La Provincia
Viernes 08 de Julio de 2016

A los 75 años recorre el mundo en bicicleta y pasó por Paraná

Con espíritu libre, el español Frederich Barnet comenzó su viaje hace cinco años. Sobre dos ruedas derriba fronteras y cultiva amistades

Frederic Barnet nació en Canet de Mar, a 43 kilómetros de Barcelona, en España, pero trabajó casi toda su vida como cocinero en Alemania. A sus 75 años recorre el mundo en bicicleta y ya lleva transitados más de 96.000 kilómetros en casi cinco años.

El miércoles, pasadas las 18, llegó a Paraná para descansar en el Complejo Túnel Subfluvial, y ayer después del mediodía siguió su ruta rumbo a Reconquista.

De camino había sufrido una caída en María Luisa, que se sumó a tantas otras en los años que lleva pedaleando: una camioneta lo encerró y como había barro se desplomó sobre el asfalto. "Me afeitó un poco la barba", dijo con humor a UNO, apenas recaló en la capital provincial, ignorando los dolores del porrazo.

Ya había pasado por Nogoyá y General Ramírez, donde se quedó un par de días esperando que la lluvia le dé una tregua. Allí la Dirección de Deportes de la Municipalidad le dio hospedaje y el grupo de Cicloturismo de la Asociación Roberto Breppe de esa localidad se encargó de poner a punto el vehículo de dos ruedas. Le hicieron un service completo a su vehículo, le cambiaron las cubiertas y el asiento, con el que llevaba transitados unos 45.000 kilómetros, para que vaya más cómodo. También se ocupó la gente de Ramírez Pedalea. No le cobraron un peso y además lo agasajaron con un asado de despedida. Tan distinto a lo que le pasó en Ushuaia, donde unos aprovechadores lo estafaron, cobrándole 5.000 pesos por repararle la bici.

En su memoria alberga miles de anécdotas, que fue cosechando a lo largo del camino desde que en 2011 decidió emprender esta aventura, tras superar un cáncer de estómago: "Cuando dejé de trabajar me aburría con los señores de mi edad, que se la pasaban contando que les dolía tal o cual parte del cuerpo. Competían por quién tenía más dolores", contó entre risas, y agregó: "Dije que yo así no quería terminar y le comenté a mi familia que a la semana siguiente iba a tomar la bicicleta para recorrer la Tierra, así podía aprender algo".

Frederic recordó que entonces sus hijos lo miraron incrédulos y que al día siguiente su esposa le manifestó su apoyo: "No me molesta que te vayas a recorrer el mundo. Me molestaría más tener un marido infeliz en casa", fueron sus palabras.

Su itinerario comenzó en Barcelona, el mismo día en que cumplió 70 años. Recorrió Europa y Oriente Medio en cuatro años. Al llegar a Armenia y querer pasar hacia Irán y Pakistán se topó con la guerra y la frontera cerrada. Fue entonces que tomó un vuelo a Florida y recaló en continente americano. Desde Alaska llegó hasta Ushuaia y rememoró: "Nunca planifico, solo me organizo cada día. Entré a Florida el 11 de julio de 2014 y llegué a Ushuaia por Navidad de 2015. Pasé por México, por Centroamérica, Colombia, Venezuela. Luego llegué a Manaos, en el Amazonas; recorrí el litoral brasileño y de Salvador fui a Brasilia y a otras ciudades, hasta llegar a la Argentina".

"Toda persona que nace en la Tierra tiene derecho a ella", asegura cuando explica su viaje, en el que pedalea unos 60 kilómetros diarios, alternando el descanso y la fiesta de los encuentros con quienes lo reciben en cada destino.

A veces detiene su andar en el camino cuando pasa por alguna escuela rural y se queda a darle una charla a los alumnos, que quizás toda su vida verán el mismo horizonte. De rodillas, para estar a la altura de los niños y poder mirarlos a los ojos, les cuenta sobre paisajes y culturas lejanas. La sorpresa hace crecer la mirada de los chicos y lejos de sentir que les enseña algo, Frederic siente que es él el que aprende.

Si bien en un principio se planteó culminar su viaje a los 80 años, afirma que ya no hay una fecha certera: "Va a durar el tiempo necesario. Llevo recorridos 63 países y me quedan 120 todavía. Tal vez me lleve 10 o 12 años más", señaló.

En breve nacerá su primer nieto y viajará a Europa a conocerlo, pero con la firme decisión de retornar a la Argentina para seguir pedaleando, sin un destino definido, sin las ataduras de la rutina, practicando la libertad con vehemencia: "La libertad es la base de la felicidad", aseguró por último, antes de subirse a la bici y volver a besarse con el viento, pedaleando contra cualquier obstáculo y disfrutando de la aventura de entregarse a las sorpresas que la vida le depare en el camino.


Testimonio de tantos caminos recorridos

Libertad, felicidad, sabiduría, son tres palabras constantes en el vocabulario de este peregrino, que no desistió de su sueño de recorrer el mundo ni siquiera en los momentos más difíciles, por ejemplo cuando en San Pablo, Brasil, lo asaltaron dos veces en un mismo día: la primera vez le robaron una cámara y la billetera, la segunda vez no le pudieron sacar nada, pero lo lastimaron mucho a golpes de puños y patadas. O cuando en Chile le sustrajeron la bicicleta mientras dormía y quedó a pie hasta que alguien lo socorrió. O cuando se cayó, cientos de veces y aún maltrecho volvió a subirse a la bici para derribar las falacias y los mitos que se tejen en torno a la edad, a las fronteras, a las formas de vivir que vinculan la riqueza a las posesiones materiales.

Siempre alegre, agradecido y dispuesto a compartir sus experiencias con aquellos con los que se cruza en el camino, va inspirando con su testimonio a más de uno que seguramente alguna vez soñó con hacer solo lo que dicta el corazón.

Entre su equipaje lleva siempre un cuaderno –ya lleva escritos 15– donde va describiendo sus vivencias y las personas con las que se encuentra van dejando también sus impresiones. Cuando su esposa y sus hijos lo visitan una o dos veces al año adonde él esté, se los llevan para leerlos.

Con los jugosos textos repletos de anécdotas, sensaciones, emociones e intercambios de experiencias, su mujer, que es profesora, y una amiga periodista van a redactar un libro. O mejor dicho, varios, ya que hay mucho por contar. El primero está en marcha y sin dudas sus páginas harán viajar también a quien lo lea.


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