Violencia policial
Domingo 22 de Abril de 2018

Puntos oscuros en la causa del joven baleado por un policía en Feliciano

Demoras insólitas, premio al violento, una prueba clave que habría sido adulterada y connivencia con sectores de la Justicia.

Pasaron nueve meses desde la tarde en que Ignacio recibió un disparo en el ojo, cuando el Grupo Especial de la Policía entró a la casa de su abuela en el barrio Estación de San José de Feliciano.

La celeridad que el actual Código Procesal Penal busca imprimirle a las causas, no se observó en este caso, que acumula numerosos aspectos extraños. La causa que investiga el hecho de violencia policial, a cargo de la fiscal Beatriz Garrahan, estuvo enrarecida desde el principio.

En las demoras para imputar al policía que le disparó al adolescente; en el tipo de acusación (Lesiones graves en exceso de legítima defensa de terceros); en la imputación a la víctima por Resistencia a la autoridad; en la confirmación de Garrahan como fiscal en la causa pese a ser tía de uno de los policías del procedimiento; en las extrañas valoraciones de algunas pruebas; en las dificultades para acceder a las pruebas por parte de la familia de la víctima; en el reciente ascenso del policía imputado, entre otros puntos. Desprotegido y baleado La historia de Ignacio cuenta una injusticia tras otra.


Nacido en un hogar humilde del postergado norte entrerriano, en la adolescencia se le fue de las manos a su madre con el consumo de drogas, y la adicción lo empujó a episodios violentos, como los que sucedieron en su casa cuando se decidió su internación a cargo del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf), el año pasado, y estuvo alojado en la Residencia Socioeducativa Evita de Feliciano.

El lunes 10 de julio sufrió una crisis por la que se decidió su traslado al hospital local, donde el personal no lo pudo contener y se escapó. El Copnaf llamó a la Policía y a la fiscal para avisarles. Un patrullero llegó hasta la casa de su abuela y encontró al joven en la vereda con un cuchillo, bajo los efectos de la crisis y la medicación que le habían dado. Su tía lo tranquilizó y entraron a la vivienda. A los 20 minutos regresó la fuerza policial con el Grupo Especial.

Solo debían reducir a un menor de un 1,50 metros de estatura y no más de 50 kilos. Tres uniformados con chalecos, escudos, cascos y armas entraron a la casa. El adolescente se alteró nuevamente y agarró un cuchillo, con el que habría intentado agredir a uno de los policías, momento en el cual otro efectivo le disparó y la bala de goma impactó en el ojo izquierdo del menor. Todo el episodio quedó registrado en el video filmado por una cámara colocada en el casco de uno de los policías.

La versión policial indicaba que el chico tenía de rehén a su abuela, lo que fue desmentido por la familia. Dijeron que el disparo había sido disuasivo, que el proyectil impactó en el marco de una puerta y luego en el ojo, lo que no se constata en el video. Una grave sospecha En otro punto clave del argumento policial, se sostuvo que el chico había intentado herir a uno de los policías y el cuchillo impactó en el chaleco antibalas.

Y aquí la gravedad de lo que habría ocurrido con esta prueba, según lo informado por fuentes judiciales de Paraná a UNO: el chaleco apareció con varios cortes, pero en el video no se observa que el cuchillo lo tocara. Es más, el sentido de los "cuchillazos" fueron horizontales y en el chaleco aparecen cortes verticales. Además, el cuchillo de cocina tipo Tramontina no tendría la capacidad para producir el corte observado en el chaleco. Si esto se confirma, se estaría ante la adulteración de una prueba para favorecer a los policías que actuaron en la vivienda.

Incluso, se indicó que uno de los uniformados que arribó a la vivienda y habría tenido que ver con esta confusa evidencia es un efectivo que fue trasladado desde Paraná por estar sospechado de connivencia con narcos. Condecoración en persona En este marco, la tardía imputación al policía Muñoz entiende que el mismo defendió a su compañero de un menor alterado y medicado, por eso le sacó el ojo de un balazo.


El otro efectivo es familiar de la fiscal, lo que valió un pleito judicial por la recusación a la funcionaria, que se volcó a favor de que Garrahan continúe a cargo de la causa, porque se trata de una atribución de la Procuración General de la provincia. Como corolario de este cúmulo de puntos oscuros en la causa, esta semana el policía imputado en la causa fue ascendido en la fuerza. Incluso se hizo un acto donde se observó a la fiscal felicitándolo en persona al momento de su condecoración. El llamativo episodio se pudo ver en el noticiero de la TV local.

"No hicieron nada, el caso sigue impune", dijo la madre

Ignacio perdió la visión del ojo izquierdo desde aquella tarde del 10 de julio del año pasado. Su madre, Roxana Ojeda, contó a UNO la dramática situación actual de su hijo: "Está con tratamiento psicológico, tiene un grave problema psiquiátrico por lo que le pasó. Está shockeado, tiene miedo, no puede salir a ningún lugar donde haya mucha gente".

Además de tener que sobrellevar este momento con su hijo en estas condiciones, la mujer está indignada con el accionar judicial: "Todavía no hay nada, realmente no hicieron nada, los policías siguen trabajando, todos los días los cruzamos en la calle, el caso sigue impune", lamentó.

Cuando se enteraron que el hombre que le disparó a su hijo fue ascendido, la decepción fue aún mayor: "Es un premio a lo que hizo, una persona con una causa ¿cómo puede recibir un ascenso a cabo?", expresó. Por último contó que Ignacio "va bien en su rehabilitación, y sigue el colegio".

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