Diciembre no es únicamente el último mes que figura en el calendario. Es también la etapa del año que abre espacios a celebraciones que marcan el final de una era y el inicio de otra. Actos de egresados y recepciones escolares, despedidas de años entre amigos, núcleo familiar y grupos de trabajos son algunos de los acontecimientos sociales que generan un clima festivo en la comunidad. Los cumpleaños también son eventos que marcan el comienzo de un ciclo. Se espera con ansiedad durante la etapa de la infancia. El aniversario de natalicio se disfruta en la adolescencia y en la adultez. Es el día donde la atención está centralizada en uno. La fecha donde el afecto de la familia y amigos renuevan las energías. Es el día en el que los más sensibles y aquellas persona que tienen una personalidad más fuerte retroceden a las emociones experimentada en los primeros años de la vida. Celebrar una nueva vuelta al sol demanda una movida importante. Encontrar un lugar que oficie de sede de la celebración, idear el menú y confeccionar una lista de invitados son algunas de las tareas incluidas en el itinerario. Quienes nacieron el 24 y el 25 de diciembre viven esta fecha de una manera diferente. Porqué en esos días la atención está centralizada en la cena de nochebuena, en el brindis cuando cambia la hoja del almanaque después que el reloj marque el inicio de un nuevo día y en los regalos que aparecerán en el árbol de navidad.
Celebrar el cumpleaños en nochebuena y navidad
Por Matías Larraule
UNO / Mateo Oviedo
Para Romeo, el mejor cumpleaños siempre es el siguiente.
Quienes celebren hoy o mañana su cumpleaños tuvieron a lo largo de su vida experiencias diferente al resto. La emoción es la misma, pero hay cierta resignación por no compartir la jornada con círculo amplios y transformar el banquete en un mega evento.
Modificar la fecha de la ceremonia es una de las estrategias a las que muchos padres acuden para ofrecerle un día histórico a sus hijos. Con el transcurrir del tiempo los cumpleañeros de nochebuena y navidad viven la jornada con otra mirada. Lo disfrutan con su círculo íntimo. Con la misma intensidad y pasión.
Nuevos protocolos
Romeo Farías cumple este viernes 42 años. Como muchas personas que nacieron en un 24 de diciembre no celebra el día del aniversario de su natalicio. La fiestas de nochebuena lo llevó a modificar día de festejos. También a cambiar algunos protocolos familiares.
“Por tradición acostumbramos a despertar el día del cumpleaños al cumpleañero con una torta y una velita. En mi caso siempre fue un pan dulce con la vela”, describió. “Tengo la particularidad de tener que festejar un día en el que estén todos festejando. Y eso hace que no pueda celebrar particularmente mi cumpleaños como acostumbra el resto”, añadió, en diálogo con UNO.
Para su familia, la celebración de cumpleaños es un gran acontecimiento. La imposibilidad de realizar el evento el mismo 24 abrió espacio a variantes para compartir una fecha muy especial con amigos y afectos.
“Fueron distintas etapas de mi vida. En la etapa de la primaria fue algo que padecí”, subrayó. A fines de los 80 no existía internet ni aplicaciones de mensajería instantánea. Convocar a los invitados a la ceremonia en pleno receso escolar demandaba una logística importante.
“Solicitábamos un listado de los domicilio de los compañeros de la escuela a la maestra. Después iniciamos una recorrida en el auto para entregar las tarjetas de invitación. Destinábamos un día entero en repartir las invitaciones. Aparte entre fiestas mucha gente se desplaza a otras ciudades para celebrar con familia, otros inician las vacaciones. Era una incertidumbre lo que podía pasar”, rememoró.
Los cambios de décadas generan grandes reuniones sociales. Para los 10 años de Romeo la familia Farías ideó algo novedoso para la época: una pool party.
“Fueron dos pelopincho pegadas. Eso fue el intento de una familia de clase media de generar algo distinto en el festejo y en pleno verano. Esa tuvo mucho éxito y fue el último que festejé en la niñez”, relató.
En plena adolescencia Romeo transitó en soledad sus cumpleaños.
"No se si lo anulé, sino que se me pasó por arriba la fecha. Me aplastó haber nacido en este contexto de festejo general. Incluso pasó de haber ido a la cena de navidad y que todos me saludaran por navidad y no por mi cumpleaños. Pasó con primos que son como hermanos con los que me veía todos los días. Ese ámbito festivo que generaba la cena familiar de navidad no abrió espacio para un cumpleaños. Por eso no festejé ningún cumpleaños desde los 11 hasta los 19 años”, argumentó.
Las amistades que edificó durante su etapa de formación universitaria abrieron nuevamente las puertas de la socialización.
“Cuando tenía 19, 20 años, cayeron a casa en la noche del 23. Si bien no me gustaba celebrarlo antes, a las 12 comenzaron los saludos, la apertura de regalos y el ritual de soplar las velitas”, relató.
La iniciativa del grupo de estudiantes generó una movida que se transformó, durante varios años, en un clásico. A su vez le permitió a Romeo saldar una deuda que tenía pendiente. “Cuando cumplí 25 años me di el gusto de reunir a mis compañeros de primaria, secundaria, facultad y de remo. Fue una revancha”, aseveró. Esas celebraciones se mantuvieron durante varios años. En los últimos tiempos Romeo decidió ponerle fin a ese ritual para darle lugar a otro.
“Con un grupo de amigos tomamos la costumbre de hacer unos choripanes en el Thompson con una cerveza al mediodía del 23”, citó Romeo, que este viernes tendrá su mejor cumpleaños, como él mismo narró. “Mi mejor cumpleaños siempre es el que viene. Con mi señora, con mis dos hijos, mi familia cercana, mis sobrinos y mis amigos de toda la vida. Siempre el mejor cumpleaños es el que viene”, reafirmó.
Canción de tablón
Gastón Julio es futbolero de cepa. De niño su juguete preferido era la pelota. Ir a la cancha a ver a Boca, el equipo del cual es fanático, era el plan predilecto. Cuando el campeonato finalizaba y el Xeneize acariciaba el título de campeón entonó el clásico “ya se acerca nochebuena, ya se acerca navidad”.
Gastón nació el 24° día del último mes de 1980 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde ese día, hubo doble festejo en la familia Julio. “No tengo recuerdos de mis primeros cumpleaños. Lo que se es lo que me contaron. Antes de iniciar la escuela tenía un festejo íntimo con la familia de mi papá, que eran de Buenos Aires. Si viajábamos a Paraná, lo compartíamos en la casa de mi abuela”, contó a UNO.
El Colo, como lo llaman sus amigos, se trasladó junto a su familia a la capital entrerriana cuando iniciaba su vida escolar. A partir de las relaciones formadas en este ámbito comenzó a tener una celebración más amplia. Eso si: nunca el mismo 24.
“Siempre mis padres me festejaban el cumpleaños. Lo vivía con la familia, amigos de la primaria y de fútbol, pero nunca se realizaba el día de mi cumpleaños, sino que corríamos la fecha”, señaló.
En tiempos de colegio secundario los festejos se anticipó un par de hora. “Mis amigos caían a casa el 23 a la noche, pero no me gustaba mucho. Acudía más por pedido de los demás”, confesó. En realidad, el poco interés por festejar su cumpleaños tiene una explicación: el foco de atención de la sociedad está orientado en otro escenario.
“Me fue sacando las ganas de festejarlo. La gente está en otro lado, algunos viajan, otros no pueden. Eso me pasó mucho cuando festejaba los cumpleaños. Fui perdiendo el entusiasmo”, explicó.
Sin embargo, Gastón disfruta en su cumple de una pequeña ceremonia familiar. Graciela, su mamá, prepara uno de los menúes preferidos del Colo: Milanesa a la napolitana. “Hoy disfruto de compartir con la familia que formé junto a mis viejos, que gracias a Dios todavía los tengo. Tengo la tradición de ir almorzar a la casa de mami. Lo hago porque a ella le gusta y a yo disfruto de ese momento. Después en la cena lo veo diferente. No lo tomo como mi cumpleaños, sino como un anexo”, explicó.
En la nochebuena Gastón se saca el traje de protagonismo. La prioridad está orientada en Tomás y Joaquín, sus hijos. “Ellos están pendientes de mi cumpleaños, pero yo perdí el festejo. Me metí en la ilusión de los chicos. Por eso tengo la cabeza centralizada en los regalos para los niños”.
A brindar
La sobremesa de nochebuena se extiende hasta los últimos minutos del día. El sonido de la pirotecnia anticipa la llegada del 25. Las burbujas de las bebidas se mezclan después del choque de copas en el saludo de navidad. Georgina Herrera interactúa con los presentes, pero espera ser mimada.
“Miro a todo el mundo diciendo 'alguien se acuerda de saludarme'. Hasta que 5 minutos después mi papá o mi mamá se acercan para desearme feliz cumpleaños. A partir de ahí me saluda el resto”, dijo.
Georgi nació en Paraná el 25 de diciembre de 1989. “Es una fecha complicada para festejar el cumpleaños”, reconoce. “Recuerdo celebrarlo de chica con mis ocho hermanos y algún vecinito. No eran grandes fiestas porque mucha gente no podía venir y no me gusta festejarlo después”, añadió.
Su adolescencia coincidió con el nacimiento de las redes sociales. “Me salvó Facebook porque a partir de ahí todo el mundo me saludaba. Desde ese lado fue muy positivo”, entendió Georgina, quien remarcó que cumplir años en navidad impactó en su personalidad.
“Comprendí el significado de la fecha, sobre todo en la adolescencia, que era la época donde todos mis amigos salían, se iban todo el día a una playa. A partir de ahí comencé hacer lo mismo y no la pasaba en casa sino que me iba con mis amigos a la playa. Comencé acoplarme a los demás y no que los demás se acoplen a lo que yo hacía”, remarcó.
Formar parte de una familia numerosa le permite celebrar las fiestas, y su cumpleaños, con un círculo amplio.
"Mis cumpleaños siempre fueron con ellos. Siempre fuimos mucho. Esta nochebuena seremos alrededor de 20 personas. Siempre manejamos ese nivel de personas. Nunca fue solitario mi cumpleaños. Después el 25 a la noche nos juntamos nuevamente. Habitualmente van a casa y comemos lo que sobró el 24 por la noche”, afirmó.















