Literatura
Miércoles 14 de Noviembre de 2018

Presentan un libro labrado a dúo con el talento de los horneros

Vidas intensas y días serenos para entregar relatos de alto vuelo, en dos escritores con historia, capaces de mirar el centro desde las orillas.

Las y los amantes de las letras, y de las verdades que esas letras cargan, recibimos un convite especial para este jueves en Paraná: la presentación de la obra Espineleando palabras, de los entrerrianos Ana María Martínez y Felipe Nicolau.
La cita: mañana 15 de noviembre a las 20 en La Hendija. Y con una yapa: la guitarra de Gustavo Surt y la voz de Graciela Castro Bagnasco. Es decir: Paraná, Colón, Chajarí, Paysandú, reunidas con la alta excusa de las poesías y los relatos de Felipe y Ana María.
No estamos aquí ante famosos de las letras, estamos en presencia de escritores, de esos que miran desde la periferia y no pierden el centro. Hay versos y hay prosa en este espinel con más regalos que pesca.

Andá a vivir
Por la voz de Felipe Nicolau se manifiesta el taguató, por él volvemos a las arenas de febrero como reanimando una canción hermosa, por él alcanzamos a ver las esperanzas de la humanidad en los fresnos de otoño. Juega por ahí con el lector, nos desafía con neologismos, y nos interroga con misterios como en Los Papeles, del viejo preso, cuyo destino quisiéramos conocer sí o sí: el destino de los papeles y el destino del viejo. Así es como Felipe, sin querer queriendo, nos hace protagonistas.
Ana María le presta su aliento a perseguidos, desaparecidos, víctimas como la niña en la flor de la vida atravesada por una 9mm; y le da espacio al amor y a las expectativas de una Carmela que busca a un niño y encuentra una conversación prometedora con un Pedro Lluvia, ¿existe un heladero que lleve el apellido Lluvia? No sabemos, pero qué lindo. O en el diálogo tan nuestro entre la Loca apurada y su amiga la Gorda que la manda a... vivir.

Incómodo y anarco
Felipe y Ana María son pares opuestos complementarios, en esto de pescar palabras, y en verdad que encarnan distinto y por eso los frutos son diversos.
Uno se siente en la obra escrita a cuatro manos como si estuviera ante una bandeja con masas finas para agarrar dos, y seguro distintas. Masas finas y galletas de antes, cómo no. Así y todo, el libro emana una serenidad de orilla, mate y anzuelo; tiene ese río de fondo, esa cuenca. No por nada concluye con sendos homenajes a Aníbal Sampayo.
Espineleando palabras puede leerse buscando páginas al azar, para disfrutar temas inconexos, o de un tirón para comprender poemas y relatos en su salsa, como enhebrados en ese mundo rebelde, incómodo, anarco, expresado en las requisas de la dictadura y en la recuperación del deleite por las mandarinas robadas, que dice Ana María; o en el recuerdo del malogrado Salvat Papasseit, donde Felipe suena a Raúl González Tuñón.
Mundo rebelde y nunca pesimista, porque tras un baño de realismo revienta la esperanza como un sapucay, abriendo a fuerza de sueños las puertas a una nueva vida detrás del campamento: ríos con pacúes, montes con pitangas y cardenales...

Sentarse un rato
Cuando todo parece absorbido por los aprestos para la pesca: que el anzuelo, que la tanza, que el podrido, de pronto se apaga la luz y en medio del pavor el paisano advierte que arriba hay un cielo regado de estrellas... El miedo dice presente y no gobierna.
Hay que hacerse de este libro, uno para la pileta, la sombra o la playa en este verano, para leer de a dos, y otro para regalar como es debido.
Todo muy literario, todo muy artístico, mucha lectura de libros, mucha lectura del paisaje, desgarro a veces, horizonte siempre, hasta que nos topamos con El Destino: ahí se nos queman los papeles. Tanta verdad y sin una sola palabra inusual, un solo nombre, que nos desvíen. En El Destino celebramos sencillamente el arte de vivir.
No es el primer acierto de la editorial de la fundación La Hendija. Las letras entrerrianas reciben allí, como en Ediciones del Clé y otros emprendimientos familiares, un trato amable.
Este jueves, entonces, nos encontraremos con dos autores de vidas intensas y días serenos para dar lugar a estas flores. Flores de distintos colores en un solo jardín, con pulsos que se escuchan de lejos y memorias para sentarse un rato.

Interrogantes
(Para Facundo)
El gurí iba prendidito de la mano del abuelo; caminaban despacio, no por lerdos, sí por curiosos, buscando secretos en la humedad del monte.
El abuelo susurraba, no por secretear, sí por respetar el mutismo del alrededor:
—En agosto los aromos florecen en un dorado intenso y fragante que, aún en las noches se siente desde lejos y deja en el pecho la idea de que algo mágico está por suceder. En septiembre son los paraísos los que te envuelven en ese celeste verdor de aroma a Primavera recién estrenada. En octubre, los ceibos revientan en flores rojas y en llantos matinales que sorprenden a más de un desprevenido...
Silencio, a lo lejos chiflidos de pájaros ocuparon el tiempo hasta que el gurisito interrogó con sus ojos y con su voz:
—¿Y después, qué, abuelo?
—Ah! Después! Después el Verano se abre en mariposas blancas a la siesta y en ubajay maduros y pitangas dulces y todo es mágicamente más sencillo...
El nieto no supo lo que el viejo quiso decir.
Años más tarde, ya sin su abuelo, el gurí escuchó aquello de que "la Vida es un camino hacia el Verano" y supo la maravilla de cada día.

Ana María Martínez

Ñandubay
Yo soy magnífico.
Soy, sencillamente, inmoble y magnífico.
Bebo el tiempo en sorbos espesos,
y aunque torcido, impero altivo.
Si digo verano, un furor de bronce rojo
desgarra y lastima la tarde.
Si digo noche, mil estrellas acuchillan
el firmamento , puntazos en el azul.
Si digo pájaro, tordos, cardenales y jilgueros
conciertan sus silbos en mi ramaje añoso.
Si digo lluvia, los cielos entrerrianos
derraman sus dones, para todas las criaturas.
Si digo tierra, descanso satisfecho
porque mi raigambre inexorable
desciende mas allá de las arenas dormidas
burla las piedras, danza y gira,
en busca del sustento escaso.
Yo soy padre de mi propia madera
roja y fragante, que se mece en mí.
Soy, sin duda magnífico.
Hoy quise decir alborada
y en vez de brisa, silbo y rocío
vi frente a mí el gusano,
el impío rosario de acero
Y nada pude contra él
Soy magnífico, aún rendido
Felipe Nicolau

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