Paula Eder/ De la Redacción de UNO
La revancha de los perdedores
Cuando era chica, no importaba cuán rápido corriera ni cuánta trampa hiciera, jugando a la escondida yo siempre perdía. Aún cuando las reglas del juego indicaban que técnicamente había ganado, era siempre yo quien debía volver a contar. Y me recuerdo justiciera y pelotuda, como una pequeña Lubertino “¡Yo voy a contar de nuevo, pero eso no quita que ustedes sean unos tramposos!”, improvisaba un embudo con las manitos sucias de tropiezos e intentaba llamar a la reflexión a una manada corrupta que se alejaba, enloquecida de risa, a buscar nuevos escondites. Así, aceptaba el lugar que me había tocado y volvía a mi pared, a contar hasta mil y a hablarle de lo justo a las hormigas.
Hasta hace un tiempo, los nerds eran los marginados. Los que usaban anteojos de marco grueso, los que llevaban la camisa prendida hasta el final. Los chicos y chicas con problemas para relacionarse con el sexo opuesto sufrían en silencio y ahogaban sus penas hundidos en la soledad de la pantalla de la PC. Pero años después, el mundo se dio vuelta. Veinte años atrás, la idea de un héroe nerd era impensable; ser nerd no se elegía: era algo que se sufría. Steven Spielberg, Bill Gates, Mark Zuckerberg y Steve Jobs son claros ejemplos de ello: nerds confesos que encarnaron aquel estereotipo pero que, además, demostraron que quien tiene el conocimiento, tiene el poder, y así cambiaron el mundo.
Y un día, ser perdedor se puso de moda. Las publicidades de los últimos años están llenas de anteojos negros y peinados de boba. Quieren hacerle creer al mundo que fracasar sistemáticamente, como un dominó imparable de decepciones, es la que va. Juraría que los zapatos de moda son idénticos a esos que nosotros, chuecos y abatidos, íbamos a comprar con nuestras madres al Gato Con Botas, arrastrando las dos patas planas y pesadas, como planchas a carbón.
Algunos gustos y consumos siempre fueron populares, pero en los últimos años se comenzaron a consumir a lo nerd, es decir: con pasión, casi obsesivamente. Series de televisión, videojuegos, sagas e historietas. Incluso la Presidenta se proclamó hace un tiempo fanática de la serie Game Of Thrones. El nerd es consumista, por eso las marcas los buscan y por eso ahora, sus consumos (y su forma de consumir) son culturalmente aceptados.
A veces me siento en el balcón a verlos pasar incómodos y ridículos, intentando domar esos zapatos de menso, haciendo equilibrio con sus naricitas de Celeste Cid para sostener unos pesados lentes de pasta. Pero se les nota. A mí no me engañan. A vos tampoco, pequeño tetón. Podrán engañarse entre ellos, pero no a nosotros.
Pronto habrá dentistas torciendo dientes de modelos y colocándoles brackets plateados y tenemos que estar preparados. No vamos a permitir que nos vuelvan a echar de nuestro lugar a empujones. Yo creo que es hora, pequeños cuatrojos. Es hora de gritarle la verdad al mundo, abanderados regordetes. Es hora de romper las reglas, niñas bigotudas. Porque ya es hora de anotarnos nuestro primer triunfo.
No fue fácil abrir el marcador del loser. Pero cada vez que un niño perdedor aceptó su destino contra la pared, en realidad le estuvo haciendo trampa al mundo. No contó hasta 100, ni hasta 200; en realidad, cada vez que el niño perdedor escondió los ojos en el antebrazo, estuvo planeando su revancha. Los chicos de anteojos son ahora los que se llevan a las más lindas y son las chicas estudiosas y de trenzas largas quienes cierran los mejores negocios. Disfrutemos de esta pequeña victoria, al menos hasta que el mundo vuelva a darse vuelta.












