y sus ocupantes, deberá llegar el momento de exigir respuestas.

Otro punto que se debería analizar en un corto plazo es qué queremos hacer con la defensa del país. ¿Seguir con elementos comprados en las décadas del 70 y del 80?

Aviones, naves y todo el sistema de defensa de la Argentina es obsoleto y deberá definirse qué hacer para adelante.

Es obvio que en un país con el 30% de pobres, lo primero que se debe priorizar es a los sectores más desprotegidos. Se informó en estos días que un submarino como el ARA San Juan tiene un costo de 500 millones de dólares, en tanto que una fragata misilística cuesta 300 millones. Mucho dinero hoy. Sumado esto, está claro que hubo un período de destrucción de todo lo ligado a la construcción militar en la Argentina.

Por lo pronto, lo único que debemos hacer es no caer en la estúpida grieta que nos propusieron algunos de los políticos de turno, como tampoco permanecer con el odio y rencor eterno por lo sucedió en el pasado. Estas tragedias deberían unir a los argentinos.



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