Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
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Hace muchos meses, muchísimos ya, un tal Lenchu cumplió años. Aún sin tener idea de quién es ni dónde vive exactamente en la cuadra, sus vecinos nos enteremos del acontecimiento por un vistoso pasacalle que sus allegados colgaron de un poste de la luz y otra columna de enfrente. Un gesto simpático. Un acto de amor, de cariño, de estima. Cosas buenas habrá hecho Lenchu por los demás para ser merecedor (o merecedora) de un saludo tan efusivo.
Sin embargo, se sabe, la bondad nunca es infinita: Lenchu y los suyos dejaron pendiendo en el aire el trozo de plástico derruido en que se fue transformando la cortesía, sin importarles más nada.
El viento y el tiempo se confabularon para que la congratulación se vaya transformando en un riesgo en la vía pública. El alambre de uno de sus extremos se soltó con un par de ráfagas y alguno de los moradores de la zona lo ató a la ventana de una casa deshabitada, con un par de bolsas de nylon para que se vea, ya que atravesaba la vereda. Duró un periquete y volvió a desprenderse. Ahora sigue gravitando a merced de las brisas primaverales, indemne a los operativos de limpieza municipales y a las miradas indiferentes de quienes pasan por el lugar. Hace cuatro meses, Germán Cañete, un vecino de Paraná que circulaba en su moto por avenida Almafuerte resultó herido cuando una noche de tormenta se desprendió un pasacalle, se enganchó en el manubrio y le provocó una violenta caída. Llevaba el casco puesto, pero no pudo evitar lastimarse por el fuerte golpe. En las horas siguientes agradeció a Dios que no haya ido un auto atrás y que el incidente se transformara en tragedia.
Una situación similar podría vivirse en la cuadra donde está el pasacalle de Lenchu, o en cualquiera donde queden los resabios plásticos de un momento de gratitud. Más allá de que en la capital provincial está vigente la Ordenanza 6904, que prohíbe la pegatina de carteles, afiches o colocación de pasacalles en lugares de uso público, ya que constituyen un verdadero riesgo para la seguridad de los ciudadanos, la escena se repite en distintos sectores de la ciudad. Esa ciudad que debe proyectarse desde lo individual y lo colectivo, solidariamente, sin este tipo de infracciones, de desidias y dejadez.
Pasacalles: un peligro latente en la vía pública
17 de septiembre 2015 · 06:20hs













