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Diciembre infernal: no mires el termómetro

Las temperaturas récord de diciembre y el cambio climático. Una ola de calor más parecida a febrero y un futuro como el final de No Mires Arriba.

Domingo 02 de Enero de 2022

Diciembre solía ser el mes puente entre las temperaturas cambiantes y traicioneras de la primavera y el vaho que nos envuelve en enero y nos azota en febrero. Como tantas cosas que quedaron atrás, quizás debamos acostumbrarnos a fiestas de fin de año transpirados, con cortes de luz y falta de agua. El jueves 30 de diciembre, Argentina fue el lugar más caliente del Planeta: en la localidad chaqueña de Rivadavia la máxima alcanzó los 46 grados, no muy lejos de los 39 que agobió a Concordia el viernes 31. Al igual que con la pandemia, con el calor y cambio climático nos acostumbramos a la palabra récord.

Pareciera que mientras corremos a poner la cara frente al ventilador, nos encerramos con el aire acondicionado o buscamos bidones de agua en lo de un pariente, no podemos detenernos a pensar en que sufrimos aquí y ahora las consecuencias del cambio climático. Es lógico, si el calor nos duerme el cerebro como para poder analizar semejante problemática de la geopolítica mundial, y en casa la urgencia es no morir o no matarnos por el calor.

Autoridades y especialistas nos advierten en términos que no nos dicen nada. Por ejemplo, el Ministerio de Ambiente de la Nación, con motivo de la profundización del compromiso en materia de reducción de emisiones de gases efecto invernadero por parte de la Argentina, sostuvo que nuestro país “es particularmente vulnerable a los efectos adversos del cambio climático dado que posee zonas costeras bajas, zonas áridas y semiáridas, zonas con cobertura forestal y zonas expuestas al deterioro forestal, zonas propensas a los desastres, zonas expuestas a la sequía y desertificación y zonas de ecosistemas frágiles, incluidos ecosistemas montañosos”.

A ver, por favor que alguien nos diga: “Este verano se van a calcinar en una hoguera, van a quedar atrapados en una salamandra al rojo vivo”.

Nos agrega el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, que advirtió que el planeta alcanzará un aumento de 1,5°C en su temperatura con respecto a la era preindustrial una década antes de lo estimado. Incluso antes de 2050 se llegaría a la suba de 2 grados si no se reducen drásticamente las emisiones.

¿Alguien podría decirnos que nosotros, nuestros hijos y nietos vamos a llegar, con suerte, moribundos a mitad de siglo? ¿O que nunca alcanzaremos a Brasil en Copas Mundiales porque no será posible que, con un Planeta ardiendo, nadie corra a patear una pelota?

Quizás los tecnicismos sirvan para plantear un escenario complejo para la toma de decisiones y justificar que las acciones y los resultados ante los objetivos planteados, son un fracaso tras otro. Mientras, como dice la estudiante de posgrado de Astronomía Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) en la película No Mires Arriba, los ricos son más asquerosamente ricos. Tal vez necesitemos a su profesor, el doctor Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) gritándonos desaforado en el prime time televisivo que en breve desapareceremos de la Tierra, como si un cometa más grande que el que acabó con los dinosaurios estuviera a punto de chocarnos.

Escuchar a los que saben y exigir las medidas que correspondan podría ser, a esta altura, algo similar a una revolución, tan necesaria para que los diciembres de nuestra vejez podamos sentarnos en la vereda y dejar el agobio para febrero.

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