Policiales
Domingo 29 de Abril de 2018

Entre las pruebas y la historia de un joven transexual acusado de intento de homicidio

Joe Lemonge podría ir preso por balear en el cuello a un hombre. Él afirma que se defendió de un ataque de odio por su elección de género

Una causa por un hecho ocurrido en Santa Elena hace un año y medio trascendió el ámbito judicial esta semana tras el juicio a un joven transexual imputado de intento de homicidio a partir del relato del acusado sobre el contexto de violencia y discriminación por su elección de género. En el caso chocaron las dos versiones: la Fiscalía sostuvo que Joe Lemonge salió con un arma y le disparó al cuello a un hombre que insistía desde la calle que lo atendiera para comprar en su kiosco: pidieron ocho años de prisión. El defensor argumentó la legítima defensa por estar en su vivienda y ante el temor por las agresiones sufridas desde hacía mucho tiempo debido a su condición sexual. Las pruebas objetivas, los testimonios y la historia, un hecho, sus circunstancias y el contexto son analizados por la jueza Cristina Van Dembrouke, quien dictará sentencia el viernes 4 de mayo.
El 13 de octubre de 2016 a las 6.30 Juan Manuel Giménez llegó hasta la casa de Joe, en calle Tucumán del barrio Hipólito Yrigoyen de Santa Elena. Gritaba que lo atendiera para comprar en su kiosco. Minutos después, terminó con un balazo en el cuello. Lo que sucedió en ese breve lapso de tiempo, dónde precisamente ocurrió y porqué, fue el centro del pleito en el juicio.

"Esa noche era la última"
Joe habló con UNO y comenzó su relato desde tiempo atrás del hecho: "Había sufrido un raid de acciones violentas desde mayo de 2016 hasta ese fatídico día de octubre. Como lo digo y no me canso de repetirlo: no fue al voleo, no era una cuestión aislada. Esta persona (por Giménez) me conocía del barrio y ya desde años anteriores eran insultos o la típica burla cada vez que iba a un kiosco o al almacén. Luego en 2016 se incrementó, era todos los días, no podía ni siquiera sentarme en el patio con mis padres o salir solo o con una pareja. Siempre pasaban por el frente de mi casa a insultar, amenazarme y luego se incrementó a visitas en altas horas de la noche. Con un compañero y mi papá habíamos sacado a los empujones a dos de los agresores que habían ingresado a la casa".
De los episodios más graves no hay registro oficial, ya que no quedaba constancia de la actuación policial ni de denuncias, según contó Joe: "En una ocasión, unos sujetos atacaron directamente a mi mamá, un sábado a la mañana, le tiró con una botella y luego iban a la puerta a amenazarla. Mi mamá llamó a la Policía en cuatro ocasiones, de las cuales había solamente el registro de un oficial que había asistido pero no se dejó constancia en ningún lado, decían 'ya vamos a ver qué hacemos', 'ya los corrimos'. Pero no había nunca una denuncia formal porque no te daban la opción".
"A mis padres les habían robado animalitos que tenían en la parte del fondo de la casa que lindaba a un descampado, y esto era ya un abuso los meses anteriores de robos constantes. Después se incrementó tomándome de foco a mí, desde 'te voy a matar' a 'te voy a prender fuego la casa', lo que terminó siendo así. No me mataron pero prendieron fuego mi casa, perdí todo, por suerte no estuve adentro, la idea era terminar conmigo", recordó.
El motivo de estos ataques, contó Joe, era uno solo: "Primeramente por mi sexualidad, sabían todos en el pueblo que siempre fui abiertamente homosexual y luego era ya por el físico, decían 'es un macho viejo, hay que matarlo', insultos que estoy traumado y cansado de escuchar. Yo sabía, esa noche que vinieron, que era la última, decía 'esta noche no me salvo, algo va a pasar'". Y a continuación se refirió a ese episodio.
"Este sujeto (por Giménez) dice que yo salí y disparé, como si fuera porque sí. No fue así. Yo lo vi por la ventana, vi que estaba pateando la puerta, queriendo ingresar al patio, entra, me corta la mano y yo desesperado corrí. ¿Qué tenía que esperar? ¿Tenía que quedarme parado o acostarme en el suelo? Corrí y buscaba algo, un objeto contundente, agarrar un fierro o algo, yo tomé el arma pensando que era un fierro y todo el tiempo de la punta del caño, me podría haber disparado, no tenía noción de lo que tomaba en mis manos, que me temblaban todo el tiempo. Estos sujetos dijeron que habían estado tomando y drogándose desde las 9 de la noche ¿te parece que llegaban en son de paz?", preguntó.
Por último, Joe dijo: "El juicio fue muy horrible desde el día uno, ruego que la jueza note que fue todo un armado. El fiscal se basa en las declaraciones de los dos mejores amigos de Giménez. Hubo pruebas contundentes a mi favor. Por ahora estoy en libertad, pero el 4 de mayo es el fallo y tengo terror ¿qué podés esperar si te piden ocho años?".

Las pruebas y las versiones
El fiscal de La Paz, Santiago Alfieri, explicó a UNO los principales puntos de su hipótesis y los fundamentos de su pedido de pena.
"Es un caso que empezó a investigarse el 13 de octubre de 2016. Desde el primer día la víctima contó el mismo relato, desde el hospital de Santa Elena, en la entrevista en Fiscalía, hasta el juicio. Siempre contó lo mismo. Fue una situación de un muchacho que fue a comprar al kiosco de Joe. Habían ido (con dos amigos) a comprar en la madrugada, y fueron una vez más casi a las 7 de la mañana. Ante la negativa de Joe, Giménez insistió y como respuesta a golpear las palmas y silbar, salió Joe con el arma y dijo 'váyanse o les pego un tiro'. Al que insistió le pegó un tiro desde 1 metro 88 centímetros en el cuello. No se murió por fortuna, porque el proyectil atravesó el cuello y quedó en la escápula. No le tocó nada vital. Esto es una tentativa de homicidio básicamente porque no hay ningún tipo de agresión ilegítima suficiente y previa para explicar la conducta de Joe, quien tenía un arma calibre 22, que es un original aire comprimido reformado para disparar balas, dentro de su habitación donde atendía ese kiosco", dijo.
"No se pudo definir en la tesis defensiva si es violencia sobre una mujer o un caso de discriminación sobre una persona trans. En ningún momento de la investigación la defensa puso la discriminación como eje. Joe esbozó la situación del ataque en el interior de la casa. A nuestro criterio, durante toda la investigación y fundamentalmente en la reconstrucción el hecho, quedó claro que el disparo se efectuó donde dijo Giménez (en la calle). Lo que dijo la víctima en el hospital se corrobora un año y medio después en el juicio", afirmó el fiscal.
Hay dos pericias balísticas que sostuvieron su hipótesis: por un lado, que "la trayectoria del disparo es descendente, porque era más alto el terreno adentro de la casa que afuera"; y por otro, que "el arma no se dispara accidentalmente".
"Toda la defensa de Joe es solamente su versión, no hay ningún elemento objetivo que lo acompañe. Sin embargo, todas las pruebas objetivas corroboran la versión inicial de la víctima. Joe tuvo las posibilidades de hablar y fue escuchado tanto en la investigación como en el juicio, en los dos momentos nos permitió corroborar que no se ajustaba con los elementos objetivos, entonces empezó a hacer reajustes cada vez que se le hacía una pregunta por las pruebas objetivas", recordó Alfieri.
Sobre la versión de que Giménez entró por la fuerza al terreno de Joe, el fiscal refirió que "el portón no está forzado, tal como se ve en la foto, pese a que una testigo dijo que lo tumbó". Y sobre el lugar donde el muchacho recibe el disparo, mencionó: "Había goteo vertical de sangre en la vereda. En la casa no había ni una mancha de sangre", y agregó que "las lesiones en la mano de Joe no están comprobadas, no está aportado en el juicio. El médico policial dijo que tenía unos rayones en la mano izquierda, pero no podemos saber cómo se hicieron". Por último, sostuvo que no le cree al acusado sobre la confusión de lo que había agarrado para defenderse: "Dice que pensó que había agarrado un palo, cuando era un arma de dos kilos y medio".
En este marco, el fiscal se refirió al contexto y la historia del acusado: "En este caso surge la cuestión de la discriminación y con el relato de la madre de Joe, que contó que lo molestaban desde los 12 años y que también a ella y al padre lo molestaban, y que la sociedad entera de Santa Elena molestaba a Joe por su condición. Esa situación que es real, que es tan santalenenense como entrerriana y argentina, la necesidad de evolucionar a la tolerancia, la comprensión de que todos somos iguales, es una cuestión social. Eso no nos puede habilitar a salir a pegar tiros. La discriminación se planteó como una cuestión general, social, y fue efectivamente valorado por la Fiscalía como un punto de partida desventajoso a la hora de merituar la pena, se valoró como un atenuante". Y luego agregó: "Quedó claro, incluso por términos de la madre de Joe, que lo discriminaron, hasta en la casa, pero no fue la Fiscalía. Desde el Ministerio Público Fiscal se trabaja en todos los casos desde la perspectiva de género y desde el punto desventajoso del acusado".
Por último, Alfieri dijo que sobre el incendio de la casa de Joe, ocurrido luego de este hecho, hay una causa en trámite a cargo de otro fiscal.

Legítima defensa
Fernando Báez es el defensor público que tomó el caso de Joe 20 días antes del juicio, ya que el abogado particular que representaba al acusado había renunciado. Esto dificultó su tarea defensiva ya que no estuvo al momento de la admisión de pruebas para el debate, por lo que actuó con lo que ya estaba ofrecido.
En diálogo con UNO sintetizó la versión que sostuvo en sus alegatos. Por esto, pidió la absolución por Legítima defensa. "Joe vive en Santa Elena con su familia. Además de las discriminaciones y todos padeceres que debió pasar toda su vida por su orientación sexual, era permanentemente hostigado por un grupito integrado por la víctima, Juan Manuel Giménez. Pasaba por la casa y le gritaba 'gorda torta, a gente como vos hay que matarla, te voy a quemar la casa con vos adentro'. Esto se incrementó en 2016, le provocaban miedos, temores, no solo con la generalidad de la discriminación sino que era más concreto, una amenaza real. El hecho de vivir tan cerca, no sabía en qué momento iba a pasar del dicho al hecho".
"En ese marco se llega a esa noche. Joe estudiaba Inglés en Paraná y para paliar sus gastos había puesto un kiosquito muy humilde para tener un ingreso extra. Llega este hombre, empieza con silbidos y gritos, la despierta desde afuera. En la casa hay un alambrado y un portoncito, adelante un patio muy chico, y después la casa. Le dijo que quería comprar, y él le respondió que estaba durmiendo. Quedó probado en el curso del juicio oral, porque así lo reconocieron Giménez y otros dos más, que habían estado ocho horas antes tomando y drogándose a una cuadra de la casa de Joe, en otro kiosco, y a las 6.30 Giménez dice 'Vamos a lo de Joe'", contó el defensor.
En ese momento, comienza el conflicto, tal lo relatado por Báez: "Joe les dice 'no te puedo vender porque no tengo más. Giménez le responde 'vos no me querés vender, gorda trola'. Empezó a sacudir el portón hasta que lo abrió, siempre agresivo. Logró entrar, Joe salió a ese jardincito, lo quiso empujar para sacarlo, pero como llevaba en su mano derecha una especie de trincheta o algo por el estilo le lastimó la mano. Cuando retrocede, porque ve su mano con sangre, Joe entiende que la agresión venía muy pesada. Se mete en una parte de la casa donde su padre tenía cosas viejas y entre ellos saca, en la oscuridad, lo que creyó que era un fierro, pero resultó ser un rifle. Nunca llegó a tomarlo con las dos manos, la llevaba como un hierro, del caño. Cuando le quiso pegar para que se fuera, el arma se dispara, con tanta mala suerte que le pega en el cuello".
Sobre la presencia del arma cargada en ese lugar, el defensor explicó: "El padre tenía unas ovejitas atrás y siempre les robaban, por eso era habitual que saliera a ahuyentar con disparos al aire, ese era el objetivo de tener el arma cargada. Es muy común en Santa Elena que durante la noche sufran este robo de gallinas, corderitos, terneritos".
En su versión del episodio continuó: "Siente un ruido seco cuando sale el disparo, se da cuenta de que era un arma y la tira al piso. El hombre se agarra el cuello, se toca y se va. Busca ayuda a un remisero, lo carga en el auto y lo llevan al hospital. De ahí lo derivaron al San Martín (de Paraná) pero según el médico forense nunca estuvo en riesgo su vida".

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