En el predio, decenas de familias disfrutan de la sombra de los árboles y aprovechan las parrillas para prender el fuego y hacer alguna carne. La cumbia suena fuerte en los equipos de sonido que ocupan los baúles de los automóviles.
La cancha de fútbol y los juegos nuevos se asoman entre las aguas verdes de la laguna. Enfrente, sobre la playa, el restaurante sigue abierto y las copas de cristal esperan en las mesas que se ven desde los grandes ventanales que dan a la calle.
Las chicas toman sol y aprovechan las sombrillas caídas. Aunque ayer, por prevención, la Municipalidad clausuró los balnearios paranaenses, los visitantes se refrescan en el agua.

El kiosco que está antes de las pescadería, en el ingreso a Puerto Sánchez, vende empanadas de pescado frito a 80 pesos la docena. Los hombres con calor se reúnen y charlan cerca de un hombre canoso que luce una reluciente camiseta de Patronato.
Tienen el dato de que el agua puede llegar hasta la calle pero para eso todavía falta.













