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Martes 01 de Enero de 2019

Todos parecen leer a Jaime Durán Barba y no solamente los dirigentes de Cambiemos. No hay duda del éxito de las intervenciones del gurú de la comunicación política del macrismo, si se mide ese éxito por los resultados electorales de los candidatos a quienes ha asesorado. Por eso es que también el justicialismo mira esas campañas con atención y se anima a imitar recursos que no son invento del ecuatoriano pero que sí fue de su mano que aparecieron en las puestas en escenas electorales del país.
Se sabe que en todos los actos de campaña juegan roles importantes los discursos, las consignas, la ubicación de las agrupaciones de la militancia, las banderas y pancartas, la música, la iluminación y demás. En el peronismo siempre se llamó a esto "folclore" y se lo ha vinculado más con el sentimiento que con el marketing.
Los actos del PRO vinieron a cambiar lo establecido, con la incorporación de elementos de las contiendas norteamericanas. La ubicación del escenario en el centro del espacio da la sensación de que el candidato está rodeado por la gente y no en un espacio alejado, como los palcos ubicados en la cabecera de un estadio o de un teatro. Se modifican así la distancia y el vínculo. El dirigente hace contacto visual con sus electores y se crea la apariencia de que es uno más entre ellos. El mismo efecto persiguen los ya famosos timbreos, que en el PRO utilizan desde hace más de 10 años.
Duran Barba dice en "La política en el siglo XXI: Arte, mito o ciencia" que la mayoría de los ciudadanos no presta atención a los contenidos de los discursos, no retiene los conceptos, pero se conmueve con lo emocional que rodea al acto. Esto es: las palabras no son lo único que comunican y en estos casos quedarían relegadas detrás de la comunicación no verbal. Eso explica que en 2015 Macri haya hecho promesas imposibles de cumplir, como la pobreza cero, terminar con el narcotráfico y la "revolución de la alegría", sin que esto le impidiera alcanzar la victoria. De la misma manera esto contribuye a explicar que Cambiemos se haya impuesto en las elecciones de 2017, cuando ya estaba claro que esas promesas eran falsas y ya estaba desplegado su programa económico de ajuste, tarifazos, endeudamiento, recesión, redistribución regresiva del ingreso, represión y miseria planificada.
Dice también el autor que los temas de la política representan un porcentaje muy minoritario en las conversaciones de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, y a la hora de decidir sus votos, pocos lo hacen en base a las propuestas o programas de gobierno. Esto va en sintonía con muchos de los contenidos que el Presidente vuelca en sus redes sociales, los cuales poco tienen que ver con sus políticas. Por el contrario, recurre muchas veces a lo emocional, a lo cotidiano, en escenas producidas para que parezcan espontáneas.
En 2017 la entonces candidata a senadora por Unidad Ciudadana, Cristina Fernández de Kirchner, adoptó al escenario en medio del público. Las opiniones se acumularon por entonces en los programas de televisión para criticarla por copiar a Macri. En realidad es un viejo recurso de los políticos de los Estados Unidos.
Ahora esto fue incorporado por Gustavo Bordet y así se vio en el acto del sábado 22 de diciembre en el club Echagüe de Paraná. El gobernador entrerriano que aspira a su reelección cerró la ronda de oradores –hombres y mujeres partidarios suyos que a su vez fueron en representación de distintos ámbitos– subido a una tarima ubicada el medio de la cancha y rodeado por el público por los cuatro costados. El Echagüe parecía armado como para un festival de boxeo y el ring –esa tarima– tenía forma de B. Puede decirse que la escena fue una combinación del marketing que en Argentina despliega el duranbarbismo con el folclore peronista tradicional.
Lejos quedaron aquellos dedos en V que adoptó para su imagen de campaña en 2015 y que lo unían al Frente para la Victoria y a toda una organización política con eje en el kirchnerismo. Lo que se escriba con la B de Bordet se verá a lo largo de esta campaña.

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