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Biodanza, un camino de transformación

Estela Gariboglio dirige, junto a Víctor Beziner, la Escuela de Biodanza de Paraná. Tras la pandemia se refirió a cómo se sigue trabajando en la institución.

Domingo 17 de Abril de 2022

La biodanza es un sistema de integración afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de las funciones originarias de vida, basada en vivencias inducidas por la danza, la música, el canto y situaciones de encuentro en grupo.

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El antropólogo psicólogo y poeta Rolando Toro Araneda fue el creador del Sistema Biodanza, quien llevó su obra a todo el mundo, dejando claro su mensaje para la humanidad: el de cuidar la vida.

En Paraná existe desde 2006 la Escuela de Biodanza, la cual está vinculada a la Asociación de Directores de Escuelas de Biodanza de Argentina (Adeba), y federada a International Biodanza Federation (IBF).

De esta manera, el estatuto y reglamento es el mismo que rige para todas las escuelas de Biodanza de Argentina, así como el programa de estudios es único en el mundo, lo que brinda una cohesión y coherencia del movimiento biodanza, otorgando validez a nivel internacional, de los títulos entregados por cada Escuela de Formación Docente de los cinco continentes.

La Escuela de Biodanza En Paraná existe desde 2006 la Escuela de Biodanza, la cual está vinculada a la Asociación de Directores de Escuelas de Biodanza de Argentina (Adeba), y federada a International Biodanza Federation (IBF). De esta manera, el estatuto y reglamento es el mismo que rige para todas las escuelas de Biodanza de Argentina, así como el programa de estudios es único en el mundo, lo que brinda una cohesión y coherencia del movimiento biodanza, otorgando validez a nivel internacional, de los títulos entregados por cada Escuela de Formación Docente de los cinco continentes. La Escuela de Biodanza

Es un espacio de formación profesional y transformación personal donde siempre el campo de trabajo alquímico es gestado por quienes están presentes, facilitado por la organización de la Escuela.

Durante el transcurso del módulo de formación se pierde la noción del tiempo cronológico, entrando en un tiempo vertical que no se puede medir, desintoxicando la percepción de lo vertiginoso del cotidiano, un tiempo extra-ordinario; lo que abre las puertas de las infinitas posibilidades de la persona de encuentro consigo misma, con las otras y con la naturaleza de la cual somos parte.

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La metodología está pensada y organizada para que después de transitar caminos de sanación, la persona incorpore la metodología del sistema para llevar adelante grupos de biodanza y sostener procesos de transformación como así también descubrir su propia Maestría, en lo que se siente más segura, en lo que se siente brillar para dar lo mejor, nutriendo el contexto interno para enriquecerse y transmitir su verdad, sostenida por el espacio grupal y recuperando la confianza y fortaleza para ser.

La revista Tuya dialogó con su directora, Estela Gariboglio, quien junto a Víctor Beziner conducen dicha institución. En la oportunidad se refirió a la propuesta que se renueva año a año donde por un lado se desarrollan los grupos semanales, y por otro, el Programa de formación de facilitadores.

—¿Cuál es la propuesta de la Escuela, los grupos y la apuesta que se renueva año a año?

—Durante los tres años de formación se vive con mucha profundidad. Los dos primeros la persona hace un proceso de transformación personal encontrándose con el propio recurso para después acompañar personas en su trayecto de formación, de reencontrarse a sí misma, y el último año está abocado al desarrollo de las materias de metodologías. Allí la persona aprende a cómo dar una clase y a llevar un grupo. Lo que es bien importante es todo este tiempo porque si nosotros no tenemos despierto el potencial personal, es decir la maestría de cada persona, no sería tan efectivo. En este sentido, cada persona lleva el grupo con su sello personal pero la metodología central es la misma.

—¿Qué ocurre con los grupos semanales?

—Integrar los grupos semanales es requisito para estar en la Escuela porque la formación es de mucha profundidad, y moviliza toda la persona para que pueda haber transformación como un proceso de deconstrucción. En ese construirse nuevamente necesitamos el sostén afectivo del grupo durante el mes para volver integrados y hacer saludable al proceso. Pasa mucho que entramos en caos cuando nos desaprendemos y nos deconstruimos, y precisamos encontrar nuestra fuente genuina, que está contaminada por la cultura, la educación, por la represión que traemos de distintos espacios. Entonces precisamos una deconstrucción para que lo nuevo pueda emerger integrándolo en el afecto. Por ello la matriz afectiva del grupo es uno de los poderes bien marcados de biodanza. Sin grupo no se puede hacer biodanza.

—¿Qué nos podés comentar en relación a la asistencia de este año de las personas interesadas en la biodanza?

—Desde la Escuela estuvimos sosteniendo el espacio de forma on line en 2020. Los grupos semanales presenciales no se pudieron continuar, pero sí la parte teórica de la formación, y ahora que hemos vuelto a encontrarnos desde la presencialidad estamos avanzando con los recuperatorios de la parte vivencial, porque es muy difícil para la biodanza la virtualidad.

—¿Hay un cupo?

Depende de la gente que va llegando, recibimos hasta 30 personas y podemos llevar un proceso hermoso. Con 100 personas por ejemplo quizás no sería tan íntimo. En el proceso de autoevolución la persona toma su poder para crecer y evolucionar haciéndose responsable de los pasos que da, porque siempre sucede que se pone afuera el poder y en este caso la apuesta de la Escuela es que la persona se empodere y nosotros acompañamos con una influencia sutil para que la persona florezca, se abra y se expanda. La biodanza es un sistema de integración humana que potencia la expresión de la identidad. —Vienen trabajando desde hace 16 años, ¿no? —Sí, y ya hubo varias promociones que egresaron de la Escuela, por lo que hay muchos facilitadores. Es un trabajo maravilloso ya que cuanto más damos más recibimos. El facilitador en un grupo recibe en un mismo acto que da. —¿Qué mensaje sostienen de Rolando Toro? —El mensaje que Rolando Toro deja es el de cuidar la vida en todas sus expresiones, las aguas, la tierra, el universo completo y cuando cuidamos eso hacia afuera es porque estamos integrados nosotros también sabiendo que sin esos recursos no podemos cuidar la vida. Es todo uno afuera y adentro. La biodanza lo que trae es una metodología para reaprender y recordar lo que está en nuestras células.

—Desde 2006 a la fecha ¿cuántas personas se ha formado y han podido culminar?

—Aproximadamente 40 facilitadores y facilitadoras. Son grupo pequeños y a veces hay personas que hacen el primer tiempo y no culminan para formarse con la técnica de dar clases pero ha pasado mucha gente. Si bien es mejor que quien asiste termine la formación, hay veces que cuando no lo hace y no recibe el título sale con una transformación personal que hace que sea un referente biocéntrico. Rolando Toro decía que tenemos pavor de nuestra luz y no tanto de nuestra oscuridad porque estamos acostumbrados a vivir en la queja, la angustia y la carencia y cuando se nos presenta la oportunidad de vivir en la abundancia nos cuesta más.

—¿Hay requisitos para ingresar a los grupos?

—La persona no necesita tener experiencia de ningún tipo de baile ni de movimiento porque biodanza significa danza de la vida, podemos decir que la danza es el latido del corazón, el ritmo para caminar, y por ello no necesitamos experiencia previa. Primero tiene que pasar por el grupo y luego si quiere profundizar y entrar en la Escuela de formación tenemos una entrevista.

Escuela de Biodanza

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