Venta de drogas
Sábado 17 de Marzo de 2018

La pareja de entrerrianos vinculada al poderoso Comando Vermelho

Ella, una hacendada de Concordia; él, un administrador de campos de Crespo. Traficaban cocaína en Corrientes para Lima Borges

Hace poco más de cuatro años que están presos, pero todavía les falta unos 16 para recuperar la libertad. El año pasado fueron condenados, y en el juicio apenas cruzaron miradas. Lo que empezó una década atrás como una apasionada historia de amor, terminó en una película criminal: la relación comercial con el temible Comando Vermelho, uno de los dos carteles narco más poderosos de Brasil, y una condena histórica por la Justicia Federal.
María Hilda Calabrese nació hace 61 años en Concordia; Florentino Dante Niemiz creció en Crespo, cuando recién había sido bautizada Capital Nacional de la Avicultura. El destino los uniría mucho tiempo después en la provincia de Corrientes.
Ella se recibió de kinesióloga e instructora de yoga, pero nunca ejerció ya que vivió con los lujos de una familia hacendada con unas 7.400 hectáreas en los Esteros del Iberá. Él trabajó como comisionista y luego se dedicó a la administración de campos. En la actividad agropecuaria se conocieron y durante muchos años mantuvieron su relación oculta, hasta que María Hilda optó por Fiorito, como llaman a Niemiz, y se divorció de su marido, un veterinario padre de sus hijos.
Cuando cayeron detenidos, nadie lo podía creer. En noviembre de 2013, decenas de gendarmes en vehículos terrestres y helicópteros arribaron a las estancias Santa Úrsula y Santa María del Aguapey, propiedad de Calabrese, así como a viviendas de otros sospechosos en Corrientes y Misiones. Habían observado que en estos establecimientos, arrendados a un brasileño, había llamativos movimientos de aterrizajes de avionetas de banderas bolivianas y varios sujetos armados hasta los dientes.
Lo que se destapó fue que las estancias de Calabrese eran el centro de operaciones para el tráfico de cocaína a escala internacional. Y la mujer, como su pareja, cumplían su rol bajo las directivas del organizador de cada movimiento: Silvio Andre de Lima Borges, o también conocido con la identidad de Marino Divaldo Pinto de Brum, ni más ni menos que uno de los jefes del Comando Vermelho, la más grande organización criminal de Brasil dedicada principalmente al narcotráfico.
Según lo determinó la Justicia, la pareja de entrerrianos puso a disposición de Lima Borges sus estancias para el acopio unos 4.000 kilos de cocaína mensuales que llegaban desde Perú y Bolivia, para la posterior distribución hacia Rosario, Buenos Aires y el sur de Brasil.
Utilizaban aeronaves Cessna, como la robada en el aeródromo de Victoria el año pasado, hecho que reveló las conexiones de los ladrones con pesados personajes del narcotráfico en el norte argentino y países limítrofes.
Lima Borges eligió la Mesopotamia como la región para desplegar su empresa criminal multinacional, y trabajó con su mano derecha y testaferro, Carlos Elías Pacheco. Este correntino de 45 años organizó toda la actividad delictiva junto a Niemiz y Calabrese.
En la sentencia que los envió dos décadas a prisión, los jueces Víctor Alonso, Fermín Ceroleni y Lucrecia Rojas de Badaró, sostuvieron que Niemiz mantenía una relación sentimental con Calabrese, lo que permitió que en el año 2010 –una vez divorciada la mujer de su marido– su novio se hiciera cargo de la explotación del campo, pero ella nunca se desligó de la administración del mismo, ni delegó totalmente su poder en su pareja.
Por el contrario, la oriunda de Concordia siempre cumplió un rol preponderante, lo que suponía, no solo que se beneficiaba directamente con el producido de la actividad ilícita, sino que tenía el manejo de fondos, celebraba los contratos y mantenía activo contacto con el personal.
Calabrese "tenía el poder y los conocimientos suficientes para hablar con Pacheco y presentarse ante el brasileño Lima Borges por ser la dueña del campo. Puso a disposición de la asociación ilícita las estancias con la pista de aterrizaje, los galpones, las viviendas y otros anexos, e intervenía directamente en todos sus actos", sentenciaron los jueces.
"No solo se limitó a aportar el campo que había recibido en herencia de su padre como centro operativo de un sinnúmero de acciones ilícitas, entre ellas, el ingreso, acopio y comercialización de estupefacientes, sino que tenía el manejo del personal y de todas las operaciones que se realizaban", agregaron.
Una faceta que nadie imaginaba en una mujer de perfil bajo y gustos caros. Ahora se quedó no solo sin libertad hasta su ancianidad, sino que le decomisaron las miles de hectáreas.
Durante el juicio, Lima Borges permanecía prófugo. En agosto de 2017 fue apresado en Brasil y ahora deberá responder tanto ante la Justicia argentina como en la brasileña por varias causas.

Golpe penal y económico
Tanto Calabrese como Niemiz y Pacheco fueron condenados a 10 años de prisión. Le siguieron William Hurtado Suárez, Edison Álvez Dzwieleski y Gabriel Pirro Mori, como partícipes de la asociación ilícita, dedicados al transporte de la droga, a 16 años. Horacio Rubén Acosta y José Alberto Velazco recibieron 10 años de cárcel, mientras les impusieron ocho años a Carlos Alberto Pereira y Osvaldo Jorge Villán.
También se dispuso el decomiso de las de 7.400 hectáreas de campos de los establecimientos Santa Ursula y Santa María del Aguapey, cuatro aviones, una camioneta 4x4, dos motos, un cuatriciclo y equipamiento de transporte.
Estos bienes fueron destinados al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Subsecretaría de Lucha contra el Narcotráfico y al Ministerio de Seguridad de la Nación.

"Todo esto le pasó por amor", dijo un allegado a Calabrese

"Ella quedó enredada en todo esto por el amor, o pasión, que le tenía a su pareja Florentino Niemiz. Fue él quien le arrendó los campos de las estancias a un narco brasileño", contó una allegada a María Hilda Calabrese a un periodista del diario La Capital en 2017.
Quienes la conocen, la describen como una "mujer de alcurnia de gustos caros (joyas y cremas) que jamás lavó un plato o cocinó en su vida. Ella estudió Kinesiología en Corrientes, pero nunca ejerció. Siempre fue ama de casa y se ocupó de la crianza de sus hijos". Pero que sin embargo "supo tener una vida sin ostentaciones, un valor que le transmitió a sus cuatro hijos. Ellos viven en una ciudad chica (Santo Tomé no supera los 30.000 habitantes) y toda la familia se movía con un solo vehículo. Nadie en la localidad sentía que era gente que tenía mucha plata. A pesar de lo que tienen son gente de perfil bajo", advirtió un allegado.
"Los que la conocen a la única conclusión que llegan es que todo esto le pasó por amor. Se dejó llevar por el Fioro y terminó condenada por narcotráfico", dijo el hombre.

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