Como cabeza de fórmula del Frente de Todos, Alberto Fernández hizo campaña en 2019 con eje en la política económica del macrismo, que con tarifazos, inflación, suba del dólar, cierre de empresas y despidos masivos había desencadenado un serio deterioro en los ingresos de los trabajadores y las trabajadoras, además de comprometer el futuro del país con un préstamo inusitado contraído con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El Frente de Todos en una carrera contra el tiempo
Por Alfredo Hoffman
Alberto Fernández no pudo cumplir con su promesa de distribuir el ingreso. Ahora el Frente de Todos está obligado a reacomodarse en cuenta regresiva.
Fernández dijo que tenía la “clave” para solucionar semejantes problemas y terminar con el flagelo de la heladera vacía: encender la economía. La sociedad le creyó en un porcentaje suficiente como para consagrarlo ganador de los comicios: más del 48% votó por él y por su vice Cristina Fernández de Kirchner en las generales del 27 de octubre de 2019. La fórmula Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto obtuvo algo más del 40% de los votos.
Alberto y Cristina asumieron con esa legitimidad y luego de un par de meses de haber apretado el botón, el Covid-19 alteró los planes. Más adelante, como dijo Macri una vez, “pasaron cosas”. Tres años y cuatro meses después de la llegada al gobierno nacional del Frente de Todos, la heladera está otra vez vacía.
Según el Indec, en enero de 2023 –último dato disponible– el Índice de Salarios se incrementó 4,7% mensual y 92,1% interanual. En ese mismo mes, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) fue de 6% y fue el más bajo de lo va del año, mientras que en forma interanual la inflación fue de 98,8%. Esta comparación evidencia cómo los salarios crecieron ese mes por debajo de la inflación. En meses anteriores, los sueldos estuvieron algunos un poco por encima y otros un poco por debajo. La gran diferencia fue durante el pico de inflación de julio y agosto, cuando la relación fue de 7,4% y 7% de suba de precios contra 5,5% y 6,5% del salario, respectivamente. En forma interanual, se observa que la derrota de los sueldos se viene dando desde agosto. Cuando se conozca el Índice de Salarios de febrero y marzo –mes de nuevo récord de aumento de precios al consumidor– seguramente se confirmará esta tendencia.
La pobreza es del 39,2% al segundo semestre de 2022. En marzo, una familia de cuatro integrantes necesitó ingresos por 191.228 pesos para superar a duras penas la condición de pobreza y 87.719 pesos para solamente no morir de hambre. La canasta básica total fue 113,2% más cara que el mismo mes del año anterior y la canasta alimentaria, 120,1%.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que también elabora el Indec, demuestra que después de la caída por la pandemia en 2020, la economía argentina se recuperó en 2021 para luego estancarse en la segunda mitad de 2022 y caer en los últimos meses de ese año, de acuerdo con la medición desestacionalizada. De mantenerse esta situación, las consecuencias podrían ser la caída del consumo, la recesión, la pérdida de puestos de trabajo. Aunque la “clave” de “encender la economía” sirvió para muchos meses de crecimiento, la distribución no fue suficiente para llenar la heladera.
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Ante este panorama, nadie en su sano juicio podría suponer que Alberto Fernández iba a plebiscitar su gestión para buscar su reelección. Además, porque hay razones políticas que se suman a las económicas (o que son consecuencia de ellas): la imposibilidad de contar con apoyo dentro de la coalición de gobierno más allá de su círculo más cercano, cada vez más reducido. Tampoco parece que la foto actual de los números del país sea favorable a la postulación como candidato a presidente del actual ministro de Economía, Sergio Massa, quien todavía no pudo mostrar grandes logros como los que esperaban dentro del Frente de Todos. Por ahora es un piloto de tormentas que no pudo salir de la zona de turbulencias.
El peronismo está en cuenta regresiva, le queda poco tiempo para levantar cabeza y construir una propuesta con aspiraciones de poder. Es por eso que Fernández, en esta oportunidad, actuó como la lógica y la realidad indicaban y se autoexcluyó. Ahora empezó una batalla contra el tiempo, que ya empezó a correr.












