La Provincia
Domingo 16 de Octubre de 2016

Alumnos hicieron una impresora 3D con materiales reciclados

Genios. Esa es la palabra que describe a Enzo Cannes, de 18 años, y Tomás Burgos, de 19, quienes fabricaron una impresora 3D con materiales reciclados. Los alumnos del séptimo años del instituto privado de educación técnica Juan XXIII de Paraná terminaron un proyecto aúlico hace unas semanas atrás y lograron convertir prototipos de dos dimensiones en objetos tridimensionales. Ellos demostraron que cuando uno quiere, puede.
El aula, aparte de un espacio de conocimiento y aprendizaje, se transformó en una cápsula creativa para Enzo y Tomás. Resulta que ellos, comandados por Jorge Brown, profesor de Laboratorio III de Electrónica, desarrollaron algo único en la región hasta el momento. Ante este panorama, los chicos se muestran humildes y tímidos. Vestidos con el uniforme del colegio y parados al lado de la impresora 3D que ellos mismos fabricaron, recibieron a UNO en una amplia aula y explicaron el proceso de producción.
"Se pueden hacer todo tipo de piezas y el tamaño en este caso es pequeño, es de 37 milímetros de ancho por 15 milímetros de alto, pero eso no significa que no podamos hacer cosas grandes, ya que si a varias piezas pequeñas las encastramos entre sí, se puede agilizar el proceso de fabricación que permite lograr algo más grande", explica Cannes al tiempo que muestra los objetos que lograron crear con el dispositivo: una mesa miniatura, un par de aros, variedad de dijes, etcétera.
Los jóvenes emprendedores resaltan que la idea de hacer este instrumento fue para demostrar que "podemos hacer lo que nos propongamos y que nuestro trabajo se puede replicar a otras escuelas y también pensarlo para la comunidad en general", cuenta Enzo y agrega: "El trabajo fue complicado y nos llevó tiempo, pero finalmente logramos concretar el proyecto y estamos contentos".
Impresora 3D


Los protagonistas
Enzo y Tomas son buenos compañeros y pudieron concretar algo que pocas veces se ve en una escuela Secundaria: una impreso 3D. Con inteligencia, curiosidad y buena voluntad, los jóvenes arrancaron en marzo este proyecto que terminó a finales de septiembre. "Nosotros propusimos hacer lo que queríamos, así que armamos un preproyecto y le contamos al profesor adónde nos proponíamos llegar. Luego de que él nos dio el visto bueno y ahí arrancamos con el proceso de producción", explica Cannes, que el año que viene comienza a estudiar Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional de Santa Fe.
A lo que agrega Tomás: "En abril ya estábamos buscando e investigando cómo la íbamos a hacer. Al ser una impresora en 3D trabajamos con tres ejes que son X, Y y Z porque el movimiento es hacia arriba y hacia abajo y de derecha a izquierda. También trabajamos con un control numérico computarizado (CNC) que es un sistema de automatización de máquinas que son operadas mediante comandos programados en un medio de almacenamiento. Pero para hacer todo eso, primero tuvimos que averiguar e informarnos muy bien".
Los jóvenes trabajaron día tras días para lograr su cometido. "Al proyecto lo hicimos tanto en horario de clases, que tenemos 12 horas semanales repartidas en tres días, y si era necesario seguíamos en nuestras casas", apunta Enzo y cuenta que con su compañero se complementan, "trabajamos bien juntos y pudimos lograr nuestro objetivo. Tomas encontró una página de Alemania que explicaba más o menos cómo hacer la impresora y te daba ideas, pero ahí también fue necesario saber inglés porque no hay nada en castellano".
Sobre el proceso de producción, Burgos, que el año que viene comienza a estudiar Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, explica: "Fue por partes, primero averiguamos sobre lo que nos interesaba, luego vimos cómo lo podíamos hacer, lo cual fue complejo porque hubo mucha prueba y error, y después pasamos a la recolección de materiales, los cuales en su mayoría fueron reciclados como las dos lectoras de CD".
"A las lectoras les sacamos las piezas útiles y las ubicamos de tal manera que se puedan mover los ejes hacia todos lados", continua explicando Cannes y señala que la impresora se usa junto a una computadora que tiene instalado un software libre, un programa informático que puede ser copiado, estudiado, modificado y utilizado libremente con cualquier fin y puede ser redistribuido con o sin cambios o mejoras.
"La programación que usamos la tuvimos que modificar de acuerdo a la impresora que hicimos, la cual imprime cosas pequeñas. También logramos que el software libre pueda controlar los cuatro motores, los tres ejes de movimiento que tiene la impresora y el difusor que empuja el filamento que se derrite a 195 grados Celsius y sirve para hacer las figuras que queramos", señala el joven de 19 años.
Sobre el modo de utilización de la impresora 3D, el futuro estudiante de Ingeniería Mecánica cuenta que "hay un programa en el cual uno puede cargar el diseño de lo que quiere hacer o también puede seleccionar las figuras que te ofrece el programa. Se puede hacer todo lo que queramos siempre y cuando se acomode a la medida que nos permite la impresora. Pero eso tiene que ver con el tamaño que tiene nuestra impresora, se puede hacer una impresora mucho más grande solo que nosotros no tuvimos las herramientas para hacerlo aunque puede que en un futuro, más adelante la hagamos para lograr mejores cosas y que sirvan para ayudar a la sociedad".

El promotor
Brown, que hace 26 años está a cargo del Laboratorio III de Electrónica, cátedra que se dicta en el séptimo año de la Juan XXIII, cuenta cómo es la dinámica de la asignatura: "A principio de año los chicos tienen que proponer un proyecto para luego desarrollarlo a lo largo del año. Además de la elaboración del proyecto, los alumnos tienen que investigar, buscar la manera de lograr el objetivo y uno como docente tiene que evitar que fracasen".
El profesor de la escuela técnica relata que son ocho los alumnos que cursan su cátedra y, de esta manera, se conformaron cuatro grupos de dos personas. "En marzo los estudiantes propusieron cuatro proyectos, tres aún están en proceso, mientras que los chicos de la impreso 3D ya la terminaron a fines de septiembre, de esta manera si hay que corregir algo lo pueden hacer tranquilos porque en la muestra de la escuela, que es del 14 al 18 de noviembre, los estudiantes exponen lo que hicieron", detalla Brown al tiempo que indica: "Lo que hicieron Enzo y Tomás es muy valioso, se trata de una impresora 3D hecha con partes de dos lectoras de CD y con otros materiales ya usados, algunas cosas las tuvieron que comprar, pero fueron mínimas porque en gran parte tuvieron que rescatar cosas ya usadas".
Brown señala que el Laboratorio que lleva adelante es anual y los alumnos tienen alrededor de 26 semanas para hacer el proyecto. "Se empieza con una idea, luego se investiga y se propone el objetivo. Los ocho alumnos se pusieron objetivos interesantes porque además de la impresora 3D, hay dos alumnos que están haciendo un juego virtual de ping pong, otros están con un equilibrista mecánico que tiene varios ejes y debe mantenerse en pie, y otros están con unos robots autónomos de competencia", amplía el docente e indica que los estudiantes no participan de ningún concurso, sólo la muestra escolar que es abierta a todo el público.

Satisfacción
La Juan XXIII está ubicada en calle Los Ceibos y Los Zorzales del barrio San Agustín. Cuenta con alrededor de 330 alumnos en el nivel secundario, que va desde primero a séptimo año y se divide en dos especialidades a partir de cuarto: maestro mayor de obra y técnico en electrónica.
Inés Cano, rectora de la establecimiento, manifiesta a UNO su emoción por el logro de Burgos y Cannes: "Esto es algo muy lindo y positivo. Mis palabras son de asombro, realmente estoy impresionada y orgullosa. En estos momentos se ve el esfuerzo y las ganas de los estudiantes. Acá está plasmado todos los años de su especialidad y que la terminen con la producción de cosas nuevas y novedosas es muy bueno".
En el mismo sentido, Brown expresa su satisfacción: "Como docente uno tiene que tratar de que ellos puedan hacer algo por sí mismos y que al final del proceso ellos lo logren es muy bueno. Ambos estudiantes cumplieron y con creces y éstas cosas sirven a incentivar generaciones posteriores y a alentarlos a seguir, a dejar el mensaje que cuando uno quiere, puede porque se trata de que por primera vez una escuela técnica hace algo así, armarse una impresora 3D con casi nada de plata, de forma casera y con materiales reciclados, todo es sumamente valorable"
Las palabras del profesor del Laboratorio III de Electrónica quedan en suspenso por un momento y los dos estudiantes que fabricaron la impresora 3D sonríen, se sonrojan y miran el piso. Como cierre de la entrevista por el logro de los jóvenes profesionales, Brown asegura: "Todo es sumamente positivo por donde se lo mire porque los chicos empezaron a trabajar de cero, se trata de muchas horas de investigación, de trabajo, de prueba y error que dieron por terminado algo que puede ayudar mucho a generaciones posteriores".

Jóvenes, el futuro
La tecnología bien entendida no es solo poder comunicarse de forma inmediata, sacar mejores fotos o esperar que un auto se maneje solo. Es también poder ayudar a la sociedad, a cada una de las personas que lo necesitan.
Así lo entendieron Cannes y Burgos. Y quien también lo vio así fue Gino Tubaro, un argentino que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, puso como ejemplo a seguir por los jóvenes por su aporte a la sociedad.
Pero, ¿quién es Gino Tubaro? En 2014 su nombre comenzó a mencionarse en diversos medios. ¿Por qué? Le devolvió la sonrisa a Felipe Miranda, un chico de 11 años que recibió una prótesis de mano realizada con una impresora 3D.
¿Qué tiene de novedoso? Gino y su equipo tomaron un "molde" de prótesis disponible en Internet, configuraron una impresora y con apenas 2.000 pesos en materiales le cambiaron la vida a Felipe. Una prótesis tradicional, con capacidades similares, puede costar alrededor de 40.000 dólares.
"Gino construyó una prótesis mucho más barata y luego así Felipe pudo andar en bicicleta, pescar hacer las cosas que hace todo niño. Después, más de 1.000 personas le pidieron ayuda. Eso es posible cuando invertimos en los jóvenes", dijo Obama, durante su visita a la Argentina en marzo pasado, cuando dio un discurso en la Usina del Arte.
Resulta que este joven de 20 años de Pompeya años, obtuvo el premio "Una idea para cambiar la historia", organizado por el canal History, gracias a su plataforma para el desarrollo de prótesis creadas en impresoras 3D.
Junto a un equipo de inventores en Atomic Lab, Gino tiene como meta facilitar prótesis a todo aquel que las necesite y no disponga de dinero para pagarlas.
En una entrevista a al portal Infobae, Tubano contó que "la idea es ayudar a la mayor cantidad de gente alrededor del mundo. Cualquier solicitante deberá ingresar a un sitio web, seleccionar el tipo de prótesis y proporcionar sus medidas para que, en un par de horas, el equipo ponga manos a la obra".
De esta manera, queda a la vista que Gino, Enzo y Tomas tienen en común algo que va más allá de su inteligencia y sus ganas de crear y superarse, y éso es el interés por ayudar a los demás. Es así que se puede llegar a la conclusión que la impresora 3D con materiales reciclados que hicieron los chicos de la Juan XXIII es una muestra de que cuando uno quiere, puede y que con entusiasmo se puede superar lo que se aprende en un aula.

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