—¿A qué edad te subiste a un caballo?
—A los 12 años.
Carlos Oroño, un pura sangre
—¿Por qué motivo?
—Cuando terminé séptimo grado y como a mi viejo se le complicaba llevarme a la escuela, un vecino me prestó una yegua. Como era una escuela rural las clases de apoyo eran de tarde y mi viejo trabajaba así que iba a caballo.
—¿Tu familia no tenía nada que ver con caballos de carrera?
—No, mi viejo era encargado de una quinta de citrus en Concordia y no había caballos, solo tractores y cajones de fruta.
—¿A entrenar empezaste en Paraná?
—Sí, llegué en 1988 y ahí empecé a entrenar y un año y pico sin correr.
—¿Cuándo te diste cuenta que te gustaba correr?
—Siempre me gustaron los caballos. En Concordia cuando empecé a correr la cuadreras. Después llegué acá y me gustó.
—¿Te ayudó tu peso?
—Y sí, porque era liviano.
—¿Cuánto pesabas en tu mejor etapa?
—53 kilos.
—¿Dicen que es lo más difícil para el jockey?
—Sí, el peor enemigo del jockey es la balanza.
—¿Y cómo hacés para cuidarte?
—Te matás. Dos horas de baño, salís mucho a correr y comés poco. Y a veces tomar diuréticos porque es muy complico. Esto tiene un montón de exigencias.
—¿Cuál fue tu primer sueldo?
—Cuando gané la primera carrera. Fue en la época de la inflación. Cobré 60 pesos o algo así.
—¿Recordás en qué lo gastaste?
—Sí, me alcanzó para comprarme el cuadro con la foto.
—¿Alguna vez tuviste miedo?
—No, el día que le tenga miedo a los caballos no corro más.
—¿Un triunfo?
—Haberle ganado a Jacinto Herrera en Palermo. Es como hacerle un gol a los ingleses.
—¿El mejor caballo que corriste?
—Beso Brujo.
—¿Cuánto del jockey y cuánto del caballo en una carrera?
—Depende, pero para no entrar en polémica 50 y 50.
—¿Alguna vez te quisieron sobornar?
—No. Nunca, porque me distinguí por ser honesto. Te puedo asegurar que en esto hay mejores y hay más malos, pero te puedo asegurar que siempre fui honesto. Nosotros tenemos un lenguaje que dice que es preferible perder por infeliz y no por sin vergüenza.
—¿Es complicado querer perder una carrera?
—Es más complicado ganar. Generalmente el jockey frena un caballo cuando sobresale de los otros. Porque es muy evidente para el ojo de la gente lo que vos tenés que hacer para perder y ahí te condenás.
—¿Alguna vez te ganaron con trampa?
—Sí. Trampa molestándote, desde que se puso el video se terminó. Pero en el interior hay muchos jockey habilidosos para molestarte sin ser sancionados. Es como el que hace un penal sin que lo vean. Acá había muchos jockey que te ganaban molestando, pero los jueces no lo veían. Ahora cuando Buenos Aires habilitó a los jockey del interior se acabaron los mañosos.
—¿Y cómo son esas mañas?
—Te pueden manotear del mandil. Imaginate que el caballo me trae a mí y el otro. Y lo más común es que te encierren. En una carrera de 1.000 metros yo era candidato y largaba del tres. Entonces el 10 iba cerrando a todos y llegaba a apretarme el 5 y el 4.
—¿Un barrio o una zona de Paraná?
—Barrio Rocamora.
—¿Un lugar para vivir?
—Paraná.
—¿Un hipódromo?
—Almafuerte.
—¿Lo extrañás?
—Sí, mucho. Ahora lo asimilamos un poco. Lo triste fue ver que las máquinas rompían el lugar donde uno se hizo, logró tantas alegrías y donde la gente disfrutó tanto del turf. Fue terrible.
—¿Una comida?
—El asado.
—¿Música?
—Sí, la cumbia.
—¿Una película?
—El Gran Dragón Blanco.
—¿Una golosina?
—El chocolate
—¿Una bebida?
—El vino tinto.
—¿Una mujer?
—Mi vieja.
—¿Qué te hubiese gustado ser de no haber sido jockey?
—Soldado, porque me gusta el riesgo.
—¿Una deuda pendiente?
—Retirarme corriendo una carrera más en Buenos Aires.
—¿Qué te gustaría leer en los diarios de mañana?
—Que se acabó la delincuencia porque todos tienen trabajo y que nuestro hijos sean felices. Y que Paraná crezca bien.
Un jockey ganador, con buenas mañas
Carlos Oroño nació el 29 de abril de 1973 en Sauce de Luna, Entre Ríos. A los tres días se fue con su familia a Concordia y a los 15 se radicó definitivamente en Paraná. En 1989 ganó su primera carrera con Angelito Chalo, de Felipe Escalada, y a partir de allí se convirtió en un ganador. Se llevó más de 40 carreras en Palermo.
En 2000 ganó el Premio San Migue y dos meses después se quedó con el Carlos Pellegrini de Santa, premio que obtuvo dos veces de manera consecutiva. En ambas ocasiones lo logró con Beso Brujo, su mejor caballo. Además obtuvo la Poya de las Potrancas con Plisse. Ganó en San Isidro con Scaine y el Clásico Chevallier, Grupo Uno en San Isidro. Otro de los grandes logros fue haber obtenido el Interprovincial que se corrió en Palermo.













